|
SALUD
PUBLICA
¡Cuidado con los murciélagos!
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Las autoridades
sanitarias del municipio capitalino Cotorro agregan
a sus habituales ocupaciones la lucha contra la
istoplasmosis, adquirida desde mediados de mayo
por decenas de niños que jugaban a la guerra
en los túneles construidos para evacuar
a la población ante "posibles ataques
enemigos". Aún permanecen 25 infantes
en los hospitales "Arturo Aballi", la
"Balear", "William Soler"
y Pediátrico de Centro Habana. Sólo
Dael Mena García se encuentra en terapia
intensiva en el "Aballi"; mientras Alain
Li Rodríguez sigue reportado grave en el
"William Soler".
Ambos encabezaban la pandilla de chiquillos que
exploraban los túneles situados en la periferia
del Residencial América, de donde proceden
la mayoría de los aquejados por la istoplasmosis,
enfermedad atribuida al contacto con murciélagos,
el cual convive con bacterias que pueden alojarse
y hacer estragos en el organismo humano, pues
-según las fuentes consultadas- deja secuelas
como la falta de aire y dolores de cabeza, además
de los síntomas iniciales: fiebres, mareos,
inapetencia, cambios en la coloración de
la piel, fatigas, tos seca y disminución
de la hemoglobina.
Los especialistas aseguran que es una enfermedad
poco común en Cuba, no detectada desde
hacia años en semejante magnitud. Se trata
de un hongo que entra por las fosas nasales, se
aloja en los pulmones y provoca reforzamiento,
neumonía o bronconeumonía. El proceso
de incubación es de 15 a 20 días,
lo cual favorece dictámenes inexactos y
pérdida de tiempo. Actualmente, a los niños
y adolescentes que llegan con fiebres a las consultas
se les aplica Rayos X y quedan en observación,
pues las placas detectan una mancha blanca que
"denuncian al invasor".
A los niños hospitalizados se les aplica
el leucograma (muestra de sangre), los pigmentos
biliares para detectar posibles hepatitis ante
el descenso de la hemoglobina, la cituria (análisis
de orina) y la radiografía del tórax.
Tales exámenes dan negativo durante la
incubación, pero la persistencia de fiebres
y la inflamación del hígado y el
vaso revelan la presencia de la istoplasmosis,
cuyos efectos obligan a los facultativos al uso
previo de anti alérgicos (benadrilina e
hidrocortisona) y la administración de
Anfoterisina B por vía intravenosa, medicamento
fotosensible a la claridad pero muy efectivo,
complementado con sueros de hidratación,
oxigeno artificial contra la tos y el monitoreo
de la frecuencia cardiaca, pulsaciones y bombeo
de sangre.
Los ingresos, la desesperación de madres
y abuelas y los comentarios sobre convulsiones,
fiebres y decaimientos, han favorecido un estado
de solidaridad entre los vecinos de los niños
hospitalizados. Algunos especialistas de la Dirección
municipal de Salud del Cotorro visitaron las casas
de los afectados y alertaron a sus familiares
sobre las posibles secuelas de la enfermedad.
Las personas entrevistadas aseguran que las autoridades
sanitarias fumigaron y cerraron los túneles
cercanos, convertidos en refugios de ratas y murciélagos
tan peligrosos como los militares que gastaron
enormes recursos en espera de un enemigo que nunca
llega.
Pero el murciélago suele aparecer en lugares
insólitos. En la visita que realicé
el domingo pasado al hospital infantil "William
Soler", me contaron que uno de esos animalitos
apareció allí. Fumigaron con anestésicos
y cerraron el salón por una semana. Al
reabrirlo, la sorpresa fue enorme: eran muchos
y vivían discretamente en el falso techo.
Mientras tanto, hay quienes convierten la tragedia
en comedia: juegan a la bolita y apuestan por
el 18 (niño), 40 (niño travieso),
61 (enfermedad), 70 (hospital) y el 99 (murciélago).
Algunos arriesgan sus pesos por el 5 (mar), el
46 (mala noticia) y el 52 (ahogado), pues recientemente
las olas en Guanabo arrebataron la vida de bañistas
imprudentes y llevaron a varios niños y
jóvenes a los hospitales de La Habana.
Tan peculiar manera de entender la realidad justifica
en parte la actitud de algunas madres y abuelas
desesperadas, que ante el avance dramático
de la istoplasmosis, acuden a la ciencia pero
encienden velas a San Lázaro, rezan el
Ave Maria y no vacilan en pasarle cascarilla y
hasta un huevo por el cuerpo al niño ingresado,
mientras perfuman la habitación sin reparar
en la mirada escéptica de médicos
y enfermeros.
Ante la incertidumbre "todos los santos
ayudan". La vida de un niño es un
tesoro. La cultura popular no contradice los esfuerzos
de la ciencia para enfrentar a esos enemigos agazapados
en los túneles de un país que aún
espera por la guerra.
|