PRENSA INDEPENDIENTE
Marzo 21, 2007

CULTURA
Leer en Cuba

Luis Cino

LA HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - Manolo tuvo que renunciar a su placer favorito: la lectura. Ama las obras de los autores españoles de la Generación del 98 y a los novelistas rusos del siglo XIX, pero ya apenas consigue libros que le interesen. Sólo lee algún que otro título que le presta algún ex alumno o un amigo. No asiste a la Feria del Libro de La Habana. No dispone de tiempo ni de dinero suficiente. Tiene 68 años y es profesor de literatura jubilado. El dinero de la pensión apenas le alcanza para cubrir sus gastos.

Su caso es el mismo de millares de cubanos amantes de la lectura que no pueden acceder a los libros debido a los altos precios de los libros en relación con los salarios y el costo de la vida en Cuba.

Durante los años 60 y 70 se creó entre los cubanos una verdadera pasión por la lectura. Primero la Imprenta Nacional de Cuba y luego editoriales como Huracán, Casa de las Américas, Cocuyo y Dragón, pusieron en manos de los lectores títulos importantes de la literatura mundial a precios módicos y en ediciones rústicas.

A inicios de los 90, con la llegada del período especial, la escasez de papel provocó que las tiradas de libros fueran drásticamente reducidas y varias editoriales desaparecieron. Las anuales ferias del libro se convirtieron en la única oportunidad de los cubanos para adquirir libros, pero los lectores se quejan, además de los precios, de la poca variedad de los títulos y de la excesiva politización de la oferta.

Según fuentes oficiales, este año el libro más vendido fue 100 horas con Fidel, una entrevista realizada por el periodista hispano-francés Ignacio Ramonet, a Fidel Castro, presentado en 13 tabloides contenidos en un estuche.

Otro de los libros más vendidos fue Tinísima, una novela de la escritora mexicana Elena Poniatowska basada en la vida de la controvertida fotógrafa y revolucionaria Tina Modotti.

Cada año la muchedumbre desborda el recinto ferial de la vetusta fortaleza de La Cabaña y muchos de los títulos se agotan rápidamente.

Según sus organizadores, este año, la feria, antes de iniciar su periplo por 40 ciudades del interior del país, sólo en la capital vendió más de un millón de ejemplares. Se calcula que asistieron más de 600 000 personas. En 2006 se vendieron en el país más de tres millones de libros.

"La mayoría de las personas van sólo a mirar", afirma José Antonio, de 59 años, un asiduo a la Feria. "Es como en el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. La gente se acuerda de las películas latinoamericanas sólo cuando llega el festival; igual sucede con la Feria del Libro. Sólo cuando llega la feria muchas personas se acuerdan que los libros existen. Pero por lo caros que son, no pueden comprar todo lo que les interesa. Lo que más se vende son los libros infantiles, que son los más baratos."

Según una reciente encuesta de la revista Bohemia, el hábito de la lectura ha disminuido en el país: sólo el 31 por ciento de los encuestados lee regularmente y un 8 por ciento admitió que no lee nunca. El sondeo indicó que los jóvenes menores de 30 años "leen bastante menos que el resto de sus compatriotas".

Daniel, 23 años, estudiante de medicina, lee regularmente y prefiere las novelas policiales. "Hace días vi en una librería de la calle Obispo un libro de Harry Potter, pero me quedé con las ganas de comprarlo porque era en divisas." A su novia de 21 años, también estudiante universitaria, no le gusta leer. Sólo libros de textos o alguna que otra novela de Corín Tellado que "alquila o compra de uso".

Los vendedores callejeros de libros usados son otra de las fuentes más socorridas de los cubanos para adquirir libros, incluso los más difíciles: best sellers en ediciones extranjeras y autores prohibidos como Cabrera Infante o Milan Kundera. Sus precios, generalmente en divisas, los hacen inaccesibles para muchos interesados. Turistas extranjeros componen el público mayoritario de estos libreros.

La lista de autores proscritos es amplia. Algunos de ellos, como Orwell, Vargas Llosa y Solshenitzin fueron publicados a inicios de los años 60, pero luego desaparecieron, junto a muchos otros, de librerías y bibliotecas.

Armando, de 36 años, ha leído los autores prohibidos gracias a las bibliotecas independientes. "Por suerte, García Márquez es amigo del régimen, si no, es probable que nos hubiéramos quedado sin leer "Cien Años de Soledad" o "El amor en tiempos del cólera".

En todo el país funcionan, fuera del control estatal, decenas de bibliotecas independientes que son frecuentemente hostigadas y allanadas por la policía política. Varios bibliotecarios independientes, acusados por el régimen de "mercenarios", fueron encarcelados durante y después de la ola represiva de la primavera de 2OO3.

Este año, en el discurso inaugural de la Feria del Libro, el poeta César López, represaliado en los 70 y hoy Premio Nacional de Literatura, invocó en presencia del gobernante interino Raúl Castro, los nombres de varios autores exilados como "parte integral de la cultura cubana de siempre". Todos difuntos. Los que viven, siguen excluidos. Sus libros, furtivamente introducidos en el país con destino a las bibliotecas independientes, pasan de mano en mano y son frecuentemente confiscados por la policía política.

Luicino2004@yahoo.com


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