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POLITICA
Telefonazos, petrodólares y continuismo
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Se dice
que el general Raúl Castro es un adicto
a las sombras. No le gusta el protagonismo. Prefiere
el cuartel y las oficinas. Sale a la palestra
cuando es inevitable. Pronto cumplirá un
año en la presidencia de la república
por mandato del hermano. El hombre que, pese a
su precaria salud, conserva el instinto y la voluntad
de continuar amasando el poder absoluto. Fidel
Castro tiene la última palabra. Desde la
cama proyecta su omnipotencia.
Le basta el teléfono, un reducido grupo
de colaboradores que satisfacen su hambre informativa
con un cartapacio de cables noticiosos, un televisor
ampliamente surtido de programaciones mundiales,
incluida la de CNN en español y el servicio
de Internet reflejado las 24 horas del día
en la pantalla de una laptop.
Es suficiente para agregarle tramos a su patronato.
Un sitio donde ha colocado a Cuba. ¿Un
país? ¿Una plantación feudal?
¿El manicomio donde el miedo cobra dimensiones
delirantes? ¿Un ensayo de república
con el caos batiendo con fuerza de huracán?
Es difícil dar una opinión exacta,
pero hay algo insoslayable. En la mayor de las
Antillas se vive en las antípodas. La población,
mayoritariamente, convierte el descontento en
un rumor que pocas veces se define. Elige en votación
unánime el mercado negro. Practica la dramaturgia
con sublimidad. Lo hace tan bien como Robert Redford.
Comprende que para sobrevivir a la pobreza y a
los fantasmas de la cárcel es imprescindible
tener alma de histrión. El cubano es experto
en azares y causas inherentes al equilibrismo.
Esa categoría que impone por decreto el
Partido Comunista con sus restricciones, racionamientos
y manías que dibujan en el imaginario popular
la desesperación y el anhelo de una fuga
a cualquier precio.
Las carencias no se han suplido. El equipo que
gobierna provisionalmente, parece que ejercita
al dedillo lo consagrado en un guión ajeno
a la originalidad. No va más allá
de un team de supervisores que comprueban sobre
el terreno las políticas de siempre. Hacen
gala de mando, insinúan rectificaciones,
prometen soluciones a corto plazo en cuanto a
transporte, alimentación y otras áreas
donde el desastre es nítido como el sol
del mediodía.
A casi un año del traspaso, nada relevante,
nada que desate el nudo de la incertidumbre. Más
dudas, igual penuria, menos confianza en los herederos
del trono.
Esa es la tónica en comentarios y aproximaciones
a una realidad que pone en ridículo el
mensaje seductor de la propaganda. La misma de
los sobre cumplimientos, la tranquilidad social,
los progresos en la batalla de ideas. Todo a imagen
y semejanza de quienes conducen al país
al despeñadero.
A fuerza de publicidad se acaba el fastidio de
las precariedades que azotan a decenas de miles
de familias a toda hora. Según los propagandistas,
el país está de maravillas, el PIB
en ascenso, la aprobación de la ciudadanía
a la gestión gubernamental en su mejor
momento.
Poco se puede esperar de una dictadura que incluso
recurre a la insolente decisión de anunciar
dos presidentes. Hugo Chávez fue el designado.
Cuenta con el aval de su mentor, ahora disminuido
por la edad y un accidente de salud que lo obliga
al reposo.
No creo que el nombramiento sea un mero ejercicio
retórico. En menos de un año Chávez
ha estado cinco veces en Cuba. Además es
el único que se atreve a dar los partes
médico del atribulado.
Por último el inquilino del Palacio de
Miraflores prepara una Confederación de
Estados Bolivarianos, donde seguramente será
el principal gestor y administrador. Cuba, Nicaragua,
Bolivia y Venezuela son los participantes en este
nuevo arranque de locura.
Da la impresión que Raúl Castro
es el que menos gobierna en Cuba. El verdadero
poder radica en el teléfono del Comandante
y en los petrodólares de Chávez.
Entre los dos pueden arruinarle la sucesión
y sembrarle el camino de piedras. La alianza con
Irán y otros países parias amenaza
con restarle créditos al actual jefe del
ejército cubano y presidente ¿temporal?
. El mesianismo es una valla demasiado alta.
Lo peor es que los potenciales accidentados no
son sus promotores, sino los pueblos obligados
a callar por el terror o, en cambio, sometidos
a la hipnosis por medio de una combinación
de carisma y patriotería.
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