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La
transición invisible
El régimen cubano se
enfrenta a una realidad social que exige cambios
políticos y económicos
Mauricio Vicent. El
País, 29 de julio de 2007.
La Habana - El 31 de julio de 2006, Fidel Castro
delegó por primera vez en su hermano Raúl
todos sus cargos de gobierno debido a una grave
enfermedad. Lo hizo con carácter provisional,
pero después de un año no ha vuelto
a aparecer en público y hay consenso en
que no regresará. Desde hace un año,
Raúl Castro lleva el día a día
del poder en un país agobiado por las dificultades
económicas. En apariencia nada se ha movido,
pero la sociedad demanda cambios y el jefe del
Ejército parece ser consciente de ello.
En su último discurso, el pasado 26 de
julio, al celebrarse un nuevo aniversario del
asalto al cuartel Moncada, Raúl anunció
"cambios estructurales y de concepto"
para resolver los problemas económicos,
pero sin improvisaciones.
¿Algo se mueve en Cuba? En apariencia,
poco. En el último año, desde que
Fidel Castro cedió sus poderes, no ha habido
reformas ni cambios visibles en la isla. Lo único
evidente es que la Revolución ha sobrellevado
sin caos la ausencia de Fidel, pero también
que su sistema de gobierno unipersonal ha empezado
a transformarse: ahora, las funciones de mando
están más repartidas y Raúl,
como presidente interino, impulsa un retorno a
la institucionalidad, con el Partido Comunista
al frente, para preparar la etapa pos-Fidel.
Las nuevas generaciones sólo han conocido
los rigores y el deterioro de la Revolución
Las habituales quejas de la gente han dado paso
a críticas integrales contra el modelo
Pese a la apariencia de inmovilismo, el Gobierno
ha realizado algunos reajustes
En este nuevo momento, marcado por el retiro
de la dirigencia histórica y el dilema
esencial de qué reformas hacer para que
la Revolución sobreviva a sus fundadores,
la palabra transición es tabú. Tampoco
se habla de sucesión. En la Cuba oficial,
el término elegido para nombrar lo que
está ocurriendo es "continuidad".
Sin embargo, por encima de los deseos, cada vez
hay más indicios de que en la isla ha empezado
una transición invisible y que su motor
no es otro que las necesidades y expectativas
de una sociedad que ha cambiado.
"Poco se parece la Cuba de hoy a la de antes
de la crisis del Periodo Especial", constata
Rafael Hernández, miembro del Partido Comunista
y director de la revista Temas, uno de los raros
espacios de debate crítico en la isla.
Para este intelectual, "hablar de transición
en Cuba tiene la desgracia de que es un término
empleado por Estados Unidos y aquellos que tratan
de provocar cambios desde el exterior"; dicho
esto, si la sociedad ha cambiado profundamente,
"es obvio que el socialismo cubano debe transformarse
también", asegura.
El 70% de los 11 millones de cubanos nació
después de 1959, y tres millones de habitantes
tienen menos de 20 años, es decir, sólo
han conocido los rigores y el deterioro de los
valores de la Revolución. La generación
histórica desaparece. Y sus hijos y nietos,
que no conocieron los hitos románticos
de la Revolución, viven una realidad que
nada tiene que ver con la de la Cuba de los sesenta,
los setenta o los ochenta. Sus sueños y
aspiraciones son muy diferentes de los de aquellos
que pelearon en la Sierra Maestra.
Las contradicciones de la sociedad cubana son
evidentes. Quebrado el igualitarismo por las crisis
y las reformas de los noventa, la dolarización
y la dualidad monetaria han dividido a los cubanos:
los que dependen del Estado y ganan sueldo en
pesos, la mayoría, difícilmente
llegan a fin de mes; y la minoría que se
mueve en el área dólar disfruta
de una Cuba muy diferente. Con las propinas, un
empleado en un hotel de La Habana puede ganar
20 veces más que un médico. Pero
la inversión de la pirámide social
es sólo una parte del problema. "El
Estado ya no puede garantizar a los ciudadanos
un nivel de vida decoroso, y tampoco permite que
la gente se busque la vida por sus medios",
explica un economista que trabaja en la Universidad
de La Habana. Pone un ejemplo: "El trabajo
por cuenta propia, autorizado en 1993, llegó
a ser ejercido legalmente por 200.000 personas
(en 1995); hoy, las licencias concedidas superan
apenas las 100.000".
La alimentación en Cuba es un problema,
pero más del 25% de las tierras del Estado
está sin cultivar. El Gobierno admite que
el camino para "garantizar la irreversibilidad
de la Revolución" es producir y mejorar
la vida de la gente, pero niega a las ineficientes
empresas del Estado capacidad de autogestión
y estimular adecuadamente a los trabajadores.
