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INFORMAL
Las preocupaciones de Pedrito
Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión LA
HABANA, Cuba - Marzo (www.cubanet.org) - A Pedrito lo conocí cuando monté
en su auto. Este joven chofer se gana la vida trasladando pasajeros del sur de
La Habana hacia la zona costera norte de la ciudad. La demanda de transportación
está garantizada más por la falta de servicio público que
por los deseos de los pasajeros de gastar diez pesos en cada trayecto. Durante
el viaje que me condujo a mi destino, el diestro conductor se vio obligado a evadir
en dos ocasiones las patrullas de la policía plantadas en la transitada
calzada de 10 de octubre que comunica los populosos barrios y repartos del sur
de La Habana con la zona céntrica de la ciudad situada al norte. Los
desvíos ocasionaron que Pedrito, el chofer, nos transmitiera sus opiniones
sobre la actuación policial en las calles de la urbe capitalina. Comenzó
por argumentar en contra de la cantidad de multas injustificadas que tienen que
pagar los chóferes con el riesgo de perder su licencia de conducción
si sobrepasan los 36 puntos de penalización. Puso como ejemplo
la multa que le impuso un agente vestido de civil que guiaba un auto sin chapa
de la policía que se le atravesó delante del suyo y Pedrito, como
respuesta, le hizo un gesto con la mano. El policía detuvo su carro y luego
de identificarse como un agente del orden procedió a imponerle la multa
por falta de atención en la conducción. Al pedirle una explicación
acerca de la medida en su contra, obtuvo como respuesta del policía que
era porque le daba la gana. Evidentemente, Pedrito reclamó ante la injusticia
y le fue suprimida esa multa. A partir de este punto, expresó que
la policía lo que hace es combatir a quienes tratan de ganarse la vida
sin robar, mientras a los ladrones que arrancan cadenas y bolsos a las mujeres
en la calle pocas veces sufren una represión efectiva. Dijo preocuparle
mucho la situación del aumento de la delincuencia que sufre la población
habanera, sobre todo en las zonas suburbanas en horas nocturnas, cuando escasea
notoriamente la presencia policial. Además, precisó que en las ocasiones
que los policías realizan operativos nocturnos, se dedican a registrar
a cuanto transeúnte camina con una jaba o un paquete en la mano, y son
incapaces de detectar a quienes acechan a sus víctimas en cualquier zona
con iluminación deficiente. Enriqueció sus argumentos con
el ejemplo de la represión que sufren los viejitos que venden productos
como golosinas o paquetes de café para ganarse unos pesos con el fin de
incrementar en algo sus magras pensiones de retiro. Solamente le faltó
expresar una solución a la situación descrita por él en su
conversación. Muy pocas personas que explayan sus argumentos de tal forma
añaden como colofón una solución al asunto. Ellos saben lo
que desean cambiar, pero aún no saben cómo hacerlo.
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