PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 23, 2007

POLITICA
América Latina mantiene la apuesta

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Ya es habitual. El único modo de saber sobre la salud del mandatario cubano, Fidel Castro, secreto de estado en Cuba, es a través del presidente venezolano Hugo Chávez. Siempre, tras el "How are you, Fidel?", lo declara en franca recuperación.

Primero fue mediante la edición de breves vídeos de sus visitas al bunker habanero donde convalece Castro. Después, una conversación telefónica con su convaleciente amigo, durante su programa radial, ahora diario, "Aló, Presidente".

Chávez ha vuelto a dar noticias de Fidel Castro. Afirma que, luego del mitin anti-Bush en un stadium bonaerense y de su carrerita haitiana, el Comandante volvió a llamarlo, esta vez para felicitarlo por su gira y sus discursos geniales.

Chávez, por su parte, cual estrella del pop en el hit-parade, ya había proclamado por Tele Sur, "Aló, Presidente" y cuanto micrófono tuvo a su alcance, su triunfo en la competencia sobre su rival en la gira, el presidente norteamericano. Siempre modesto, Chávez declaró que era sólo una paja arrastrada por el torbellino revolucionario.

El presidente venezolano, convertido en el siempre optimista vocero de la presunta recuperación de Fidel Castro, indica los cada vez más estrechos vínculos entre los dos gobiernos.

Venezuela, además de ser su aliado político- estratégico en la región, es el mayor socio comercial de Cuba, seguido a cierta distancia por China. El petróleo que la isla obtiene de Venezuela ha sido vital para la precaria recuperación económica cubana.

Esta situación puede influir de forma decisiva en el esquema sucesorio en Cuba. Para un gobierno de Raúl Castro, a quien los analistas consideran inclinado hacia el modelo chino y el mejoramiento de las relaciones con los Estados Unidos, el impulsivo e irreflexivo Chávez, aunque económicamente necesario, pudiera resultar embarazoso en lo político.

La formación de una Cubazuela o Venecuba, pese a las mutuas necesidades y conveniencias, no pasa de ser una hipótesis bastante improbable. Las bufonadas de Chávez y la mentalidad de rancho con camisa roja parecen ser difíciles de asimilar por los orgullosos y experimentados generales cubanos.

No obstante, Venezuela es, en estos momentos, el único país latinoamericano con posibilidades y capacidad para influir en el futuro de Cuba.

El régimen cubano, más allá de idealizaciones nostálgicas, resulta muy difícil de explicar y justificar para los gobiernos de izquierda democráticamente electos de la región.

De hecho, algunos presidentes han sido insultados por el gobernante cubano por sus votos sobre las violaciones de los derechos humanos en Ginebra.

El mandatario mexicano Vicente Fox tuvo que enfrentar el chantaje del gobierno cubano. El caso de la doctora Hilda Molina, una científica cubana a quien las autoridades impiden viajar para reunirse con su familia en Buenos Aires, provocó fricciones diplomáticas con el gobierno del presidente Néstor Kishner.

Recientemente, el presidente de Costa Rica, Oscar, Arias recibió furibundos ataques por pronunciarse a favor de una transición pacífica hacia la democracia en Cuba.

Tradicionalmente, los vínculos con la revolución de Fidel Castro fueron utilizados por los gobiernos latinoamericanos como un instrumento de presión para obtener ventajas en sus relaciones con los Estados Unidos.

Una vez desaparecido Fidel Castro, y con un Hugo Chávez abogando por la integración latinoamericana, con la cartera rebosante de petrodólares y pese a todo, democráticamente electo, el régimen cubano, si no hace reformas políticas, pudiera ser un escollo para la izquierda democrática de la región.

Por ahora, cuando no de franco apoyo al régimen cubano, como en los casos de Venezuela y Bolivia, la postura latinoamericana hacia el cambio democrático en Cuba es, salvo contadas excepciones, tímida y retardataria.

La diplomacia cubana ha tenido éxito. Los gobiernos del continente, temerosos de enojar a las autoridades cubanas y para contentar a la izquierda radical de sus propios países, evitan pronunciarse sobre el tema de los derechos humanos en Cuba y no mantienen contactos con los disidentes y la emergente sociedad civil.

El antiamericanismo y la nostalgia romántica por un pasado revolucionario han maniatado la política latinoamericana hacia Cuba. La han dejado sin opciones ante un eventual cambio. América Latina, sin querer reparar en sus mataduras, sigue apostando por el mismo viejo y cansado caballo.

Hace unos años, pareció un galimatías cuando el excanciller mexicano Jorge Castañeda anunció la proximidad del fin del idilio con la revolución castrista y el advenimiento de relaciones normales y menos pasionales con la República de Cuba.

Fidel Castro, anciano, enfermo, con un impredecible Chávez en la cabecera y una ascendente marea de izquierdas democráticas en Latinoamérica, comienzan a darle la razón al anuncio de Castañeda.

luicino2004@yahoo.com


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