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Artistas
de Cuba y España juntan ironía y realidad en la
Casa de América
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Madrid, 27 jul (EFE).- La ironía y la
realidad juntan la inspiración de Elio
Rodríguez y "Martín y Sicilia",
tres de los artistas que protagonizan la exposición
"Arte, sátira y subversión"
en la Casa de América de Madrid hasta el
9 de septiembre próximo.
Rodríguez es del Barrio Chino de La Habana;
los otros dos del archipiélago español
de las Islas Canarias, el punto "más
sureño y latino" de Europa. Por amor
al arte, decidieron viajar a Madrid, donde también
se trasladó el cubano, por el amor de una
mujer.
Cada uno de los artistas tiene un objetivo de
estudio muy claro.
Rodríguez declara centrarse en los "clichés"
con los que se identifica el mundo caribeño:
"no hay estereotipos ni peores mi mejores,
todos son fatales cuando se piensan como verdades
absolutas", explicó a Efe, al aclarar
que "para entender una cultura hay que quitarse
esos estereotipos y ver la diversidad".
En cambio, las creaciones de Martín y
Sicilia "están todas hablando de lo
mismo, del miedo", afirmó el dúo,
que subrayó como en "Plan B",
una de las dos instalaciones, el tema "se
trata de un modo paródico e irónico",
al protagonizar la obra con ocho personajes que
apuntan a algo desconocido con armas de juguete.
Dos experiencias artísticas que se encuentran
en el mismo lugar físico y que tienen mucho
en común.
En efecto, los tres no prescinden de la realidad,
sino que la hacen fuente directa de su reflexión
y de ella alimentan su inspiración. Este
sutil hilo conductor se enriquece además
con una relación muy estrecha con el espectador
y con la preocupación por las problemáticas
humanas y sociales.
Según Elio Rodríguez, los clichés
limitan una buena interpretación de la
realidad e impiden la expresión y la comprensión
de la verdadera esencia de cosas, personas y culturas.
Éste es el eje de series serigráficas
como "Las perlas de tu boca" o "Remakes",
obras en las que el cromatismo vivaz se une a
la iconografía de los carteles cinematográficos
de los años 60.
Mulatas hermosas y hombres gallardos pueblan
estas imágenes, al burlarse también
de los estereotipos sexuales, como en "Gone
with the Macho", y culturales, como en los
cuadros de la serie "Cubanísimas",
en la que personajes típicamente caribeños
están rodeados por "símbolos"
isleños, como botellas de ron, automóviles
de los años 50, aguacates y cocos, banderas
y escudos, puros y boinas.
El cubano explicó que se acerca al espectador
"hablando el mismo idioma, con códigos
que él entienda" y por eso usa "iconografías
a las que ya está acostumbrado", aunque
cambia "algunas cosillas" para que el
público se identifique y se sorprenda al
mismo tiempo.
La "identidad" y la valorización
de la "diversidad" son pues conceptos
clave para identificar el objetivo de su búsqueda
artística, que nunca logra al final, sino
que plantea la duda en el espectador al "parodiar
y jugar con las tradiciones".
Rodríguez admitió que escogió
la parodia como herramienta artística porque
no le "gustan las obras de arte aburridas",
sino las que "entretengan, aunque digan cosas
importantes y serias", como sí hacen
las que expone en Madrid.
Muy diferente es la figuración de José
Arturo Martín, de 33 años, y de
Javier Sicilia, 36, quienes advirtieron de que
"la primera característica de los
seres humanos en nuestras obras es que somos Sicilia
y Martín que representan a Sicilia y Martín".
"Somos actores de nuestras obras -aclaró
el dúo-. Hemos creado dos personajes que
viven aventuras y desventuras y nos vamos poniendo
diferentes disfraces, dependiendo de lo que queramos
contar".
Lo que más les ocupa es el tema del miedo,
del otro y del desconocido. Esto nos cuenta "Temporada
alta", un cuadro intenso en el que los dos
atrancan las puertas de su habitación al
mirar uno de ellos hacia una luz de procedencia
ignota.
"Gente en sociedades superavanzadas que
tiene miedo de algo que viene", reflexionan,
al aclarar que "por eso hablamos de las fronteras,
de las barreras intelectuales y culturales que
nos ponemos nosotros mismos".
Con estas obras, los artistas intentan "que
se despierte cierta curiosidad en el espectador",
pero sin hacer "fundamentalismo democrático,
ni político", sino hablando de temas
serios con ironía.
Es ésta quizá la razón por
la que, al entrar en la sala y al enfrentarse
con los militares muy poco marciales de la instalación
"El brindis", el sentido del ridículo
se vuelve amargo en un instante.
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