"La realidad se impone; es la sociedad la
que está pidiendo a gritos transformaciones",
asegura Orlando Márquez, director de la
revista católica Palabra Nueva. Por primera
vez, el año pasado la población
cubana decreció. A juicio de los sociólogos,
uno de los factores es que las mujeres jóvenes
no quieren tener hijos debido a las dificultades
económicas; y por la misma causa, decenas
de miles de personas abandonan la isla cada año
(sólo a Estados Unidos, de forma legal,
marchan anualmente 20.000).
Los campesinos privados, que con el 30% de las
tierras producen el 60% de los alimentos, no quieren
entregar sus mercancías al Estado si no
les pagan más. Una espontánea protesta
de intelectuales a comienzos de año puso
de manifiesto que heridas del pasado siguen abiertas
y que se necesitan espacios de debate crítico.
Después de décadas de persecución,
la lucha gay por el respeto de sus derechos es
encabezada por Mariela Castro, directora del Centro
Nacional de Educación Sexual e hija de
Raúl Castro, que promueve la aprobación
de una ley en el Parlamento que permitiría
las uniones entre parejas del mismo sexo y el
reconocimiento del derecho de adopción.
Una de las cosas que más han cambiado
en los últimos tiempos es la forma de hablar
de la gente. Las habituales quejas sobre la falta
de poder adquisitivo de los salarios, los elevados
precios de los alimentos o la desgracia del transporte
y la vivienda han dado paso a críticas
integrales: lo que no funciona e impide el desarrollo
económico es el modelo tal y como está
concebido hoy, y eso no se resuelve con medidas
parche.
En medios académicos ha surgido un intenso
debate sobre la necesidad de "repensar"
el socialismo cubano y la urgencia de introducir
reformas económicas y abrir mayores espacios
de participación política. Desde
posiciones socialistas, muchos han señalado
que el momento es crucial y que postergar los
cambios hipotecaría el futuro de la Revolución
y las conquistas alcanzadas. En estos ambientes
-y también en la calle- se escuchó
con atención el discurso pronunciado por
Raúl Castro el pasado 26 de julio, en el
54º aniversario del asalto al cuartel Moncada.
El jefe del Ejército dijo que era necesario
"transformar concepciones y métodos
que fueron los apropiados en su momento, pero
han sido superados por la vida", reclamó
un enfoque integral para resolver los problemas
económicos y anunció "cambios
estructurales y de concepto" en la agricultura,
que incluirán nuevas fórmulas de
gestión productiva y de estimulación
salarial. Habló de acometer los cambios
sin improvisar, de hacerlos sin levantar expectativas
y haciendo notar los resultados. Para muchos,
lo importante de este discurso de intenciones
fue que por primera vez se admite que el problema
es estructural y que la única forma de
desarrollar el país es superar los límites
que impone el propio modelo socialista.
En apariencia, este año sin Fidel ha sido
de inmovilismo. El Gobierno ha adoptado algunas
medidas prácticas como revaluar y ajustar
las inversiones de las desmesuradas obras de la
"Batalla de Ideas"; pagar las deudas
estatales acumuladas con los campesinos privados,
ascendientes a decenas de millones de dólares;
elevar hasta en un 250% los precios "de acopio"
que pagaba el Estado a los productores privados
de leche y carne; o flexibilizar la política
aduanera para importar artículos electrodomésticos,
DVD y computadoras por quienes regresan de un
viaje.
Medidas insuficientes y casi invisibles, pero
que en Cuba tienen dimensión política,
pues revierten decisiones que también eran
políticas. Hace algunos meses, por iniciativa
de Raúl, el Partido Comunista pidió
que empresas y autoridades locales hicieran un
diagnóstico de los problemas principales
y de las medidas económicas que podrían
adoptarse, sin invertir, para aumentar la productividad
y la eficiencia. La orientación fue presentar
cualquier propuesta, hasta las más "audaces".
Los resultados arrojaron que el problema que
más constriñe la economía
es la hipercentralización, que ha hecho
a las empresas perder márgenes de autonomía.
Dirigentes de fábricas, hoteles, compañías
de transporte y otros sectores fueron consultados,
y el reclamo fue unánime: descentralizar,
vincular el salario con los resultados del trabajo,
cooperativizar servicios como la gastronomía.
También, la necesidad de revisar los límites
de la propiedad estatal.
¿Cuál es la línea roja?
¿Hasta dónde está dispuesto
o puede llegar Raúl Castro en la actual
coyuntura? Después de tanto tiempo del
mismo modelo de socialismo, mucha gente es escéptica
y dice que lo que haga Raúl es sólo
para ganar tiempo. Otros aseguran que no, que
a sus 76 años, el hermano de Fidel es consciente
de que su papel es iniciar y tutelar unos cambios
que son vitales para la subsistencia de la revolución
y preparar una nueva etapa que no llevará
el apellido Castro. Como en los noventa, el momento
es clave. Se decide el futuro. José Martí,
héroe nacional y el prócer más
citado en Cuba, dijo: "En la política,
lo real es lo que no se ve". Es una realidad
que en la sociedad cubana, la transición
comenzó hace tiempo.
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