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Michael
Moore: el tiro por la culata
Armando González, El Nuevo
Herald, 30 de julio de 2007.
Hace varias semanas dediqué mi columna
a informarles a mis lectores sobre la más
reciente propaganda antiamericana del cineasta
Michael Moore, el documental Sicko, que se dedica
a atacar el sistema de salud pública de
Estados Unidos.
Ese objetivo, por sí solo, no sería
criticable. El sistema de salud pública
en nuestro país requiere muchas mejoras.
Donde Michael Moore pierde credibilidad es en
sus métodos. Como en otros esfuerzos anteriores,
Moore no puede ocultar su odio hacia su propio
país y, a tal punto es así, que
en su documental ensalza el sistema de salud pública
de Cuba y se pone en manos de los propagandistas
del régimen castrista y acepta, sin cuestionamiento,
las absurdas nociones que el gobierno de Cuba
quiere que el mundo crea.
Es por eso que resulta tan fascinantemente irónico
que uno de los resultados de Sicko ha sido el
despertar el interés de escritores e investigadores
en Estados Unidos y Canadá por lo que ellos
llaman ''el mito del sistema de salud pública
de Cuba''. En las últimas semanas hemos
visto una serie de artículos y reportajes
investigativos en la prensa tanto local como nacional
que desmienten, categóricamente, las absurdas
aseveraciones propagandísticas en Sicko,
que no son más que el libreto para tontos
útiles y compañeros de viaje concebido
por el gobierno castrista y propagado por los
Michael Moore que habitan la izquierda demencial.
Esa izquierda siempre ha sentido la necesidad
sicológica de creer en el mito castrista.
En la isla, así como en cualquier otro
nido comunista en el mundo, el sistema ha sido
un verdadero desastre económico, físico
y moral. Persecución, torturas, encarcelamiento
y asesinatos se han convertido en rutina, y no
hay logro material alguno para tratar de justificarlo.
La racionalización leninista es: ''Hay
que romper algunos huevos para hacer la tortilla''.
A lo que el famoso escritor británico George
Orwell memorablemente replicó: ``¿Dónde
esta la tortilla?''
El mito del sistema de salud pública de
Cuba ha sido desacreditado en múltiples
ocasiones. Pero Michael Moore le ha dado un nuevo
impulso al mito y eso ha traído, para su
sorpresa, otro round de artículos y reportes
que contradicen a Sicko. Claro que debemos poner
nuestra crítica en perspectiva. En Cuba
se practica medicina de primera. Pero no para
el cubano de a pie. El primer nivel de medicina
es para los extranjeros que pagan con moneda fuerte;
los practicantes del llamado ''turismo médico''.
Este ''turismo'' es mayormente dedicado a ''tratamientos
de vanidad'': Botox, liposucción, implantes
de senos, etc. Se realiza en clínicas segregadas
y origina otra nueva expresión: ``apartheid
médico''.
El segundo nivel de medicina es para las ''élites''
y sus familias. Para los ''mayimbes'' y ''los
hijos de papá''. Y el nivel de tratamiento
es tan bueno como el primero.
Y entonces llegamos al verdadero sistema de salud
pública de Cuba. El infierno que está
obligado a enfrentar el cubano de a pie. Los hospitales
están en ruinas. Las condiciones sanitarias
son tan caóticas que los pacientes estarían
mejor en su casa. Si tienen que ingresar en un
hospital tienen que traer sus propias sábanas,
toallas, alimentos y hasta bombillos y papel sanitario.
Y las medicinas básicas brillan por su
ausencia. En Sicko las medicinas, aun las sofisticadas,
son abundantes y baratas. En la Cuba real encontrar
una aspirina es tarea ardua. Y un antibiótico
puede costar una fortuna en la bolsa negra. Una
enfermera le confesó a Isabel Vincent,
reportera del diario canadiense National Post:
``No he visto una aspirina en las farmacias en
más de un año. Si usted tiene pastillas
en su cartera, por favor, démelas. No importa
si están pasadas de la fecha de expiración''.
Y los médicos no disfrutan de privilegios.
Uno que logró escaparse de Cuba le contó
a The Miami Herald que ganaba, como casi todos
los demás médicos, veinticinco dólares
mensuales. Y tenía que vender carne de
puerco clandestinamente para sobrevivir con su
familia.
El manejo de los embarazos es otro cuento de
horror. Si el médico nota indicaciones
de que algo puede andar mal, procede a ''interrumpir''
el embarazo, el eufemismo por ''aborto''. El índice
de abortos en Cuba es altísimo. Así
es como se mantiene un bajo índice de mortalidad
infantil.
En Sicko, Michael Moore habla de la ''generosidad''
de los programas de salud de Castro, refiriéndose
a los médicos que son enviados al extranjero
en ''misiones humanitarias''. Estos médicos
cubanos son enviados, sin que tengan opción,
a países ''revolucionarios'' como Venezuela,
Bolivia y Zimbabwe... por un precio. Este negocio
le reporta ingresos anuales a Cuba estimados en
$2,500 millones.
Lo que Moore dejó fuera en Sicko fueron
los casos de médicos como Oscar Elías
Biscet, Dariel Darsi Ferrer, Dessy Mendoza Rivero,
Hilda Molina y muchos otros que sufren las prisiones
y la persecución castristas y encuentran
el valor para denunciarlo. No, estas historias
no encajan en los objetivos de Michael Moore.
Pero despiertan el interés de muchos otros
que sí han comenzado a denunciar estos
desmanes.
Michael Moore no esperaba esto. Le está
saliendo el tiro por la culata.
agonzalez@miamiherald.com
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