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CULTURA
Cuba en el recuerdo
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, Cuba - Junio (www.cubanet.org) -
Su preferido debe ser un piano Stenway & Sons.
Infiero tal elección porque Bebo Valdés
es un maestro de las teclas. Alguien que se zambulle
en el mundo de las tonalidades y las melodías
con una maestría envidiable. De allí
saca tesoros a montones.
Escogió a Suecia como segunda patria a
partir de 1960. El comunismo le sentaba mal e
hizo del exilio una condición a prueba
de capitulaciones.
A sus 89 años se niega a regresar a Cuba
mientras prevalezca el motivo de su desarraigo.
Persiste en considerar al sistema que dura tanto
como su distanciamiento, como algo perjudicial
para el desarrollo de esa música que lleva
el olor de la palma real, los colores de barrios
y solares, y las voces legítimas del criollismo
en sus múltiples versiones dadas a conocer
en el asfalto y en las serranías.
Las bajas temperaturas nórdicas no han
podido congelar su nostalgia por el terruño;
tampoco el deseo de regresar al país donde
transcurrió una buena parte de su existencia.
Bajo las neblinas suecas laten los sentimientos
que retratan en sus interpretaciones a Cuba.
Bebo Valdés sueña con la oportunidad
de un regreso breve y terapéutico. Sólo
aspira a recorrer el lugar donde nació
y llorar sobre la tumba de sus padres, hermanos
y amigos. Busca desahogos, remedios a tantos años
de dolores. Insiste en la modestia y otras opciones
que no traen curas absolutas, pero sirven para
suturar con mejor hilo las heridas que proporcionan
las lejanías.
Asegura que con al peso de los años llega
cierta perfección en el estilo de interpretar.
La memoria y los baches de la vitalidad son obstáculos
que van apareciendo en las cercanías de
una vejez que se encamina a los noventa años.
A pesar de las realidades, hay espacio para mirar
lejos y atisbar proyectos, menos ambiciosos, pero
honrados, y sin la fatal estela de los puntos
suspensivos.
Ahora vive en España. Hace un dúo
con la brisa del Mediterráneo porque no
le es posible elegir el coro marino del Caribe.
Bebo avanza, se acerca, se entrena para caer antes
de morir en una Cuba donde sobran admiradores
de su música y su dignidad.
Lejos de Estocolmo y de Cuba. Dos sitios que complementan
una trayectoria que define la fibra moral y espiritual
de uno de los grandes de la música cubana.
En Suecia encontró, más que frío,
un clima apropiado para satisfacer las interrogantes
del alma y crear sin concesiones ideológicas,
esas obras que destilan originalidad y que son
pistas exactas para tropezar con el talento.
Desde un CD, Bebo Valdés habla en su lenguaje.
Entiendo sus recados. Me asegura entre las corcheas
y los silencios que es un cubano genial, que se
mantiene fiel a su creencia de considerar que
las dictaduras tienden a menoscabar el arte verdadero.
Yo creo que la música parte de un piano
de cola. Por el sonido límpido que se desparrama
como una cascada me asalta la impresión
de que es un Stenway & Sons.
Pero lo que realmente me conmueve y me hace proclive
a engrandecer mi admiración por Bebo es
que en la sala de mi casa estoy rodeado de Lágrimas
negras. Una canción que refleja sentimiento
y cubanía. En 2003, junto al cantaor flamenco
Diego "El Cigala", salió el disco
homónimo. Un éxito, una ocasión
para sumirse en las profundidades de Cuba. La
patria que espera a Bebo con los brazos abiertos.
Oliverajorge75@yahoo.com
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