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ECONOMIA
La alimentación de los cubanos
Tania Díaz Castro
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - La alimentación
de los cubanos empeoró a partir del "período
especial". A principios de los años
noventa, el comandante expresó "Si
me dijeran que el período especial va a
durar diez años o incluso toda la vida,
yo contestaría: ¿y qué importa?".
Tanto se ha agravado el problema de la alimentación
que no es un secreto para nadie el hecho de que
son muchos los niños que nacen bajos de
peso. El médico recomienda en estos casos
ingerir alimentos ricos en ácido fólico,
como el hígado de res, frutas, vegetales,
etc. El hígado de búfalo se vende
a tres pesos convertibles el kilogramo, un precio
prohibitivo para el hombre de a pie. Las frutas
y los vegetales también son caros y de
mala calidad.
Los trastornos cerebrales en los nacidos durante
el llamado "periodo especial", causados
por el déficit de ácido fólico,
no se divulgan en la prensa nacional. Tampoco
se conocen las estadísticas de los partos
prematuros y la baja talla de los niños,
trastornos ocasionados también por la falta
de una alimentación adecuada.
La única opción de carne para la
mujer trabajadora en estado de gestación
es la de cerdo, que es la que más se produce
en Cuba. Se vende en moneda nacional y no precisamente
a precios bajos pese a que la ganadería
porcina se ha reanimado y la producción
actual se ha duplicado, según datos oficiales.
La carne de cerdo se vende a cuarenta pesos la
libra.
Según informes de la FAO, el 19 por ciento
de la población cubana está subalimentada,
en comparación con el 3 por ciento de principios
de la década del noventa. Tampoco es un
secreto para nadie que la desnutrición
provoca epidemias, como la poli neuropatía
y la tuberculosis.
Estamos, no hay dudas, ante el mayor fracaso
del socialismo, y aunque el gobierno conserva
bajo su control el 75% de las tierras cultivables,
la situación alimentaria es cada vez más
crítica. Las frutas, a pesar de nuestro
clima tropical, representan un lujo en la mesa
de un cubano, así como los vegetales frescos
y las hortalizas.
En la calle sólo se vende pan con cerdo,
y la libreta de abastecimiento, implantada "temporalmente"
en 1962 se ha prolongado durante décadas,
para terminar ofreciendo al pueblo humillantes
migajas.
Preocuparnos por si la especie humana podría
desaparecer o no en el plazo de unos doscientos
cincuenta años no es tan importante como
hacerlo por las cercanas generaciones futuras.
Nos encontramos casi al borde del abismo.
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