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POLITICA
Socialismo y burocracia: la fatal redundancia
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - Se quiere
dar con la clave de los milagros. Imponer pautas
en la solución de un conflicto al que nadie
ha podido encontrarle un cauce satisfactorio.
¿Acaso es posible, a estas alturas de la
función, pensar en un triunfo frente a
las huestes que fomentan la indisciplina y el
descontrol administrativo?
No tengo como referencia a ningún sistema
de gobierno con sede en el primer mundo. Estoy
con mi interrogante justo en las entrañas
de una isla donde se presume desde podios y tribunas
que la práctica del socialismo es la antesala
de la felicidad y el éxito.
Aquí se formulan las estrategias para derrotar
una invasión de vicios y tradiciones que
han logrado penetrar en las profundidades del
tejido social.
Los planes se diseñan en las sedes del
casi cincuentenario Partido Comunista. En todo
el entramado institucional se barajan propuestas.
Políticos de diversos rangos, funcionarios
del ámbito laboral y ex - militares convertidos
en ministros, afinan sobre el papel la puntería
de sus propósitos. Otros modelan con su
voz un tono que anuncia de antemano uno, dos,
muchos laureles.
Los burócratas alistan las armas para luchar
contra su propia sombra. Sí, no es mentira
que ahora sacan lo mejor del arsenal para hacer
picadillo a la burocracia.
Amagan con una batería de procedimientos
reciclados y otros de reciente factura; el resto
queda en el limbo del secretismo. Más que
buenas intenciones, sobresale la retórica
y el interés de proclamar victorias desde
posiciones que arrancan de espectadores críticos
e infortunados moradores del hastío, miradas
piadosas y suspiros que aportan válvulas
adicionales para disipar los vapores de la ira.
Lamentablemente, llegan tarde con unas iniciativas
vaciadas de contenido. Antes, quizás con
menos pasión, hubo declaraciones de guerra
como preámbulo de operativos para fulminar
el descontrol, inspecciones avisadas y sorpresivas,
decretos, amenazas de fuertes castigos a los transgresores,
llamados a la conciencia de jefes y subordinados,
redoblamiento de la vigilancia mediante las guardias
obreras.
A 48 años de distancia, el panorama es
el mismo. Las mejorías en las condiciones
de vida y laborales, el control de los recursos,
la proscripción del fraude y el soborno,
continúan en el plano de lo quimérico.
Sería absurdo comparar a Cuba con países
que aún conservan un subdesarrollo con
muchas aristas medievales. A menudo se suelen
hacer comparaciones con el fin de resaltar los
logros impulsados por una revolución urgida
de una terapia que la saque del soponcio.
En la actualidad hay más médicos
e ingenieros per cápita, el analfabetismo
ha sido erradicado. Casi el 100 % de los cubanos
pueden leer y escribir.
Son signos favorables desde la óptica de
una nación pobre, pero que distan de aquellos
espacios donde están contemplados equilibrios
que converjan en fórmulas coherentes, desprovistas
del voluntarismo y otros desenfrenos que complican
el presente y el futuro.
El manejo de las cifras deviene en arte. Dentro
de la frialdad numérica queda oculta una
realidad que corta tanto como una guillotina.
Hoy el obrero, el doctor, el científico,
la ama de casa, los jubilados, son unos miserables
que a duras penas sobreviven con salarios de servidumbre.
En gran mayoría son huéspedes de
hogares destartalados o víctimas del hacinamiento.
Carecen de garantías de transportación
para llegar a tiempo a sus centros de trabajo.
No pueden, aunque posean el dinero, hospedarse
en un hotel donde se da la bienvenida sólo
a los extranjeros.
Eso sí, son útiles para mantener
la imagen idílica. Piezas de un juego que
se mueven al gusto del competidor.
Todos trabajan porque en un edicto se anatematizó
el desempleo, no porque realmente existan las
condiciones y el deseo de hacerlo. La lógica
indica que sin políticas de estímulo
y expansión de los medios de producción,
es imposible dar un empleo grato y decente a los
más de cuatro millones de trabajadores
existentes en Cuba.
De ahí el parto. La burocracia, con una
descendencia saludable, husmeando en los más
insospechados rincones del país. Entre
sus más aguerridos oponentes se encuentran
quienes le lanzan las provisiones y dan el beneplácito
para sus correrías a través de la
indiferencia y la irresponsabilidad.
Deberían reconocer que se preparan para
otra batalla perdida hasta tanto no decidan la
vía hacia una reforma que traiga la coherencia
y la objetividad como premisas. La burocracia
hace bastante tiempo se almorzó a la revolución
y al socialismo
Muy poco o nada funciona en Cuba. Los laureles
se marchitaron. Afirman algunos analistas que
el impulso se perdió desde 1968, cuando
se llevó a cabo la llamada "ofensiva
revolucionaria". Fue un huracán que
deshizo lo que quedaba de la iniciativa individual,
llevándose en el torbellino los últimos
despojos de la dictadura de Fulgencio Batista.
Era el alumbramiento del totalitarismo. El padre
de la burocracia. El fenómeno que no pierde
los bríos, ni las esperanzas de seguir
en ascenso y desde la cima continuar con los hilos
del descontrol, la ineficiencia, los robos y cuanto
sirva para echarle a perder la fiesta al partido
único.
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