|
ECONOMIA
INFORMAL
Marcada diferencia
Alejandro Tur Valladares, Jagua Press.
CIENFUEGOS, Cuba - Marzo ( www.cubanet.org)
- Fila extensa, mostrador sucio y lleno de moscas,
dependienta mal humorada, refresco desabrido,
hamburguesa ácida, mala ambientación
del local; he ahí el cuadro desolador que
mostraba el merendero Venecia, ubicado en la avenida
cienfueguera San Fernando, justo al centro del
Boulevard.
Contrastando con lo descrito, a dos cuadras del
lugar se encuentra una vivienda cuya sala ha sido
reacondicionada para que en su espacio funcione
un pequeño restaurante familiar, llamado
popularmente "paladar".
Cuatro mesas arropadas en manteles de blancura
impecable, cubiertos relucientes descansando sobre
una servilleta, un hermoso jarrón con flores
frescas justo al centro del mueble, un bar construido
artesanalmente con arte e imaginación,
un decorado sobrio que invita a la permanencia
y, lo más importante, un personal que se
deshace en gestos y actos para que el cliente
se sienta satisfecho.
Como se puede apreciar existe una marcada diferencia
entre ambos establecimientos dada en lo fundamental
en la higiene, la facilidad para acceder al servicio,
el trato cortes del personal, la ambientación
y la forma de propiedad.
Recuerdo cuando niño haber escuchado decir
a mi padre, Contador principal por aquella época
de la Empresa Provincial de Porcino de Cienfuegos,
que la situación existente en el sector
de los servicios en Cuba sólo se solucionarían
cuando fueran privatizados. Algunas décadas
después China comunista, a través
de su apertura económica, le daría
la razón.
La liberalización económica ha permitido
que China haya erradicado las hambrunas que en
el pasado eran frecuentes, además de darle
al pueblo mejores estándares de vida y
llevar tanto a su mercado interno como externo
productos de primera calidad, imposibles de concebir
en la era de ineficiencia, improductividad y carestía
establecida por la economía planificada.
Gracias a la privatización la economía
China se ha colocado a la vanguardia mundial,
junto a las naciones más poderosas del
orbe como Estados Unidos, Japón, Alemania.
Quien visitó en el pasado al gigante asiático
y lo visita hoy, se asombra de los cambios que
se han operado. Los signos de estos tiempos parecen
estar representados por el buen gusto, la belleza,
la sofisticación, la magnificencia y la
creatividad, presentes en todos los aspectos de
la vida económica de estas naciones.
Durante la década de los 90 del pasado
siglo en Cuba se ensayó algo parecido.
El experimento no pasó de ser un esbozo
tímido y vacilante de apertura económica,
ejecutada a regañadientes por la dirigencia
comunista, dada la necesidad que tenía
de hacer cambios urgentes en su modelo, con vistas
a atenuar las réplicas sísmicas
provocadas por el derrumbe del socialismo en Europa
del Este.
Fue así que se concedió el derecho
de nacer a pequeñas empresas familiares
como las paladares, las pacerías, y un
sinfín de micro-establecimientos para la
venta de productos artesanales.
En poco tiempo la inventiva privada dio muestras
de su potencial. Tan exitosa fue la gestión
que asustó tremendamente al estado que,
temeroso de perder el control exclusivo que poseía
sobre la riqueza social, giró sobre sus
talones y comenzó a desandar el camino
recorrido.
Apenas el país dio signos de leve recuperación,
se comenzó una campaña encaminada
a desmontar los pequeños gérmenes
de libre empresa que sobrevivían a la desleal
competencia que les había impuesto el estado,
eliminando con ello las esperanzas que tenía
el pueblo de acceder a mejores servicios y a productos
de calidad.
En el presente se puede constatar que han vuelto
los viejos tiempos en los que la política
interfería de manera nociva en la vida
económica de la nación. Hemos regresado
a la etapa de maltrato al cliente, de menús
en blanco, de mal gusto, de apatía, de
indiferencia; etapa que creíamos acabada
pero que para nuestro dolor ha regresado.
|