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POLITICA
Del
lobo un pelo
Oscar Mario González
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - En
la presente etapa de gobierno interino y sucesión
familiar parece que nada ha cambiado y que todo
marcha al habitual ritmo cangrejero del socialismo
criollo.
No obstante, hay un aspecto, que si bien no acusa
un cambio conceptual, representa una disminución
de intensidad. Me refiero a la incesante consigna
bullanguera y a la matraca de la pachanga propagandística;
se siente, en fin, una disminución en el
nivel e intensidad del ruido y el chirrido revolucionarios.
Desde la enfermedad del Comandante -hace once
meses- el televidente ha podido disfrutar del
serial brasileño que comienza a las 8 y
30 de la noche, luego del noticiero nacional.
Para muchos cubanos estas telenovelas son una
de las pocas cosas que se pueden ver en la pantalla
chica. La que exhiben actualmente, Cabocla, es
muy refrescante. Casi todos sus personajes están
"enamoraos", y hasta bien correspondidos,
por lo que hay buen derroche del sentimiento amoroso
en cada capítulo, y esto, luego de medio
siglo de ponzoña marxista, resulta beneficioso.
Y es que desde 1999 el cubano se ha visto sometido
a un bombardeo propagandístico como nunca
antes. Ni aún en los primeros años,
cuando la "palucha" ideológica
y el lavado de cerebros eran el pan de cada día,
los altavoces del régimen habían
estado tan activos. Todo ello a raíz de
los sucesos relacionados con el niño balsero
Ellán González, que dieron lugar
a la "batalla de ideas".
Y la "batalla de ideas" ha convertido
a la nación en un inmenso campo de batalla
con una tropa de más de más de 11
millones de seres humanos exhaustos y desangrados;
con los tímpanos de la resistencia muy
dañados luego de un intermitente toque
de corneta que llama a rebato.
Ahora son menos los convocados a desfilar en
la plaza para patentizar que la gente quiere que
siga el comunismo dirigido por el abuelito de
la nación, o el tío abuelo de la
república socialista.
Los trabajos voluntarios de la cuadra convocados
por los comités de Defensa de la Revolución
son poco frecuentes, y la guardia nocturna está
lejos de sus buenos tiempos. Esta tendencia no
es nueva, pero sí bien perceptible en la
actualidad.
A la gente dañina del barrio, entre ellos
los chivatos, rompecabezas y quiebrahuesos, se
les nota más callados, y algunos lucen
señas de inquietud, como esos oseznos,
lagartijas y liebrecillas del bosque cuando el
tiempo barrunta tormenta. Ello no es muy evidente
a ojos vista, pero con un poco de olfato se puede
captar.
En fin, la Cuba actual se debate entre un pasado
que no acaba de irse y un futuro que no termina
de hacer presencia. La gente se mueve por la inercia
de una costumbre cincuentenaria. El de la pizzería
sigue robando las dos libras de queso que vende
al taxista, que lleva a los hijos del bodeguero
al zoológico para que se rían de
los monos. Por último, el bodeguero vende
dos libras de leche en polvo al dependiente de
la pizzería por los dos chavitos que obtuvo
de la venta del queso. Y así se cierra
un círculo de letanía donde todo
sigue moviéndose con rutina pendular, mientras
el borracho, parado en la esquina, se deleita
mirándole las pantorrillas a la mujer del
coronel.
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