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POLITICA
¿El general pasa el Rubicón?
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, Cuba - Julio (www.cubane.org) - Ha
concluido un año desde la cesión
temporal del poder de Fidel Castro a un gobierno
provisional encabezado por su hermano, el General
Raúl Castro. Muchos esperaban que con este
militar, poco dado a la espectacularidad y las
entrevistas, pero con fama de pragmático,
comenzara en Cuba una etapa de cambios económicos
para enfrentar la terrible situación nacional
y mejorar el deteriorado nivel de vida de la población.
En el lapso transcurrido no se han producido
tales reformas y únicamente se ha logrado
una relativa menor movilización política,
y un mayor respeto a los horarios de la televisión;
gestos mínimos ante un escenario de creciente
acumulación de graves problemas sin solución.
El concreto discurso pronunciado por el General
Raúl Castro durante el acto por la conmemoración
del LIV Aniversario de los asaltos a los cuarteles
Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, el
26 de julio de 1953, efectuado en la ciudad de
Camagüey, podría abrir nuevas expectativas
para las ansiadas reformas económicas.
En su alocución, esgrimió una serie
de críticas que desde hacía mucho
tiempo eran planteadas por la disidencia pacífica
cubana y siempre respondidas por el régimen
con represión y cárcel.
Ahora, fue precisamente el jefe de estado actuante
quien señaló: "El salario aún
es claramente insuficiente para satisfacer todas
las necesidades, por lo que prácticamente
dejó de cumplir su papel de asegurar el
principio socialista de que cada cual aporte según
su capacidad y reciba según su trabajo".
Refiriéndose a la agricultura, también
criticó la mala utilización de las
tierras crecientemente invadidas de un "marabú
muy lindo", a manera de ironía, e
indicó que muchos alimentos que actualmente
se importan podrían producirse perfectamente
en Cuba. Asimismo, ejemplificó la mala
distribución de productos, como la leche,
que resulta en pérdidas innecesarias de
cantidades apreciables de combustible. Además,
reflexionó sobre lo ilógico que
resulta que desde hace casi 50 años, sólo
los niños hasta 7 años y los enfermos
tienen derecho a adquirir tan básico producto.
Para modificar estas situaciones indicó:
"Habrá que introducir los cambios
estructurales y de conceptos que resulten necesarios",
planteamiento que fue muy aplaudido por los asistentes
al acto. Luego hizo énfasis en la necesidad
de "trabajar con sentido crítico y
creador, sin anquilosamiento ni esquematismo".
También expuso que "no habrá
soluciones espectaculares".
Dentro de este marco expresó que se estudiará
"lo referido al incremento de la inversión
extranjera, siempre que aporte capital, tecnología
o mercado, para así aprovechar la contribución
que esta pueda hacer al desarrollo del país".
Una iniciativa correcta en un país durante
años afectado por una persistente descapitalización
del capital fijo y sin la capacidad de ahorro
interno para hacer frente a la ejecución
de un proceso inversionista que con urgencia demanda
la nación.
En cuanto a las relaciones con Estados Unidos,
planteó la disposición a sostener
conversaciones sobre la base al respeto mutuo
con la nueva administración que surja de
las elecciones de noviembre de 2008; ya había
expresado la idea de conversar en dos ocasiones
anteriores. Representa una posición responsable.
Las relaciones con Estados Unidos tienen una sustancial
importancia para la Isla. A pesar de la anormal
situación imperante, el vecino del norte
es nuestro sexto socio en el comercio de bienes,
y el principal exportador de alimentos al mercado
cubano. A esto se agrega que allí se genera
uno de los más importantes flujos de divisas
a través de las remesas- mil millones de
dólares anuales según estimados
de la CEPAL- o negocios como la telefonía
con significativas ganancias para empresas cubanas.
Como cuestión primordial deberá
promoverse el diálogo sin exclusiones entre
los cubanos de forma constructiva, civilizada
y sobre todo con patriotismo. Sería incoherente
y contradictorio que se quisiera sostener conversaciones
y llegar a acuerdos con extranjeros, mientras,
como hasta ahora, continúan sin debatirse
internamente los peliagudos problemas que asfixian
la sociedad.
Como puede apreciarse, muchos de los conceptos
reflejados en el discurso pueden calificarse como
realistas, aunque la referencia al comienzo de
la introducción de cambios estructurales
y de conceptos habría que tomarla con cautela
hasta conocer a ciencia cierta en que consisten
realmente estos movimientos, y si constituyen
lo que con urgencia requiere el país. Hay
que recordar que en el gobierno existen fuerzas
propiciadoras del inmovilismo, que realizarán
toda la resistencia posible a verdaderas transformaciones.
Ayudaría al sector que dentro del gobierno
comprende la necesidad de cambios, aumentar su
prestigio nacional e internacional mediante la
liberación de los presos de conciencia
y políticos pacíficos, precisamente
condenados por decir muchas de las cuestiones
que ahora el General Raúl Castro ha señalado.
También debería firmarse el Pacto
Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos,
y el Pacto Internacional sobre Derechos Sociales,
Económicos y Culturales. Estos pasos en
modo alguno pondrían en peligro su autoridad.
Por el contrario, constituirían pasos que
redundarían en mayor credibilidad internacional;
factor de indudable valor en un mundo donde el
respeto a los derechos humanos cada día
cobra mayor peso.
Este discurso abre perspectivas y a la vez interrogantes.
En los próximos meses se verá si
realmente constituye el inicio de cambios económicos
que coadyuven al proceso de reconciliación
indispensable para la unidad de todos los cubanos,
por encima de diferencias ideológicas;
cambios que podrían permitir un suave aterrizaje
de la sociedad cubana hacia la democracia, después
de tanto tiempo de confrontaciones y odios. En
definitiva, la vida indicará si el General
Raúl Castro, con este discurso, pasó
el Rubicón y contribuirá a edificar
el futuro que los cubanos de adentro y de afuera
merecemos.
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