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CULTURA
Leer en Cuba
Luis Cino
LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) -
Manolo tuvo que renunciar a su placer favorito:
la lectura. Ama las obras de los autores españoles
de la Generación del 98 y a los novelistas
rusos del siglo XIX, pero ya apenas consigue libros
que le interesen. Sólo lee algún
que otro título que le presta algún
ex alumno o un amigo. No asiste a la Feria del
Libro de La Habana. No dispone de tiempo ni de
dinero suficiente. Tiene 68 años y es profesor
de literatura jubilado. El dinero de la pensión
apenas le alcanza para cubrir sus gastos.
Su caso es el mismo de millares de cubanos amantes
de la lectura que no pueden acceder a los libros
debido a los altos precios de los libros en relación
con los salarios y el costo de la vida en Cuba.
Durante los años 60 y 70 se creó
entre los cubanos una verdadera pasión
por la lectura. Primero la Imprenta Nacional de
Cuba y luego editoriales como Huracán,
Casa de las Américas, Cocuyo y Dragón,
pusieron en manos de los lectores títulos
importantes de la literatura mundial a precios
módicos y en ediciones rústicas.
A inicios de los 90, con la llegada del período
especial, la escasez de papel provocó que
las tiradas de libros fueran drásticamente
reducidas y varias editoriales desaparecieron.
Las anuales ferias del libro se convirtieron en
la única oportunidad de los cubanos para
adquirir libros, pero los lectores se quejan,
además de los precios, de la poca variedad
de los títulos y de la excesiva politización
de la oferta.
Según fuentes oficiales, este año
el libro más vendido fue 100 horas con
Fidel, una entrevista realizada por el periodista
hispano-francés Ignacio Ramonet, a Fidel
Castro, presentado en 13 tabloides contenidos
en un estuche.
Otro de los libros más vendidos fue Tinísima,
una novela de la escritora mexicana Elena Poniatowska
basada en la vida de la controvertida fotógrafa
y revolucionaria Tina Modotti.
Cada año la muchedumbre desborda el recinto
ferial de la vetusta fortaleza de La Cabaña
y muchos de los títulos se agotan rápidamente.
Según sus organizadores, este año,
la feria, antes de iniciar su periplo por 40 ciudades
del interior del país, sólo en la
capital vendió más de un millón
de ejemplares. Se calcula que asistieron más
de 600 000 personas. En 2006 se vendieron en el
país más de tres millones de libros.
"La mayoría de las personas van sólo
a mirar", afirma José Antonio, de
59 años, un asiduo a la Feria. "Es
como en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.
La gente se acuerda de las películas latinoamericanas
sólo cuando llega el festival; igual sucede
con la Feria del Libro. Sólo cuando llega
la feria muchas personas se acuerdan que los libros
existen. Pero por lo caros que son, no pueden
comprar todo lo que les interesa. Lo que más
se vende son los libros infantiles, que son los
más baratos."
Según una reciente encuesta de la revista
Bohemia, el hábito de la lectura ha disminuido
en el país: sólo el 31 por ciento
de los encuestados lee regularmente y un 8 por
ciento admitió que no lee nunca. El sondeo
indicó que los jóvenes menores de
30 años "leen bastante menos que el
resto de sus compatriotas".
Daniel, 23 años, estudiante de medicina,
lee regularmente y prefiere las novelas policiales.
"Hace días vi en una librería
de la calle Obispo un libro de Harry Potter, pero
me quedé con las ganas de comprarlo porque
era en divisas." A su novia de 21 años,
también estudiante universitaria, no le
gusta leer. Sólo libros de textos o alguna
que otra novela de Corín Tellado que "alquila
o compra de uso".
Los vendedores callejeros de libros usados son
otra de las fuentes más socorridas de los
cubanos para adquirir libros, incluso los más
difíciles: best sellers en ediciones extranjeras
y autores prohibidos como Cabrera Infante o Milan
Kundera. Sus precios, generalmente en divisas,
los hacen inaccesibles para muchos interesados.
Turistas extranjeros componen el público
mayoritario de estos libreros.
La lista de autores proscritos es amplia. Algunos
de ellos, como Orwell, Vargas Llosa y Solshenitzin
fueron publicados a inicios de los años
60, pero luego desaparecieron, junto a muchos
otros, de librerías y bibliotecas.
Armando, de 36 años, ha leído los
autores prohibidos gracias a las bibliotecas independientes.
"Por suerte, García Márquez
es amigo del régimen, si no, es probable
que nos hubiéramos quedado sin leer "Cien
Años de Soledad" o "El amor en
tiempos del cólera".
En todo el país funcionan, fuera del control
estatal, decenas de bibliotecas independientes
que son frecuentemente hostigadas y allanadas
por la policía política. Varios
bibliotecarios independientes, acusados por el
régimen de "mercenarios", fueron
encarcelados durante y después de la ola
represiva de la primavera de 2OO3.
Este año, en el discurso inaugural de la
Feria del Libro, el poeta César López,
represaliado en los 70 y hoy Premio Nacional de
Literatura, invocó en presencia del gobernante
interino Raúl Castro, los nombres de varios
autores exilados como "parte integral de
la cultura cubana de siempre". Todos difuntos.
Los que viven, siguen excluidos. Sus libros, furtivamente
introducidos en el país con destino a las
bibliotecas independientes, pasan de mano en mano
y son frecuentemente confiscados por la policía
política.
Luicino2004@yahoo.com
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