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Una
revolución, dos estilos
El pragmático Raúl Castro dirige
la política cotidiana, pero Fidel ha seguido marcando
hasta ahora las pautas
Mauricio Vicent. El
País, 29 de julio de 2007.
Una revolución. Un apellido. Y dos estilos:
Fidel y Raúl. Fundadores de la revolución
ambos, ninguno está dispuesto a subvertir
su espíritu. Pero partiendo de las mismas
convicciones, las formas difieren. Según
el escritor Gabriel García Márquez,
Fidel "es uno de los mayores idealistas de
nuestra época y en eso reside quizá
su mayor virtud, aunque también ha sido
su mayor peligro". Castro siempre ha creído
que el hombre se mueve por convicciones y principios
y piensa que los "estímulos morales"
son los que importan.
En 1993 fue capaz de transigir. La crisis provocada
por la desaparición del campo socialista
obligó a descentralizar la economía
e introducir reformas aperturistas como la legalización
del dólar, pero a finales de la década,
superados los peores momentos del Periodo Especial,
él mismo frenó aquellas reformas
que no le gustaban y se metió de lleno
en la llamada "Batalla de Ideas", que
supuso un regreso al idealismo más duro,
con las consecuencias económicas subsiguientes.
Raúl, menos carismático que Fidel,
tiene fama de organizado y práctico. Su
estilo de trabajo es diferente, más abierto
a la discusión y el análisis colectivo;
cuando tiene que tomar una decisión, dedica
considerable tiempo a estudiar el problema en
todas sus variables. En los años ochenta
impulsó el proceso de "Perfeccionamiento
empresarial" en las industrias militares,
que concedió autogestión a las empresas
y vinculó el salario a la productividad,
experiencias luego extendidas a la vida civil.
A diferencia de su hermano, no es alérgico
al dinero. "No importa cuánto gane
un campesino si produce más y vende barato",
ha dicho. El 26 de julio, anunció "cambios
estructurales y de concepto" en la agricultura
y otros sectores. Dijo que se trabajará
"con premura pero sin desesperos", y
que no es posible esperar "resultados espectaculares"
porque los problemas son serios.
Desde hace un año, los estilos de ambos
coexisten. El día a día político
lo lleva Raúl, pero, al decir de un economista
cubano, "el trazo grueso" sigue marcado
por la política idealista de Fidel. "Al
menos hasta el discurso del pasado 26 de julio",
afirma uno de los participantes en el debate académico
del último número de la revista
Temas, dedicado casi íntegramente al estudio
de diversas experiencias de transiciones. El simposio
La transición socialista en Cuba contó
con las aportaciones de académicos, funcionarios
y dirigentes juveniles, entre ellos Carlos Lage
Codorniú, actual presidente de la Federación
de Estudiantes Universitarios e hijo de uno de
los dirigentes más relevantes de Cuba,
el vicepresidente Carlos Lage. Lage Codorniú
abogó por "la necesidad de repensar
la manera de articular" el modelo cubano
y de "participar en él", y también
en "pensar en fórmulas novedosas para
la realización de la propiedad" en
el socialismo. Aunque no considera "adaptable"
a la realidad cubana la "línea económica
china", consideró que su experiencia
puede ser "útil", en especial
la concepción de que el Estado controle
los sectores estratégicos y permita que
otras actividades queden "a la iniciativa
particular de los individuos".
La mayoría de los panelistas de Temas
plantearon la necesidad de abrir nuevos espacios
de participación política. Y algunos
cuestionaron la "credibilidad" de instituciones
que no ofrecen a la gente posibilidad de influir
en la toma de decisiones ni "espacios donde
actuar". "En tiempos de crisis, resulta
razonable que la política sea cerrar todo
y mantener cierta rigidez, pero en la medida en
que se produce una evolución de la situación
es necesario abrir y flexibilizar", dice
Lage Codorniú.
Todo esto ocurre en vísperas de las elecciones
al Parlamento que se celebrarán a comienzos
de año. Serán elegidos los diputados
que luego nombrarán al presidente de los
Consejos de Estado y de Ministros, cargo que ha
ocupado siempre Fidel Castro. El pasado 26 de
julio dijo Raúl que las elecciones serán
un momento importante. ¿Será de
nuevo Fidel el jefe del Estado los próximos
cinco años? ¿Será Raúl?
¿O se buscará una nueva fórmula
que consagre definitivamente el relevo, con dirigentes
más jóvenes en la cúspide?
La situación de Fidel, que en agosto cumplirá
81 años, es incierta. En un año
no ha aparecido en público y nada parece
indicar que pueda regresar al mando. Pero hasta
ahora, sin estar ha estado presente y su influencia
es grande. En cuatro meses ha publicado 31 comentarios
en el diario Granma. Comenzaron siendo reflexiones
sobre los grandes problemas de la humanidad, pero
las últimas entregas ha criticado las reformas
de los noventa, insistiendo en que el factor "conciencia"
es vital. Pero en los últimos 48 años,
los dos Castro, Fidel y Raúl, se han complementado
a la perfección.
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