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Los
negros, olvidados en el ''paraíso socialista''
cubano
Redacción de The Miami
Herald, La Habana, 20 de junio de 2007.
Denny, un mulato de seis pies, dos pulgadas,
entró confiadamente en un almacén
del gobierno para una reciente entrevista laboral.
Sentado frente al administrador, que era blanco,
explicó sus calificaciones: graduado de
secundaria, cursos en turismo, buen trabajador.
No eran suficientes, recuerda Denny: necesitaba
que un blanco, su cuñado, lo recomendara.
''Aquí los negros tienden a hacer todo
mal'', comentó el administrador.
Tras el triunfo de la revolución de Castro
en 1959, declaró que Cuba sería
una sociedad sin prejuicios raciales, que se prohibirían
las instalaciones separadas para blancos y para
negros y que empezaría una serie de programas
gratuitos de educación y salud para los
pobres, la mayoría de los cuales era negros.
Muchos negros todavía apoyan a Castro
diciendo que sin él todavía estarían
trabajando en los cañaverales. Un diplomático
cubano negro afirmó que hasta el triunfo
de la revolución no hubiera tenido esperazas
de obtener una educación ni su abuela de
atender su glaucoma.
Pero si usted escucha lo que dicen algunos negros,
particularmente los nacidos después de
1959, los errores de la revolución también
son evidentes.
''Aquí todo el mundo no es igual'', señaló
Ernesto, de 37 años, mientras caminaba
por La Habana. Alto y atlético, había
tenido ilusiones de convertirse en una estrella
del fútbol. Ahora vende ropa de uso y dice
ser hostigado continuamente por la policía
simplemente porque es negro.
En los últimos años, ha estado
emergiendo, discreta y casi secretamente, una
nueva actitud entre los negros sobre lo que significa
ser negro en un sistema comunista que asegura
que ''Aquí no hay racismo'' y tiende a
calificar a los que discuten el problema racial
de enemigos de la revolución.
''La ausencia de debate sobre el problema racial
amenaza el proyecto social de la revolución'',
escribió Esteban Morales Domínguez,
un profesor negro de la Universidad de la Habana,
en uno de sus varios y pocos conocidos ensayos
sobre la raza desde el 2005.
Rigoberto López, un cineasta negro, también
abordó el delicado tema en una aparición
en TV en diciembre, cuando dijo que aunque la
revolución produjo algunos cambios estructurales
hacia la igualdad racial, "sus resultados
no nos permiten afirmar que se hayan alcanzado
todos sus objetivos''.
Los negros cubanos familiarizados con la situación
afirman que cubanos blancos y negros han estado
estableciendo un pequeño pero creciente
número de grupos de derechos civiles. El
gobierno no ha reprimido esas actividades, generalmente
ilegales, pero tampoco las ha reconocido oficialmente.
''Hay un nuevo impulso que seguramente ha asustado
al gobierno'', apuntó Carlos Moore, un
experto en temas raciales, de origen cubano, que
ahora vive en Brasil.
En los últimos años, el gobierno
de Castro ha estado a la defensiva en la cuestión
racial. En 100 Horas con Fidel, el libro del periodista
francoespañol Ignacio Ramonet, Castro admitió
que aunque la revolución había significado
progreso para las mujeres y los negros, la discriminación
no había desaparecido.
''Los negros no viven en las mejores casas; todavía
están haciendo los trabajos más
duros y menos negros reciben remesas familiares
que sus compatriotas blancos'', comentó.
Con todo, añadió Castro: "Estoy
satisfecho de lo que estamos haciendo para descubrir
causas que, si no las combatimos vigorosamente,
tienden a prolongar la alienación en sucesivas
generaciones''.
Pero el propio Partido Comunista y gobierno de
Castro se quedan cortos en el frente racial. Entre
los 21 puestos del Buró Político,
sólo hay cuatro negros; y sólo hay
dos de ellos entre los 39 miembros del Consejo
de Ministros, el principal organismo del gobierno.
El negro de más rango en Cuba es Esteban
Lazo, un ex jefe del partido en las provincias
de La Habana y Santiago de Cuba. Lazo fue colocado
por Castro cuando se enfermó el pasado
verano, junto con su hermano Raúl Castro
y otros cuatro funcionarios, para ayudar a gobernar
a Cuba en su ausencia.
Sin embargo, los rostros negros abundan en las
prisiones políticas de Cuba. Algunos de
los disidentes más conocidos son negros.
Estos incluyen al bibliotecario independiente
Omar Pernet Hernández, el masón
Orlando Zapata Tamayo y el médico Oscar
Elías Biscet. Este último fue condenado
a 25 años por, entre otras cosas, organizar
un seminario sobre los métodos pacíficos
de protesta de Martin Luther King Jr.
