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HISTORIA
El pedazo de papel más importante
Tania Díaz Castro
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - El pasado
3 de junio, en el periódico Tribuna de
La Habana, se publicó la breve carta que
Fidel Castro enviara a la guerrillera Celia Sánchez
Manduley el 5 de junio de 1958, donde expresa:
"Celia: Al ver los cohetes que tiraron en
casa de Mario, me he jurado que los americanos
van a pagar bien caro lo que están haciendo.
Cuando esta guerra se acabe, empezará para
mí una guerra más larga y grande:
la guerra que voy a echar contra ellos. Me doy
cuenta que ese va a ser mi destino verdadero".
Y echó la guerra. Era y es todavía,
aún enfermo en cama, su objetivo fundamental.
Demasiado enfrascado ha estado en echar esa guerra.
Lástima, porque los americanos, ni barato
ni caro han pagado en casi medio siglo. Todo lo
contrario. El que ha pagado caro es el pueblo
de Cuba. ¿No repiten cada día el
régimen castrista los daños y el
sufrimiento causados por el bloqueo y la aplicación
extraterritorial de las leyes estadounidenses?
Hagamos un poco de historia. Las bombas que cayeron
en la casa del mencionado Mario eran norteamericanas,
es cierto, pero fueron lanzadas por el ejército
de Fulgencio Batista y no fueron vendidas a él,
sino en 1950, por acuerdo con el presidente electo
Carlos Prío Socarrás.
El 9 de enero de 1958 Estados Unidos inicia el
embargo de la venta de armas. Batista se quejó
públicamente ante el embajador Earl T.
Smith, alegando que "una neutralidad norteamericana
favorecería a los terroristas rebeldes".
El 13 de marzo, tres meses antes de redactada
la nota de Castro, estaba suspendido el acuerdo
de la venta y es Inglaterra quien suministra aviones
caza a la tiranía.
El 26 de junio, días después de
anunciada la futura guerra contra los americanos,
las tropas de Raúl Castro secuestran a
diez norteamericanos en la zona de Moa y los primeros
días de julio a seis empleados de la United
Fruit. Estos hechos fueron calificados de chantaje
por John Foster Dulles, para que Estados Unidos
cooperara con los rebeldes. Tres meses después,
el 21 de octubre, secuestran un avión DC-3
rumbo a Florida, para ser desviado a la Sierra
Maestra.
¿Tenía sentido en aquellos momentos
pensar en una guerra contra los norteamericanos,
si además sabemos que el 17 de diciembre
el propio embajador de Estados Unidos, Earl Smith,
le pide a Batista a nombre del Departamento de
Estado que abandone el poder para evitar más
derramamiento de sangre?
Es de todos conocido que el 29 de ese mismo mes
el general Tabernilla propone al señor
Smith una junta militar sin Batista. La oferta
es rechazada. Batista huye el 31 y el 7 de enero,
un día antes de llegar Fidel Castro a La
Habana, Estados Unidos ya había reconocido
al nuevo gobierno de los rebeldes.
Tengamos en cuenta que en fecha tan temprana
como el 13 de enero de 1959, el senador norteamericano
Wayne Morse criticó acertadamente las ejecuciones
perpetradas por el nuevo régimen y que,
al correr de los años, alcanzaría
la increíble cifra de 5 mil 621 cubanos
muertos en el paredón de fusilamientos.
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