PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 30, 2007

SOCIEDAD
Un pillo de cuidado (I parte)

Juan González Febles

LA HABANA, julio - (www.cubanet.org) - Los pillos resultan simpáticos, cuando no cruzan la línea que separa lo humorístico de lo vil; los estafadores, lo son para muchos aunque no para sus víctimas. Dicen que tras cada víctima de estafa, se esconde un estafador frustrado. Devienen víctimas por andar a la caza de gangas o cualquier ganancia fantasiosa.

La magia del estafador consiste en dar gato por liebre, pero deberá hacerlo con clase. Roberto R. Acevedo es un estafador de éxito. Alguien que se cae y se levanta.

El hombre tuvo un percance y su propia gente del Ministerio del Interior lo metió en la cárcel. Trabajaba para la Inteligencia castrista en países de Latinoamérica. Allí se ocupaba de la selección y captación de los becarios para la Escuela Latinoamericana de Medicina.

Su trabajo era buscar los mejores. Por supuesto, no se trataba de localizar prospectos que devinieran los mejores médicos. El debía seleccionar a aquellos, que se convirtieran en los mejores agentes para el aparato de Inteligencia castrista, que no es lo mismo aunque parezca igual.

Entonces se escachó: decidió extorsionar, cogerle un poquito de dinero a cada prospecto de médico-agente, o de agente-médico, que nunca se sabe. La gracia le costó la expulsión deshonrosa del Ministerio del Interior y dieciocho años en una cárcel. Eso sí, con consideraciones y una pequeña posibilidad de redención.

Lo de la redención, merece una pequeña explicación. Un régimen como el castrista, regularmente aniquila y no redime. No existe rehabilitación ni reinserción en la sociedad para los egresados de las cárceles.

No obstante, los esbirros de determinadas áreas de trabajo en el Ministerio del Interior, mantienen ciertas ventajas en la caída. Pasan a ser delatores "de confianza". Se convierten en cabezas de ciertos negocios sucios. El juego ilícito, las drogas y la distribución mayorista en el mercado negro, están en manos de personas como estas.

Acevedo ganó un "espacio" a partir de una serie de trabajitos menores que realizó en la cárcel. Más adelante y ya casi en proceso de limpieza total, prestó nuevos servicios y redactó otros trabajitos. Estos estuvieron dirigidos contra aquellos que la policía de Seguridad del Estado escogió para la ocasión.

Si se es condescendiente, los trabajitos podrían ser enmarcados en el género epistolar. Como fueron entregados a domicilio desde motocicletas, vamos a tomarnos la licencia de llamarlos en adelante, "las moto e-pistolas de Robertico".

Las moto e-pistolas están concebidas en el conocido estilo plagado de adjetivaciones y parrafadas interminables propio del diario oficialista Granma.

Robertico -el tipo es simpático- la emprendió contra un grupo de relevantes figuras del liderato opositor. No dejó títere con cabeza. En la medida que atacaba a unos, defendió a otros. No me consta que alguno de los defendidos haya solicitado este servicio.

En otro momento, esto pudo crear confusiones. Me refiero al lógico cuestionamiento de por qué unos sí y otros no. Pero tanta agua pasó por estos puentes, que no sirvió. No hubo ni recelos ni recriminaciones a partir de su empeño.

Robertico firmó sus moto e-pistolas como, "Ex preso político cubano". Para comprenderlo, lo primero que se impone es analizar esa condición de "Ex preso político".

Sobre el particular, el activista Marcelo López Bañobre, miembro de la Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, prisionero de conciencia y miembro del Grupo de los 75, nos aclara:

"El (Robertico) estaba en el Combinado del Este cumpliendo una condena, creo que de dieciocho años. Se acercó a mí y se autodeclaró preso político. Le pedí la copia de la sentencia y nunca me la dio. Se puso evasivo y nunca habló con claridad sobre la esencia de su delito. Siempre decía que su 'causa era muy enrevesada' y por alguna razón no se debía hablar de eso".

Robertico necesitaba ser avalado como preso político, para poder dedicarse a lo que sería su negocio, una vez en libertad: la venta de avales de preso político.

El aval es una declaración, usada para demostrar la condición de perseguido político. Esta condición abre las posibilidades para obtener visa de emigrante como perseguido político.

Para ser efectivo, el aval debe contar como mínimo, con la firma de personalidades con prestigio y méritos incuestionables.

La venta de avales fue un negocio de la policía de Seguridad del Estado para desacreditar a la oposición interna.

En la segunda entrega de este trabajo, seguiremos la saga de este singular sujeto y también en que quedó su floreciente negocio de venta de avales y las moto e-pistolas.

jgonzafeb@yahoo.com


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