''La raza es el problema social más grande
que enfrenta Cuba'', apuntó Enrique Patterson,
un autor cubano ahora residente en Miami que escribe
extensamente sobre la raza y califica el problema
racial de esta nación como "una bomba
social''.
"Si este problema no se atiende, Cuba no
será gobernable en el futuro''.
Patterson cree que aunque Castro ha mantenido
un control sobre el problema de la raza, aplastando
intentos anteriores de los negros para organizarse
o expresarse, una Cuba postcastro no podrá
controlar las frustraciones.
''Si el gobierno cubano fuera a permitir que
los negros se organizaran y presentaran sus problemas
ante [las autoridades]... el totalitarismo caería'',
aseguró.
Más allá de los rostros de blancos,
negros y mulatos en los murales de propaganda
del gobierno exhibidos por toda la isla bajo el
lema de Somos Uno, la raza los sigue dividiendo.
La Cuba de hoy está más integrada
racial y socialmente que Estados Unidos, pero
está muy lejos de no ser racista.
Los blancos son claramente preferidos en la tremendamente
lucrativa industria del turismo controlada por
el gobierno, desde choferes de taxis hasta camareras
y criadas de hoteles. Por otro lado, los negros
en la Habana Vieja continuamente son detenidos
por la policía para verificar sus tarjetas
de identidad por sospechas de estar en actividades
de mercado negro.
Los programas de televisión en su gran
mayoría muestran a los negros en trabajos
insignificantes, y los cubanos, al igual que otros
latinoamericanos todavía usan una expresión
al referirse a un negro a quien admiran: "El
es negro, pero...''.
''Sólo tienes que ver a los choferes de
taxis en la Habana Vieja... Raras veces ves a
uno que sea como yo'', comentó Cito, de
52 años, un médico negro, que hizo
su comentario en voz baja para que sus vecinos
no escucharan su queja.
Disgustado con su bajo sueldo del gobierno, y
lo que describió como la actitud racista
de su supervisor blanco, Cito dejó su puesto
hace casi tres años. Ahora vive del mercado
negro, comprando carne de los campesinos en el
campo y vendiéndola en La Habana.
Cito, de 52 años, tez oscura y cuerpo
de atleta, rememoró sus primeros años
en la escuela de Medicina, cuando salía
con la que ahora es su ex esposa, blanca.
Recordó una conversación que su
futura suegra tuvo con su hija: "El no es
un mal hombre. Conozco a su familia. Pero hay
muchos otros jóvenes en la escuela con
los que puedes salir. ¿Por qué él?''.
Sabía exactamente lo que quería
decir; no quería un yerno negro.
Las estadísticas oficiales de Cuba ofrecen
poca ayuda sobre el problema de la raza. El censo
del 2002, que le preguntó a los cubanos
si eran blancos, negros, o mulato/mestizo, mostró
que 11 por ciento de la isla de 11.2 millones
se describieron a sí mismos como negros.
La verdadera cifra es más bien un 62 por
ciento, de acuerdo con el Instituto de Estudios
Cubanos y Cubanoamericanos de la Universidad de
Miami.
Además, las cifras publicadas por el censo
no proveen una manera de comparar blancos y negros
en categorías como salario y niveles de
educación. Ramón Colás, quien
salió de Cuba en el 2001 y ahora dirige
un proyecto de relaciones raciales afrocubanas
en Mississippi, aseguró que cinco de cada
100 vehículos privados que contó
en La Habana, eran conducidos por una persona
de color.
La desigualdad entre el 11 por ciento del censo
cubano y el 62 por ciento de la Universidad de
Miami también refleja las complicadas categorías
raciales en un país donde si tú
pareces blanco, eres considerado como blanco,
no importan los genes.
''Mira, hay siete tipos diferentes de negros
en Cuba'', comentó Denny, que ahora trabaja
como camarero pero sueña con una carrera
en hip-hop. Desde el más oscuro al más
claro, éstos son: negro azul, prieto, moreno,
mulato, trigueño, jabao y blanconazo.
Para Denny, uno de seis hijos, el problema del
color es algo que a veces a él mismo le
asombra. Tiene una hermana que está casada
con un cubano de piel clara que se considera blanco,
mientras que otra hermana se casó con un
español. Aunque el color de su piel podría
dejarlo pasar por blanco, Denny comentó,
de forma inflexible y sin ninguna reserva: "Yo
soy negro. Escogí ser negro''.
Esta identificación, explicó, se
apoya en sus experiencias en las escuelas donde
los maestros a menudo favorecían a los
estudiantes de piel más clara.
''Aunque el maestro sabía que muchos estudiantes
blancos no conocían la respuesta'', recordó
Denny, "prefería preguntarle a ellos
en vez de a mí''.
