|
ECONOMIA
INFORMAL
La
libertad económica en Cuba
Eduardo Torres / PCRO
SANTIAGO DE CUBA, junio (www.cubanet.org) -
En la década de los noventa se pregonaba
a bombo y platillos que en Cuba se estaba produciendo
una apertura para ajustar su economía en
virtud de los cambios que en el mundo se sucedían,
debido a la desaparición de la Unión
Soviética y el campo socialista de Europa
del Este.
A medidos de 1994 se permitieron algunas actividades
económicas, restringidas desde el comienzo
de la revolución, y que se fundamentaban
en la iniciativa privada. Este movimiento de pequeños
comerciantes independientes se bautizó
como "cuentapropismo". La falta de experiencia,
la ausencia de una figura jurídica independiente
que la regulara y de una estructura organizacional
que la representara, dejó sin amparo legal
a esta endeble estructura empresarial privada.
No se tuvieron en cuenta las garantías
legales, los proveedores de materias primas e
insumos, incluyendo equipos y herramientas, que
dejaron a estos pequeños negocios dependientes
del mercado negro, tolerado, y al mismo tiempo
vigilado para ajustarle cuenta en el momento adecuado.
Otra alternativa era comprar algunos productos
en las tiendas en divisas, pero sus altos precios
no permiten una comercialización estable.
Esto, y las altas tasas impositivas han sido la
causa principal del languidecimiento de aquella
pálida apertura económica.
En febrero de 2007 leí en El Nuevo Herald
un artículo del columnista Adolfo Rivero
Caro, titulado "La libertad económica
en el mundo", y para mi sorpresa, Cuba ocupa
el lugar 156, reservándose el último
para Corea del Norte.
Un análisis de los últimos meses
del año 2006 y de los cinco primeros meses
de 2007 califican este período como uno
de los de mayor represión económica.
Un contingente de inspectores invadió el
municipio Songo-La Maya, donde se multaban a los
productores por la causa más trivial: posesión
de plantas de plátanos con hojas secas,
arar con yuntas de bueyes que no fueran de su
propiedad o contratar fuerza de trabajo. También
se han cerrado todos los puntos de venta de productos
agropecuarios que procedían de la agricultura
urbana.
En lo que va de año se ha implementado
un plan para imponer severas multas hasta de mil
200 pesos a las pequeñas empresas familiares
que desarrollan prácticamente una economía
de subsistencia.
El pasado 30 de mayo, a Giovanni Lao Delís,
reparador de bisuterías, le impusieron
una multa por vender bolígrafos, palitos
de tendederas y estropajos, artículos considerados
fuera del contenido de su licencia. Se negó
a firmar la multa, y fue arrestado e instruido
de cargos.
Es muy fácil enjuiciar a un carpintero
o a cualquier cuentapropista por la simple razón
de que no puede justificar los insumos que necesita
para desarrollar su actividad. Luego de la multa,
generalmente les retiran la licencia.
Los gobernantes no van a correr los riesgos
de una apertura económica verdadera. Los
que esperaban que con Raúl las cosas cambiarían
ya se habrán desencantado.
|