|
ECONOMIA
Los negocios bien. ¿Y los principios?
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - junio (www.cubanet.org) - Una
ronda de negocios entre 265 empresarios de 114
compañías de Estados Unidos y ALIMPORT,
compañía cubana importadora de alimentos,
concretó en la Habana ventas a Cuba para
el suministro de productos en el segundo semestre
de este año. También participaron
los representantes demócratas Rosa DeLauro
(Connecticut), Marion Berry (Arkansas) y Bob Etheridge
(North Carolina), y los republicanos Rodney Alexander
(Louisiana) y Jack Kingston (Georgia), quienes
se entrevistaron con relevantes figuras del gobierno.
Dentro del marco de las negociaciones se suscribieron
contratos para el suministro de 318 mil toneladas
de alimentos y otros productos agrícolas
por valor de 118,6 millones de dólares.
Se esperaba que, como resultado de los contactos
realizados, días después de finalizada
la ronda se seguirían firmando contratos
hasta un total estimado en 150 millones de dólares.
Entre los productos adquiridos figuran harina
de soya, maíz, frijol de soya, cuartos
de pollo y carne de cerdo.
En esta oportunidad se efectuó un balance
de las compras del gobierno de Cuba a Estados
Unidos desde 2001, con el resultado de 7,8 millones
de toneladas de productos agrícolas con
un valor de 2 mil 431 millones de dólares.
Los pagos por años en millones de dólares
indican un crecimiento sostenido a partir de 2001,
hasta alcanzar 570,8 millones de dólares
en 2006. Actualmente, Estados Unidos constituye
el mayor suministrador de alimentos, con aproximadamente
el 36,0% de las compras globales de esos productos,
que en 2006 ascendieron a 1,6 mil millones de
dólares. Este país se ha transformado
en el sexto socio comercial de bienes de Cuba
con perspectivas de continuar ascendiendo en importancia.
Alimport ha presentado quejas porque no le está
permitido exportar al vecino del norte, de acuerdo
con las leyes norteamericanas. Igualmente, los
pagos por las importaciones tienen que ser efectuados
al contado. Estas protestas, evidentemente justas,
podrían carecer de sentido en estos momentos,
pues Cuba no tiene capacidad de exportación
alguna para ofertar productos interesantes a Estados
Unidos en cantidades significativas.
La capacidad exportadora de la isla es prácticamente
inexistente, por su caótica situación
productiva. Argentina, otro país exportador
de alimentos a Cuba y que está en disposición
de importar productos, en el período 2000-2005
sólo pudo hacerlo en un 1,9% de las ventas
acumuladas debido a la falta de ofertas. En cuanto
a Brasil, importante exportador de alimentos,
ropa y calzado a La Habana, este indicador aunque
un poco mejor es sólo del 14,1%. Representan
porcentajes ridículos demostrativos de
la carencia de capacidad exportadora cubana. Así,
a nivel global por cada dólar exportado
actualmente son importados cuatro.
Los créditos han podido resolverse a través
de bancos de otros países, mediante el
otorgamiento de préstamos a corto plazo
para posibilitar las importaciones desde Estados
Unidos. Es posible que ese mecanismo encarezca
algo las operaciones, pero seguramente es contrarrestado
por los precios ventajosos, los ahorros en transporte,
la calidad y la garantía sanitaria de los
productos adquiridos y el cumplimiento oportuno
de los contratos.
Estas transacciones, además de beneficiosas
desde el punto de vista comercial, contribuyen
a alimentar al pueblo de una nación donde
la agricultura está colapsada. En el plano
político, deja en entredicho la propaganda
oficial sobre el embargo. Entre los productos
exportados a Cuba hay 32,8 millones de dólares
en suministros de postes de madera, con lo que
Estados Unidos está colaborando a mejorar
la destruida infraestructura electro-energética.
Además, hay envíos importantes de
madera (5,7 millones), papel (24,5 millones),
algodón (6,9 millones) y productos para
supermercados (20,6 millones).
Estas operaciones también pueden ayudar
a crear un clima menos crispado entre ambos países;
contribuyen a quitar las coartadas de "fortaleza
sitiada" y del "gran enemigo imperialista",
muy utilizadas por los sectores más conservadores
del gobierno para justificar el inmovilismo y
la represión.
Desafortunadamente, no todo ha sido positivo
en esta ocasión. Los congresistas sólo
se reunieron con altas figuras del régimen
totalitario. A través de ese proceder se
interrumpe la tradición de los legisladores
norteamericanos de reunirse y escuchar a los disidentes
y otros representantes de la sociedad civil cubana.
Esto podría indicar una tendencia economicista,
en contradicción con los principios característicos
de Estados Unidos. Son buenos los contactos comerciales
y económicos, pero no se puede dar la espalda
a quienes luchan por la democracia y el respeto
de los derechos humanos; máxime cuando
se trata de legisladores representantes de una
nación que siempre ha sido faro de esas
ideas.
Consideramos positiva la visita a Cuba de estas
personalidades, pero constituye un grave error
el menosprecio a quienes hoy, a riesgo de la vida
y su libertad personal, luchan por principios
reconocidos internacionalmente; en especial son
un doloroso desconocimiento de cientos de pacíficos
cubanos que cumplen muchos años de cruenta
prisión por defender la libertad.
|