Si bien los cubanos de las generaciones de su
madre y su abuela aceptaron con facilidad el uso
de palabras como negro o negrito, sus compañeros
lo trataban con cierto desprecio, diciéndole
a veces la palabra niche, que es decididamente
ofensiva.
''Es algo inaceptable'', subrayó Denny,
cuyo acceso al mundo exterior por medio de la
internet y televisión por satélite
ilegal, le han dado cierta perspectiva sobre la
raza que los cubanos en general no tienen.
Denny paga por esos servicios con dólares
norteamericanos que gana, algo relativamente extraño
en el mundo de los cubanos negros. Dado que los
blancos son la abrumadora mayoría de los
cubanos exiliados, son justamente los blancos
quienes reciben la cifra mayor de los envíos
de dinero que se mandan a la isla. Un estudio
realizado en el 2000 por el Instituto de Estudios
Cubanos de la Universidad de Miami (UM) encontró
que el cubano blanco promedio recibe alrededor
de $81 anuales en envíos, comparados con
los $31 que reciben los cubanos que no son blancos.
Denny, el aspirante a artista hip-hop, afirmó
que también ve cambios raciales por medio
de la música que él interpreta,
que en ocasiones desafía al gobierno y
nutre sus letras de referencias al racismo.
Recuerda en particular a un hombre que fue a
parar a la cárcel.
'Estaba rapeando, diciendo 'Si eres negro y sientes
que te tratan igual [que a los blancos], levanta
la mano'. Fue arrestado por la policía
sólo por cantar eso''.
Recientemente, un domingo en un parque de La
Habana, un grupo de cubanos negros, cuyas edades
oscilaban entre 20 y 30 años, entre los
que estaban algunos rastafaris, sostuvieron una
intensa discusión sobre el ídolo
de la música reggae, Bob Marley, cuyas
canciones mostraban la lucha de los negros.
''El comprendió bien nuestra situación'',
declaró Omar, de 31 años, mostrando
con orgullo un tatuaje de la cara de Marley a
tamaño natural en su espalda.
Este tipo de conversación puede resultar
alarmante para los cubanos que conocen la historia
del país.
Aunque los negros integraron una buena parte
de los mambises que pelearon contra los españoles
en la guerra de independencia, siguieron pobres
y despreciados luego que Cuba logró su
independencia. Una revuelta de negros en 1912
fue brutalmente aplastada, con un saldo de cientos
de negros muertos y un enorme miedo en toda la
población negra.
''Sus derechos y sentirse protegidos del genocidio
y la violencia potenciales dependieron de que
ellos no trataron nunca de organizarse políticamente
como negros'', observó Mark Sawyer, profesor
de la UCLA que pasó 11 meses en Cuba investigando
para su libro recientemente publicado, Racial
Politics in Post-Revolutionary Cuba.
Este tipo de tema posiblemente también
asuste al gobierno comunista de la isla.
''Es una amenaza latente'', amplió Moore.
"Los negros cubanos saben que cada vez que
se mencione el problema racial en el país,
la persona terminará en la cárcel.
Por consiguiente, este tipo de lucha es diferente.
No puede haber un movimiento de derechos civiles,
ya que habrá de inmediato 10,000 negros
muertos''.
Sin embargo, algo parecido a un movimiento negro
está surgiendo, agregó Moore.
''Se trata de algo subterráneo, y está
sucediendo tanto entre los intelectuales como
en el pueblo en general'', apuntó Moore.
No obstante, el gobierno aún tiene cierta
influencia sobre los cubanos negros: el miedo
de que el colapso del sistema comunista les haría
la vida aún peor.
''Los cubanos negros temen que regresen los cubanos
de Miami'', explicó Moore. ''Tienen miedo
de que la influencia De Estados Unidos vuelva
de nuevo a reinar en el país''. El último
vínculo que ha tenido Fidel Castro con
la población negra se basa en esos dos
miedos. El tercero es perder bajo la influencia
norteamericana y blanca las presuntas ventajas
sociales que la revolución les trajo en
términos de salud, educación y hasta
de participación política.
Denny comentó que comparte esos temores
y preocupaciones, pero que está dispuesto
a arriesgarse.
''Nunca más seremos esclavos'', subrayó.
"No somos estúpidos. Conocemos el
desarrollo del mundo. Sólo tratamos de
vivir un poco mejor''.
The Miami Herald no revela el nombre del corresponsal
que escribió este trabajo, así como
tampoco el apellido de la mayoría de las
personas entrevistadas, ya que el reportero no
pudo obtener la visa de periodista para poder
trabajar en la isla. El traductor de The Miami
Herald Renato Pérez contribuyó a
este reportaje.
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