PRENSA INDEPENDIENTE
Junio 11, 2007

POLITICA
Los "otros" Meruelos

Oscar Espinosa Chepe

LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Los regímenes totalitarios, a pesar de las diferencias entre ellos, se caracterizan por tener denominadores comunes, entre otros la aspiración al control absoluto de la sociedad -objetivo bastante logrado en el caso cubano-; la creación de fuertes e inmensas policías políticas; ejércitos de burócratas para el control social y favorecer el clientelismo y, sobre todo, grupos de cipayos especializados en cantar loas a los jefes máximos y a las "hazañas" del gobierno, y sobre todo en difamar a todo aquel que se atreva a protestar o tener una opinión distinta.

Ejemplos existen desde Goebbles, Zhdanov y muchos más que hicieron un arte de la mentira, la falsedad, la calumnia y la doble moral. En Cuba hemos tenido una cosecha abundante de esos propaganditas tropicales. Machado con el célebre Wilfredo Fernández y el Heraldo de Cuba, y Batista con Otto Meruelo, Ataja y Tiempo en Cuba, son tristes exponentes de los bajos niveles a que puede llegar la naturaleza humana.

El totalitarismo existente en Cuba desde hace casi 50 años no se ha quedado a la saga en esa sórdida tarea. Hay que reconocer que con las nuevas tecnologías han sentado cátedra en materia de manipulación y falsificación de los hechos. Los "otros" Meruelos con sus mesas redondas y el control absoluto de la información han abierto una nueva época en materia de mentiras y engaños.

Los órganos de prensa han superado con creces a los alabarderos del machadato y el batistato. Los cipayos mediáticos contemporáneos, aprovechándose del control absoluto sobre los medios de información en Cuba, colaboran con los órganos represivos en crear las condiciones subjetivas para la represión de los ciudadanos que se atreven a protestar. Los mercenarios entregados a esta labor son una y la misma cosa que los represores, la única diferencia es que ejecutan papeles diferentes pero complementarios, en calidad de cancerberos del totalitarismo.

Los "otros" Meruelos mientras la nación va destruyéndose hasta los cimientos, con pérdidas inmensas en cuanto a valores éticos y morales, continúan con la infame labor desinformativa, como si no pasara nada. El país de forma acelerada se desvaloriza humana y materialmente; la industria azucarera prácticamente ha desaparecido; la soberanía económica es un mito; los alimentos necesarios son importados en un 84,0%, mientras los campos, en gran medida, se mantienen baldíos, llenos de malezas; el transporte es casi inoperante; los salarios y pensiones son insuficientes para vivir, además de pagarse en una moneda que el propio estado rechaza después; el menosprecio y el apartheid de los cubanos es un fenómeno diario; crecen las diferencias sociales; existe una inmensa crisis habitacional; están presentes graves problemas demográficos; la situación medio ambiental es altamente preocupante, esencialmente por la desastrosa gestión de los recursos hidráulicos y la pérdida de la fertilidad de millones de hectáreas de tierra debido a procesos de compactación, salinidad, falta de rotación de los cultivos, entre otros factores negativos derivados del mal manejo de los suelos durante años.

Éstos y otros gravísimos asuntos, persisten sin resolverse, acumulándose y poniendo en peligro el destino nacional. Mientras tanto, los "otros" Meruelos y los medios de información guardan silencio, dedicados en cuerpo y alma a las loas, ofender y ocultar la verdad.

Aunque no todos los periodistas, escritores e informadores se han degradado, la mayoría, buenos profesionales de la prensa, entrampados en ese mundo de mentiras se ven obligados por las circunstancias a convivir en él, con el consiguiente malgasto de sus energías y talento. Así, el continuo crecimiento de la lista de informadores e intelectuales que a la menor oportunidad abandonan el país en búsqueda de libertad.

Algo es seguro, en Cuba habrá democracia y respeto a los derechos humanos. Los esfuerzos de quienes pretenden detener la historia fracasarán. Por consecuencia, resulta necesario que terminen las difamaciones contra personas pacíficas que sólo desean expresar criterios de forma civilizada. Pero si persisten en sus innobles conductas, entonces, al igual que Otto Meruelo, quedarán como símbolos de infamia y sordidez.


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