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POLITICA
Atropello contra la libertad de expresión
Oscar Mario González
LA HABANA, junio (www.cubanet.org) - El domingo
27 de mayo se cumplió la amenaza del presidente
Hugo Chávez: la emisora Radio Caracas Televisión
(RCTV) dejaba de ser un medio de comunicación
independiente para convertirse en un medio informativo
controlado por el gobierno venezolano.
Los 53 años de acreditado prestigio y
el favor de una audiencia mayoritaria, representaban
un obstáculo demasiado grande en el camino
hacia el totalitarismo del gobierno chavista.
Los parlamentos europeos y norteamericanos condenaron
la decisión de las autoridades en Caracas,
y las más prestigiosas organizaciones de
derechos humanos y de libertad de prensa a nivel
mundial se sumaban al clamor condenatorio. Paradójicamente,
en la región se han alzado muy pocas voces,
según reconoció el propio secretario
general de la Organización de Estados Americanos
(OEA). Ahora los amantes de la libertad en Venezuela
están constatando una amarga realidad sufrida
ya por los cubanos durante medio siglo: la soledad
en el dolor.
Sin duda que el cierre de RCTV es un duro revés
para el pueblo de ese país, luego de cuarenta
años de vida democrática ininterrumpida.
Los demócratas venezolanos, muchos de los
cuales gustaban de coquetear con Fidel Castro,
están pagando bien caro su inconsistencia
política. Recuerdo perfectamente cómo
el expresidente Carlos Andrés Pérez
hacía alardes de las magnificas relaciones
entre su gobierno y las autoridades cubanas. Me
parece estar viendo a las autoridades universitarias
y al estudiantado venezolano desbordante de júbilo
con los ojos encandilados de pasión ante
el hechizo oratorio del Comandante en Jefe.
Los cubanos también tuvimos una emisora
televisiva muy querida y arraigada en el sentimiento
nacional. Me refiero a la CMQ, cuya señal
tuvo mucho que ver con que Cuba figurara como
el país del continente más adelantado
en esa rama de las comunicaciones modernas a finales
de la década de los años cincuenta.
El 12 de septiembre de 1960, y aludiendo razones
similares a las esgrimidas por el gobierno chavista,
era intervenido el circuito CMQ y Radio Reloj,
pertenecientes a los hermanos Goar y Abel Mestre.
Con el cierre de CMQ se completaba el esfuerzo
gubernamental por extinguir la prensa independiente
que, en nuestro caso, estaba representada por
una veintena de diarios de circulación
nacional, y más de doscientas emisoras
radiales de diferentes tamaños y alcances,
así como por cuatro canales de televisión,
incluyendo uno en colores.
En el caso venezolano, la eliminación
de RCTV significa el inicio de una gran escalada
destinada a acabar con la prensa, como requerimiento
ineludible para poner de rodillas al pueblo de
Bolívar ante la coyunda totalitaria.
Los hijos de ese hermano pueblo salieron a la
calle en justo reclamo por sus derechos mancillados.
Según las encuestas, un 80 por ciento de
los ciudadanos no favorece la intervención
estatal de la emisora; entre ellos simpatizantes
de Hugo Chávez.
Hacen bien los venezolanos defendiendo el derecho
a una prensa libre e independiente. Y han de defenderlo
con toda la tenacidad y perseverancia, ahora que
aún pueden. Cuando todavía el totalitarismo
no ha logrado ponerlos de rodillas; cuando aún
se mantiene en pie eso que llaman cuarto poder,
sobre las ruinas de los poderes legislativo y
judicial hoy supeditados por entero a la voluntad
del ejecutivo que encabeza Hugo Chávez.
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