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POLITICA
¿Hay presidente de la república?
Laritza Diversent Cámbara
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - ¿Hay
presidente de la república en Cuba? Esta
pregunta la he realizado a más de un centenar
de personas. En la mayoría de los casos
he recibido respuesta afirmativa. Sin embargo,
constitucionalmente, en nuestro país, este
cargo está ausente de la organización
política de la sociedad.
El hecho de que en Cuba no haya elecciones populares
para elegir al jefe de estado y de gobierno trae
importantísimas consecuencias para los
ciudadanos, que se ven imposibilitados de elegir
directamente al líder que los gobierna.
En consecuencia, los gobernantes no tienen que
rendir cuenta de sus gestiones a la hora de ejercer
sus funciones. Tampoco la población tiene
la posibilidad de revocarlos cuando estén
en desacuerdo con su gestión.
La fórmula constitucional de elección
de Castro ha permitido que su mandato no conozca
límites temporales. Su omnipresencia en
los principales órganos de dirección
política le ofrece la posibilidad de controlar
los procesos de decisiones que afectan la vida
del país, así como todos los sectores
de la sociedad. Constitucional y legalmente existen
límites a ese poder.
La forma de estado y gobierno en nuestra nación
es una amalgama de características del
sistema presidencialista y parlamentario que ha
obligado ha calificarlo de sui géneris.
En la práctica, esta indefinición
sólo permite, conjuntamente con la ausencia
de poderes contrapuestos (concepción unitaria
de poder), el ejercicio absoluto e ilimitado del
mismo por parte de la cúpula gobernante
por más de 48 años.
Los innumerables títulos representativos,
vitalicios y distinguidos que ostenta Castro le
dan no sólo la condición de Presidente
de la República, sino, además, de
monarca soberano. Pero ¿cómo es
que Castro se ha mantenido todo este tiempo en
el poder?
La Asamblea Nacional elige al Presidente del Consejo
de Estado, que a su vez, será primer ministro,
jefe de estado y de gobierno. Está obligado
primero a ser diputado. Como tal, es propuesto
por una comisión de candidatura, nominado
por la asamblea municipal y elegida por los residentes
del territorio cuyo órgano local representa.
Lo anterior nos demuestra que Castro sólo
cuenta con el voto popular de una minoría
bien seleccionada. No olvidemos que él
se postula en uno de los municipios más
intricados de la región oriental, bastante
cuestionable cuando realmente ha vivido siempre
en la capital del país.
También la presencia de los miembros que
componen el órgano ejecutivo en el legislativo
nos demuestra que las decisiones de este último
están seriamente marcadas por los interese
políticos y económicos del primero.
Esto trae como consecuencia que el parlamento
ya no expresa y representa la voluntad popular,
sino la de una elite privilegiada que se ha perpetuado
en el poder.
El deceso de Castro ha sido definido como la condición
necesaria para que ocurran cambios en Cuba. Esta
predicción cobra gran relevancia en el
contexto político cubano actual. En toda
la historia de la revolución socialista
nunca se vio que el todo poderoso delegara su
poder, cuestión que nos anuncia la incapacidad
del dictador para controlar al país.
Aunque los medios se esfuercen por demostrar al
mundo y al pueblo la capacidad de dirección
del mandatario, todos sabemos que su organismo
sufre un proceso degenerativo que el tiempo impone
a todo ser humano: la vejez.
Los pormenores sobre el actual estado de salud
de Castro son evaluados bajo el más estricto
secreto de estado, silencio que solo da ventaja
a la oligarquía para preparar sus acciones
venideras.
El futuro incierto y enigmático del pueblo
de Cuba depende en gran medida de la presencia
física de Fidel.
Hoy constituye el telón que cubre el escenario
donde se ejecutará una nueva obra teatral
en la que sólo participaremos como simples
espectadores. Si no advertimos y hacemos ver al
pueblo su realidad y los impredecibles cambios
que sufrirá esta, cualquier pronóstico
acerca del cambio es pura especulación.
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