PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 22, 2007

HUMOR
Nefasto y El que no pinte es yanqui

Víctor Manuel Domínguez, Sindical Press

LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Los aportes de un auténtico revolucionario cubano a la identidad nacional son irreversibles, y aún más cuando van enfilados al enriquecimiento político-ideológico, artístico y culinario de las masas, las musas y los huesos del país.

Por eso me alegró que "una mujer de ojos hermosos y otros pactos conmigo", Gina Montaner, nos alertara desde su columna en El Nuevo Herald: ¡Cuidado, Robertico pinta!, en alusión a las nuevas funciones del ex canciller salsero de apellido Robaina.

Y apoyo su advertencia porque sé del peligro que representaría para los seguidores de la cultura universal saber la intrascendencia de las obra de Goya, Carlos Enrique, Duchamp (y más que todo las de Toulouse Lautrec, por su amor al can-can en medio del Molino Rojo), si nuestro ex se pone de a lleno sobre el lienzo, los pinceles y la mezcla de colores como un semáforo roto o un comunista en pijama.

Talento le sobra. Y voluntad también. ¿O piensan que sobrevivir y "bisnear" en libertad luego de una caída por empujón del olimpo comunista no es la obra de un genio y una proeza laboral?

Además, su llamado a elevar la cultura político-ideológica a través de la práctica de diferentes saltos como el estilo "Perro de Pavlov", y el "Canguro Sebastián", aún arden en las pantorrillas, los oídos y los zapatos desuelados de una juventud conectada al ritmo de "El que no brinque es yanqui".

¡Y hay del que se quedara más quieto que una foto! Podía perder hasta la merienda escolar y extraviársele el número del escalafón por incumplir con la meta de saltos asignados a cada estudiante.

Este y otros legados de Robertico a la formación de la juventud cubana a través del brinquito preciso, el salto a gusto y las pataletas críticas enfiladas contra el enemigo, se suman a sus significativos aportes estéticos de canciller rumbero y ministro con blazer arremangado.

Pero como el arte es un bichito que se lleva dentro, y crece a voluntad cuando al infectado lo parte un rayo político, lo desmelena una tormenta ideológica o lo decapita una hoz revolucionaria, nuestro ex se vio en la obligación de alimentarlo para alimentarse.

Y de ahí nace esta obra magistral que ha de estremecer al mundo de las artes plásticas, y que ya, desde Miami y Madrid, comienza a hacernos guiños por la módica suma de 3 mil dólares o euros la pieza.

Sus cuadros La monja desnuda, El rictus de las mulatas y Robertico bajando la escalera en plan pijama, nos envían desde un estilo dadaísta el mensaje subliminal de que no todo está perdido si somos ahorrativos, nos apuntalamos bien antes de caer, y permanecemos quietos en casa hasta que de una vez escampe.

Deudores de la libido de Goya, la sensualidad de Carlos Enríquez y el amor por la construcción de barbacoas que inmortalizó a Duchamp, esta serie de cuadros en óleo sobre lienzo, denominada "La maldita circunstancia de en guardia por todas partes", o "Con el agua al cuello", ha tenido una impactante aceptación entre los berebere, los tutsis, y un galerista español que los comercializaba en El País de los ciegos, descubierto por H.G. Wells.

Pero no hay dudas de que las obras que más coleccionistas suman son las de temática popular emparentadas con la vida de los cubanos.

Obras como La jinetera infinita, Negro debajo de los escombros de un balcón con un pan en la mano, Ingeniera vendiendo girasoles en la esquina de Toyo, El médico payas, o curandero de la risa, y Las balsas de Abraham, son perseguidas por unos coleccionistas conocedores y amantes de la realidad.

También es bueno señalar el alcance poético y el impacto visual (por el aire digestivo que sugieren) de algunos autorretratos del autor, nacidos de un experiencia -según voz populi- en la cocina del Parque Almendares.

Dibujados con una minuciosidad y unos colores que parecen reales, los autorretratos Canciller refrito a la chamusquera, Trozos de canciller al horno, y Canciller en su salsa, demuestran el dominio pictórico de nuestro ex, y ponen sobre aviso a la humanidad, a los cubanos y a la mujer de ojos hermosos y otros pactos conmigo, que aquí en la Isla ¡El que no pinta es yanqui!

Eso se los aseguro yo, Nefasto "El curador".


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