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Un curioso concepto de la igualdad
Alejandro Gómez, El
Nuevo Herald, 24 de junio de 2007.
Cuba condicionó el viernes su diálogo
con la Unión Europea al levantamiento de
las sanciones diplomáticas, suspendidas
desde el 2005. Un comunicado de la cancillería,
a cargo del intelectual de izquierda Felipe Pérez
Roque, dice que ''es a Europa a quien lo toca
rectificar'' y agrega que ``sólo será
posible el diálogo entre soberanos e iguales''.
Alguien debería dar a los líderes
cubanos algunas lecciones de economía y
política. Porque no se entiende bien qué
es la igualdad entre un país destruido,
donde la gente sobrevive, y mal, con una libreta
de racionamiento, y uno de los bloques más
poderosos del mundo, como es la Unión Europea.
¿En qué son iguales un sistema
basado en la represión y el presidio, donde
el único atisbo de libertad está
en el estrecho de la Florida, y países
pluralistas, democráticos, sin persecuciones
políticas?
Por muchas y muy buenas que sean las inversiones
europeas en Cuba, no son tan significativas como
para tirar por la borda los valores que a Occidente
le costaron siglos de sangre y lucha.
Lo importante en esto no es la cerril posición
cubana, mantenida durante casi medio siglo a costa
del hambre de la mayoría y el lujo de una
minoría exigua. El análisis debe
ser dirigido a la Unión Europea, que escucha
sin inmutarse afirmar que ``tiene una posición
de persistente y humillante subordinación
a los Estados Unidos''.
De renuncia en renuncia Europa asimila la impotencia.
No puede aportar soluciones a la hoguera del Irak
y el Medio Oriente, no incide en las ya crónicas
matanzas que se producen en Africa, no sabe cómo
enfrentar la inmigración que golpea a sus
puertas.
No es esta, obviamente, la Europa unida que pensaron
Adenauer y De Gaulle, dos grandes que veían
los problemas en la lejanía.
Lo que sucede en Cuba es tan escandaloso y criminal
que ya no necesita ni veedores, sobran los testimonios
que llegan de la isla cotidianamente. Si alguien
quiere mirar hacia otro lado para seguir haciendo
negocios miserables, no en lo económico
sino porque están basados en la miseria
de la mayoría, es cosa suya.
El silencio sobre Cuba y la soledad de los cubanos
quedará como una de las grandes ignominias
de nuestro tiempo. Europa, América Latina,
la jerarquía católica entre otros
elementos importantes han elegido el silencio
y la complacencia por motivos inexplicables.
El gurú de La Habana y el teniente coronel
bolivariano y primer socialista del siglo XXI
continúan lanzando insultos y amenazas
a diestra y siniestra, cortando libertades y persiguiendo
opositores, mientras disfrutan del silencio generalizado
y el flujo de dólares del malvado imperio
que siguen comprando petróleo en Venezuela.
Ya no hay antiamericanismo que justifique estas
actitudes, tan parecidas a aquellas que pretendían
no provocar la ira de Hitler y que terminaron
como todos sabemos.
La Unión Europea tiene el suficiente poder
y conocimiento acumulado para jugar un papel en
el mundo. Es urgente que lo haga, por ella misma
y por los demás.
agomez@elnuevoherald.com
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