PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 22, 2007

POLITICA
Telefonazos, petrodólares y continuismo

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Se dice que el general Raúl Castro es un adicto a las sombras. No le gusta el protagonismo. Prefiere el cuartel y las oficinas. Sale a la palestra cuando es inevitable. Pronto cumplirá un año en la presidencia de la república por mandato del hermano. El hombre que, pese a su precaria salud, conserva el instinto y la voluntad de continuar amasando el poder absoluto. Fidel Castro tiene la última palabra. Desde la cama proyecta su omnipotencia.

Le basta el teléfono, un reducido grupo de colaboradores que satisfacen su hambre informativa con un cartapacio de cables noticiosos, un televisor ampliamente surtido de programaciones mundiales, incluida la de CNN en español y el servicio de Internet reflejado las 24 horas del día en la pantalla de una laptop.

Es suficiente para agregarle tramos a su patronato. Un sitio donde ha colocado a Cuba. ¿Un país? ¿Una plantación feudal? ¿El manicomio donde el miedo cobra dimensiones delirantes? ¿Un ensayo de república con el caos batiendo con fuerza de huracán? Es difícil dar una opinión exacta, pero hay algo insoslayable. En la mayor de las Antillas se vive en las antípodas. La población, mayoritariamente, convierte el descontento en un rumor que pocas veces se define. Elige en votación unánime el mercado negro. Practica la dramaturgia con sublimidad. Lo hace tan bien como Robert Redford.

Comprende que para sobrevivir a la pobreza y a los fantasmas de la cárcel es imprescindible tener alma de histrión. El cubano es experto en azares y causas inherentes al equilibrismo. Esa categoría que impone por decreto el Partido Comunista con sus restricciones, racionamientos y manías que dibujan en el imaginario popular la desesperación y el anhelo de una fuga a cualquier precio.

Las carencias no se han suplido. El equipo que gobierna provisionalmente, parece que ejercita al dedillo lo consagrado en un guión ajeno a la originalidad. No va más allá de un team de supervisores que comprueban sobre el terreno las políticas de siempre. Hacen gala de mando, insinúan rectificaciones, prometen soluciones a corto plazo en cuanto a transporte, alimentación y otras áreas donde el desastre es nítido como el sol del mediodía.

A casi un año del traspaso, nada relevante, nada que desate el nudo de la incertidumbre. Más dudas, igual penuria, menos confianza en los herederos del trono.

Esa es la tónica en comentarios y aproximaciones a una realidad que pone en ridículo el mensaje seductor de la propaganda. La misma de los sobre cumplimientos, la tranquilidad social, los progresos en la batalla de ideas. Todo a imagen y semejanza de quienes conducen al país al despeñadero.

A fuerza de publicidad se acaba el fastidio de las precariedades que azotan a decenas de miles de familias a toda hora. Según los propagandistas, el país está de maravillas, el PIB en ascenso, la aprobación de la ciudadanía a la gestión gubernamental en su mejor momento.

Poco se puede esperar de una dictadura que incluso recurre a la insolente decisión de anunciar dos presidentes. Hugo Chávez fue el designado. Cuenta con el aval de su mentor, ahora disminuido por la edad y un accidente de salud que lo obliga al reposo.

No creo que el nombramiento sea un mero ejercicio retórico. En menos de un año Chávez ha estado cinco veces en Cuba. Además es el único que se atreve a dar los partes médico del atribulado.

Por último el inquilino del Palacio de Miraflores prepara una Confederación de Estados Bolivarianos, donde seguramente será el principal gestor y administrador. Cuba, Nicaragua, Bolivia y Venezuela son los participantes en este nuevo arranque de locura.

Da la impresión que Raúl Castro es el que menos gobierna en Cuba. El verdadero poder radica en el teléfono del Comandante y en los petrodólares de Chávez.

Entre los dos pueden arruinarle la sucesión y sembrarle el camino de piedras. La alianza con Irán y otros países parias amenaza con restarle créditos al actual jefe del ejército cubano y presidente ¿temporal? . El mesianismo es una valla demasiado alta.

Lo peor es que los potenciales accidentados no son sus promotores, sino los pueblos obligados a callar por el terror o, en cambio, sometidos a la hipnosis por medio de una combinación de carisma y patriotería.


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