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POLITICA
Lo que trajo el socialismo a Cuba
Laritza Diversent Cámbara
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) - El
estado cubano, después de declarar su carácter
socialista, sustituyó la propiedad privada
sobre los medios de producción por la propiedad
social o estatal. Debía asegurar a los
ciudadanos la satisfacción de sus necesidades
mediante la redistribución equitativa de
la riqueza nacional.
Para el logro de tan utópicos fines se
proclamó constitucionalmente administrador
de los bienes que conforman la mal llamada "propiedad
socialista estatal de todo el pueblo" (artículo
15 y 17). Estableció un conjunto de prohibiciones
de carácter penal que impedían a
la población realizar actividades económicas
relacionadas con la producción, el comercio
y la prestación de servicios.
La situación económica de los primeros
28 años de la revolución estuvo
marcada por la integración del país
al Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).
Significaron casi tres décadas de dependencia
económica.
Fueron tiempos en que "se derrochó",
según las palabras de Castro. Época
que "jamás regresará",
como advirtió después. Sin embargo,
en esos años la población disfrutó
de un cierto grado de satisfacción de sus
necesidades.
La relativa homogeneidad de ese periodo se vio
afectada por los cambios ocurridos a nivel internacional
a finales de los 80 y principio de los 90. Con
la desaparición del campo socialista y
la extinción de la URSS el país
cayó en una aguda crisis económica,
de la cual no hemos salido.
Se puso en tela de juicio la viabilidad del sistema
socialista en la isla y se demostró la
incapacidad del gobierno para mantenerse por sí
solo, lo que obligó a recurrir a técnicas
neoliberales que le permitieran reactivar la economía
y evitar una explosión social que pusiera
fin al régimen.
De todas las medidas liberalizadoras, la que
más trascendencia tuvo fue la introducción
en la economía de un sector que actuaba
y generaba relaciones de tipo capitalista. Se
impuso una modificación del sistema socialista
diseñado por la Constitución de
la República, mediante la reforma de 1992.
Antes la propiedad estatal era intransmisible
a una persona natural. Después de la reforma
ya existía excepcionalmente esta posibilidad,
reconociéndose tácitamente la propiedad
privada en el artículo15 de la Constitución.
Sin embargo, esta reforma constitucional, lejos
de salvar el profundo y negro abismo que existía
entre nuestra realidad y la carta magna, agudizó
y acentuó las contradicciones esenciales
de nuestra sociedad.
Como consecuencia, se desarrollaron graves enfermedades
sociales como la prostitución, la delincuencia
y la corrupción que hoy se han convertido
en medios imprescindibles de subsistencia. El
resultado de todo esto es que el pueblo de Cuba
vive hoy al margen de las regulaciones legales
y de las relaciones estatales. Se ha tolerado
e incluso aceptado como normales estos males que
han corrompido a nuestro país.
El único propósito de la reforma
del 92 fue legalizar y dar seguridad jurídica
a los negocios y propiedades de los inversionistas
extranjeros. Actualmente, son los privilegiados
del quehacer económico, conjuntamente con
el estado, posibilidad vedada para los nacionales,
residentes o no en el país. Esta apertura
se contempla en la Ley No. 77, de inversión
extranjera, que desarrolla el precitado artículo
constitucional y permite su aplicación
práctica. A la vez que se troncha la iniciativa
económica a los cubanos.
Es lo que trajo el socialismo a Cuba: discriminación
económica en contra de los ciudadanos cubanos.
Sólo tiene un objetivo: evitar a toda costa
que surja en el país un sector económicamente
dominante que desplace a los viejos ricos (los
dirigentes).
Son ellos los que mediante fórmulas de
endurecimiento político enajenan al pueblo
de un papel protagónico en la formación
y desarrollo de su destino. Para nada les interesa
satisfacer nuestras necesidades. Sólo les
importa ejercer, concentrar y controlar el poder
absoluto del estado, indefinidamente.
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