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Manual
de realidades
Raúl Rivero, El
Nuevo Herald, 29 de julio de 2007.
Madrid -- Los sitios que indica con precisión
esta guía para conocer la isla de Cuba
son los que el gobierno y su sistema de propaganda
se empeñan en sepultar, disimular, edulcorar
--cuando no queda más remedio-- para que
nadie vea hasta dónde llega el tajazo de
la penuria y la represión.
El viaje al que convida es subterráneo.
Los paisajes son tristes y la música que
propone en las estancias pobres señalizadas
es casi fúnebre. Sonoridades del guaguancó
o de Guantanamera que los cubanos relacionan con
el número 83, tragedia en la charada china.
O con el 8, muerte. Y con todas las vocales y
las consonantes de las palabras abandono, fracaso
y socialismo que la vida real han convertido en
sinónimos.
Es una guía paralela. Una descripción
de regiones urbanas y rurales que el oficialismo
trata de sumir en las oscuridades. El libro es,
en definitiva, un plano cerrado de la gente que
lucha y sufre, mientras en las pistas de los cabarés
las mulatas, salpicadas de puntos brillantes y
plumajes de cartón en la cabeza, mueven
las caderas montadas en cajas de bolas y los coros
de las orquestas --profesionales y bien acoplados--
quieren convencer a los viejos europeos enganchados
a muchachas jóvenes de que no hay que llorar
porque la vida es un carnaval.
Acaba de ser publicado por la editorial valenciana
Aduana Vieja. Sus autores son dos españoles:
María Angeles Altozano y Ricardo Carreras.
Ellos hacen el trabajo de promoción de
la guía desde una institución, con
sede en Zaragoza, que se llama Solidaridad Española
con Cuba.
Si vas a Cuba, ve bien, dice en su página
inicial el cuaderno. En definitiva, les sugiere
a los turistas que no se queden con la alegría
de carrusel y ventú del Ministerio de Cultura.
Que no se queden con la imagen que les impone
el comunismo a cambio de unos euros en hoteles,
playas, restaurantes donde el cubano de la calle
y la acera, el hombre común de bicicleta
y cartilla de racionamiento, nada más que
puede entrar como camarero para servir al extranjero,
o como policía, para vigilarlo.
La Guía turística y solidaria incluye
las direcciones de los familiares de los presos
políticos, fotos de ellos y de sus familiares,
así como detalles del trabajo de la incipiente
sociedad civil cubana provincia por provincia.
Están el santo y seña de los lugares
donde funcionan las agencias de prensa independientes
y los nombres de los principales representantes
de ese movimiento. La ubicación de las
bibliotecas libres, las agrupaciones de derechos
humanos y las de algunas iglesias donde pueden
dejar donaciones y mensajes de apoyo.
Los autores tienen la delicadeza de indicar a
los turistas que los libros que mejor aceptación
tienen en esa otra Cuba son la literatura clásica
española, constituciones de países
democráticos y biografías de Adolfo
Suárez y Gandhi.
Ofrecen una lista de temas muy interesantes acerca
de la realidad cubana. Ahí está
la pugna de Cuba contra Corea del Norte a ver
cuál tiene la menor tasa de penetración
de internet. Al menos en América, Cuba
gana de calle con un 0.9.
Es una proposición inteligente y abarcadora.
Un libro muy bien acogido en España donde,
a juicio de muchos observadores, en la mayoría
de la población y en los medios de prensa
de verdadera importancia la dictadura ha perdido
terreno y se queda en soledad con unos viudos
del comunismo que ya aprendieron a conformarse
con ponerse una boina llena de estrellas rojas
y salir con unas pancartas a disfrutar de un banquete
de catibía insustancial enriquecida con
soja.
Esta guía especial ayuda a las personas
a visitar en un mismo tiempo dos países.
Uno de verdad. El otro, un invento de los pícaros
para quedarse en el poder.
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