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POLITICA
Los "otros" Meruelos
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Los regímenes
totalitarios, a pesar de las diferencias entre
ellos, se caracterizan por tener denominadores
comunes, entre otros la aspiración al control
absoluto de la sociedad -objetivo bastante logrado
en el caso cubano-; la creación de fuertes
e inmensas policías políticas; ejércitos
de burócratas para el control social y
favorecer el clientelismo y, sobre todo, grupos
de cipayos especializados en cantar loas a los
jefes máximos y a las "hazañas"
del gobierno, y sobre todo en difamar a todo aquel
que se atreva a protestar o tener una opinión
distinta.
Ejemplos existen desde Goebbles, Zhdanov y muchos
más que hicieron un arte de la mentira,
la falsedad, la calumnia y la doble moral. En
Cuba hemos tenido una cosecha abundante de esos
propaganditas tropicales. Machado con el célebre
Wilfredo Fernández y el Heraldo de Cuba,
y Batista con Otto Meruelo, Ataja y Tiempo en
Cuba, son tristes exponentes de los bajos niveles
a que puede llegar la naturaleza humana.
El totalitarismo existente en Cuba desde hace
casi 50 años no se ha quedado a la saga
en esa sórdida tarea. Hay que reconocer
que con las nuevas tecnologías han sentado
cátedra en materia de manipulación
y falsificación de los hechos. Los "otros"
Meruelos con sus mesas redondas y el control absoluto
de la información han abierto una nueva
época en materia de mentiras y engaños.
Los órganos de prensa han superado con
creces a los alabarderos del machadato y el batistato.
Los cipayos mediáticos contemporáneos,
aprovechándose del control absoluto sobre
los medios de información en Cuba, colaboran
con los órganos represivos en crear las
condiciones subjetivas para la represión
de los ciudadanos que se atreven a protestar.
Los mercenarios entregados a esta labor son una
y la misma cosa que los represores, la única
diferencia es que ejecutan papeles diferentes
pero complementarios, en calidad de cancerberos
del totalitarismo.
Los "otros" Meruelos mientras la nación
va destruyéndose hasta los cimientos, con
pérdidas inmensas en cuanto a valores éticos
y morales, continúan con la infame labor
desinformativa, como si no pasara nada. El país
de forma acelerada se desvaloriza humana y materialmente;
la industria azucarera prácticamente ha
desaparecido; la soberanía económica
es un mito; los alimentos necesarios son importados
en un 84,0%, mientras los campos, en gran medida,
se mantienen baldíos, llenos de malezas;
el transporte es casi inoperante; los salarios
y pensiones son insuficientes para vivir, además
de pagarse en una moneda que el propio estado
rechaza después; el menosprecio y el apartheid
de los cubanos es un fenómeno diario; crecen
las diferencias sociales; existe una inmensa crisis
habitacional; están presentes graves problemas
demográficos; la situación medio
ambiental es altamente preocupante, esencialmente
por la desastrosa gestión de los recursos
hidráulicos y la pérdida de la fertilidad
de millones de hectáreas de tierra debido
a procesos de compactación, salinidad,
falta de rotación de los cultivos, entre
otros factores negativos derivados del mal manejo
de los suelos durante años.
Éstos y otros gravísimos asuntos,
persisten sin resolverse, acumulándose
y poniendo en peligro el destino nacional. Mientras
tanto, los "otros" Meruelos y los medios
de información guardan silencio, dedicados
en cuerpo y alma a las loas, ofender y ocultar
la verdad.
Aunque no todos los periodistas, escritores e
informadores se han degradado, la mayoría,
buenos profesionales de la prensa, entrampados
en ese mundo de mentiras se ven obligados por
las circunstancias a convivir en él, con
el consiguiente malgasto de sus energías
y talento. Así, el continuo crecimiento
de la lista de informadores e intelectuales que
a la menor oportunidad abandonan el país
en búsqueda de libertad.
Algo es seguro, en Cuba habrá democracia
y respeto a los derechos humanos. Los esfuerzos
de quienes pretenden detener la historia fracasarán.
Por consecuencia, resulta necesario que terminen
las difamaciones contra personas pacíficas
que sólo desean expresar criterios de forma
civilizada. Pero si persisten en sus innobles
conductas, entonces, al igual que Otto Meruelo,
quedarán como símbolos de infamia
y sordidez.
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