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CRIMEN
La ruta de las argollas
Yosvani Anzardo Hernández, Jóvenes
sin Censura
HOLGUÍN, junio (www.cubanet.org) - La
ley de la selva es un término utilizado
para referirse a lo despiadado, cuando es todo
lo contrario, pues los animales salvajes no asesinan.
Matan si tienen hambre y no se les puede reprochar
porque no saben criar ni cultivar la tierra. Si
entre nosotros reinara la ley de la selva, no
habría asesinos y fuéramos tan civilizados
como los animales.
El tema es amplio, y lo traigo a colación
para asegurarles que de esa forma no seríamos
testigos de tanta violencia en nuestro país,
pesar de que prácticamente no existen armas
de fuego al alcance de las personas.
Por otra parte, como no existe información
sobre los hechos, no tenemos idea de la cantidad
de casos sin resolver y el nivel de satanismo
presente en ellos.
Comentando estos asuntos con un señor
que extraoficialmente se dedica a compilar los
datos de cuanta persona muere en el pueblo y las
circunstancias de la muerte, me dijo conocer la
ruta de las argollas.
Según él, en este pueblo mío
han estado ocurriendo muertes de forma interrumpida
desde hace más de cincuenta años
y la explicación él sabe como buscarla,
pero nunca nadie se ha atrevido a encontrarla.
Cuenta este hombre que antiguamente las personas
acudían a los comercios del pueblo a caballo.
Yo digo que estaban mejores que nosotros porque
hoy hay que ir a pie.
-¡No interrumpas muchacho! -me contestó,
y supe que no iba a parar hasta que no se le acabar
la cuerda.
-Bueno, viejo, sigue.
-La gente de aquel tiempo amarraba las bestias
a unas argollas metálicas que hay incrustadas
en las aceras. Con el tiempo los caballos se fueron
acabando, como todo por aquí, pero las
argollas siguen en su lugar. Si te fijas bien,
están alineadas en varias direcciones y
nadie repara en ellas. Dicen que la historia comienza
con la muerte de un haitiano que enamoró
a una muchacha blanca y de buena familia, de apellido
Castro. También dicen que estos Castro
no tienen nada que ver con los Castro que ustedes
conocen, aunque aquí nada es seguro. La
brujería fue tan fuerte que la muchacha
se fue a vivir con él y todo.
Yo creo que el problema de ella era que nunca
había probado el mantecao, pero mejor me
callo ante que este cabrón viejo me mande
pal' carajo.
-Desde aquel momento, y como si fuese una maldición,
los hechos sangrientos se convirtieron en un sello
distintivo del pueblo, porque nunca nadie denunció
el crimen. Durante muchos años se mataron
con precisión a los haitianos y jamaicanos,
hasta que se acabaron, pero como la historia estuvo
escuchándose durante un tiempo, en el transcurso
de este no ocurrió nada, y el impasse
se rompió cuando el silencio se apoderó
del espacio pueblerino y coincidentemente, fue
cuando ocurrió el accidente de la guagua
el 6 de noviembre de 1997 con su gran masacre;
el aire olía a sangre y se estuvieron recogiendo
trozos de personas durante varios días,
y comenzaron a caer víctimas de todas las
razas. La ruta comienza con las argollas que están
frente al antiguo cuartel de la guardia rural,
luego salta hasta una serie de establecimientos
comerciales que tienen como característica
común cisternas inmensas camufladas bajo
el piso, y que dejaron de usarse hace mucho a
pesar de la escasez de agua, y de que ellas siempre
contienen gran cantidad del preciado líquido.
Sin saltos, las argollas las conectan y nos llevan
hasta la dirección de comercio, donde por
mucho tiempo radicó la dirección
de la policía nacional del actual gobierno
y allí se encuentra la respuesta. Por el
momento, de lo único que estoy seguro es
que el que conoce la historia atrae sobre si la
muerte si no trasmite a otros lo que sabe.
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