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SOCIEDAD
Incierto destino el de Yanelis
Yoel Espinosa Medrano, Cubanacán Press
SANTA CLARA, junio (www.cubanet.org) - Las lluvias
llegaron a la isla a mediados de mayo, como anillo
al dedo para algunos, luego de una agotadora sequía.
Otros veían que el cielo se le unía
con la tierra presagiando el derrumbe de sus deterioradas
viviendas.
Muchas casas del interior del país, con
techos de tejas y paredes de ladrillo o madera,
como las ubicadas en los municipios Sagua la Grande,
Caibarién, Corralillo y Quemado de Güines,
en la provincia Villa Clara, sufrieron más
que en el resto del país los embates de
las lluvias primaverales.
La situación habitacional en Cuba es crítica
debido al deterioro acumulado durante años
por falta de mantenimiento a las viviendas. Muchas
familias viven hacinadas.
Yanelis Pérez, una joven embarazada, madre
de dos niñas, residente en Caibarién,
a orillas del mar, tomó una decisión
que transformó su vida de la noche a la
mañana.
Pensó que su pequeño cuarto de
madera no resistiría los embates de la
lluvia. Sus hijas dormían tapadas con un
nylon para protegerlas del agua que goteaba del
techo. Yanelis no aguantó más y
ocupó una vivienda deshabitada, propiedad
de una familia que había abandonado ilegalmente
el país.
La vivienda se encuentra en la calle primera
número 10, del reparto Aeropuerto. Todo
iba bien para Yanelis en su nuevo hogar pintado
de azul y blanco, con paredes de mampostería,
una parte del techo con placa y otra de fibrocemento,
portal, sala, comedor, cocina y dos cuartos grandes
con un baño intercalado, hasta que el 30
de mayo, Norberto Tamayo, director de viviendas
del municipio, acompañado de Diosdado Cabello,
vicepresidente del Poder Popular, y otros funcionarios,
se presentaron en el domicilio y le ordenaron
que abandonara inmediatamente la casa o sería
desalojada a la fuerza.
El 18 de junio, mientras limpiaba la vivienda,
llegaron una ambulancia, un carro patrullero y
dos autos Lada (uno con matrícula militar
y el otro con chapa estatal), de donde descendieron
varios funcionarios que la instaron a abandonar
la morada, de lo contrario apelarían al
desalojo por la fuerza.
El cuarto donde Yanelis residía antes
de ocupar la casa abandonada no resistió
las lluvias y se vino abajo y ella no tenía
otro sitio donde vivir de manera temporal o permanente.
Pensó en sus pequeñas Rosmery, de
tres años, con otitis crónica y
reuma, y en Emmy Nataly, de dos, asmática.
-Yo no tengo a donde ir -dijo a los funcionarios.
Un militar le respondió:
-Eso no es asunto nuestro.
-Sólo salgo de aquí -respondió-
si me dan un lugar donde pueda estar con mis hijas.
Los vecinos se aglomeraron alrededor de la casa.
Un policía intentó agarrar a Yanelis,
pero esta se rehusó. Otro la sujetó
y la esposaron. Los vecinos gritaban: "¡Abusadores,
es una mujer y esta embarazada!". A la fuerza,
la introdujeron en el auto patrullero.
De la ambulancia bajó una doctora y se
hizo cargo de las niñas. Yanelis fue conducida
a la estación de la policía de Caibarién,
mientras la casa era desalojada.
En la estación, Yanelis fue multada con
60 pesos por desacato a la autoridad y desorden
público, y le advirtieron que iría
a la cárcel si reincidía.
Yanelis y sus hijas viven ahora con unos familiares
de Caibarién que la han dado albergue.
La casa que habitó durante una corta temporada
está custodiada día y noche por
un representante de la empresa de viviendas, para
impedir que alguien, necesitado como Yanelis,
vuelva a ocuparla.
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