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El
personaje en busca de un actor
El
Nuevo Herald, 30 de julio de 2007.
El actor alemán Ulrich Mühe murió
unos días antes de la celebración
en Cuba del 26 de julio. Son las ironías
de la vida, porque el protagonista de la oscarizada
La vida de los otros podría haber impartido
en la isla una clase magistral sobre el efecto
de los rayos gamma sobre las margaritas. O lo
que podría ser las secuelas que el comunismo
deja en la sociedad. Pero Mühe falleció
a los 54 años víctima de un cáncer,
sin poder ver la caída del último
muro de Occidente, que es la vergonzante dictadura
de los hermanos Castro. También es verdad
que vivió la dicha de presenciar y participar
de la demolición del muro de Berlín,
que dividió a su pueblo durante décadas.
Posiblemente nunca habría sabido de la
existencia de tan inconmensurable actor si no
hubiera visto el filme de Florian Henckel von
Donnersmarck, que resultó ser el mejor
de 2006. En La vida de los otros Mühe interpretaba
a un oscuro capitán de la Stasi encargado
de espiar a una pareja de artistas de la República
Democrática Alemana. Poco a poco el agente
acaba por revolverse contra el sistema represor
al comprender el horror de hurgar en las vidas
ajenas. Al final, este patético individuo
se erige como un héroe anónimo,
dispuesto a sacrificarse con tal de salvar los
restos de dignidad que le quedan.
A Mühe, quien padeció en carne propia
la dictadura de Alemania Oriental, le fue fácil
meterse en la piel de su personaje porque vivió
de cerca los chantajes políticos que los
intelectuales y artistas sufrían si no
se plegaban a las consignas oficiales. Además,
llegó a denunciar a su primera esposa,
también actriz, a quien acusó de
haber colaborado con la Stasi y de haberlo espiado.
Nunca olvidaremos la memorable interpretación
que Ulrich Mühe hizo de su personaje, el
capitán Gerd Wiesner. Un tipo sombrío
y mimetizado con la grisura del paisaje totalitario
que lo circunda. Hasta que su caparazón
de policía se resquebraja por medio de
las escuchas al hacerse cómplice silencioso
de la pareja enamorada y vibrante. Gerd Weisner.
Triste y solitario, pero redimido cuando pierde
el miedo frente al monstruoso despropósito
de la maquinaria comunista. Trituradora de almas.
Siempre es terrible morir antes de tiempo, cuando
todavía queda un trecho por recorrer, pero
el protagonista de La vida de los otros se fue
con la inmensa satisfacción de haber interpretado
el papel de su vida. Un regalo excepcional. Cuánta
emoción cuando lo vimos al final de la
cinta entrar en una librería para comprar
el libro que contaba la historia de su hazaña
de pequeño hombre capaz de rebelarse contra
las absurdas arbitrariedades de una dictadura.
Este excepcional actor se despidió para
siempre poco antes de que Raúl Castro dijera
desde una tribuna que ahora, casi medio siglo
después del estrepitoso fracaso revolucionario
en Cuba, el gobierno garantizará que todos
los cubanos puedan beber leche. Y yo no pude menos
que recordar al entristecido capitán Gerd
Wiesner, a punto de despertar del letargo de la
represión y el engaño. Inevitable
punto de inflexión para todos los que alguna
vez han sido víctimas del absolutismo más
cruel e innecesario. Los muros siempre acaban
por derrumbarse. Ulrich Mühe nos lo enseñó
con su formidable actuación.
© Firmas Press
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