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SOCIEDAD
Un pillo de cuidado (I parte)
Juan González Febles
LA HABANA, julio - (www.cubanet.org) - Los pillos
resultan simpáticos, cuando no cruzan la
línea que separa lo humorístico
de lo vil; los estafadores, lo son para muchos
aunque no para sus víctimas. Dicen que
tras cada víctima de estafa, se esconde
un estafador frustrado. Devienen víctimas
por andar a la caza de gangas o cualquier ganancia
fantasiosa.
La magia del estafador consiste en dar gato por
liebre, pero deberá hacerlo con clase.
Roberto R. Acevedo es un estafador de éxito.
Alguien que se cae y se levanta.
El hombre tuvo un percance y su propia gente
del Ministerio del Interior lo metió en
la cárcel. Trabajaba para la Inteligencia
castrista en países de Latinoamérica.
Allí se ocupaba de la selección
y captación de los becarios para la Escuela
Latinoamericana de Medicina.
Su trabajo era buscar los mejores. Por supuesto,
no se trataba de localizar prospectos que devinieran
los mejores médicos. El debía seleccionar
a aquellos, que se convirtieran en los mejores
agentes para el aparato de Inteligencia castrista,
que no es lo mismo aunque parezca igual.
Entonces se escachó: decidió extorsionar,
cogerle un poquito de dinero a cada prospecto
de médico-agente, o de agente-médico,
que nunca se sabe. La gracia le costó la
expulsión deshonrosa del Ministerio del
Interior y dieciocho años en una cárcel.
Eso sí, con consideraciones y una pequeña
posibilidad de redención.
Lo de la redención, merece una pequeña
explicación. Un régimen como el
castrista, regularmente aniquila y no redime.
No existe rehabilitación ni reinserción
en la sociedad para los egresados de las cárceles.
No obstante, los esbirros de determinadas áreas
de trabajo en el Ministerio del Interior, mantienen
ciertas ventajas en la caída. Pasan a ser
delatores "de confianza". Se convierten
en cabezas de ciertos negocios sucios. El juego
ilícito, las drogas y la distribución
mayorista en el mercado negro, están en
manos de personas como estas.
Acevedo ganó un "espacio" a
partir de una serie de trabajitos menores que
realizó en la cárcel. Más
adelante y ya casi en proceso de limpieza total,
prestó nuevos servicios y redactó
otros trabajitos. Estos estuvieron dirigidos contra
aquellos que la policía de Seguridad del
Estado escogió para la ocasión.
Si se es condescendiente, los trabajitos podrían
ser enmarcados en el género epistolar.
Como fueron entregados a domicilio desde motocicletas,
vamos a tomarnos la licencia de llamarlos en adelante,
"las moto e-pistolas de Robertico".
Las moto e-pistolas están concebidas en
el conocido estilo plagado de adjetivaciones y
parrafadas interminables propio del diario oficialista
Granma.
Robertico -el tipo es simpático- la emprendió
contra un grupo de relevantes figuras del liderato
opositor. No dejó títere con cabeza.
En la medida que atacaba a unos, defendió
a otros. No me consta que alguno de los defendidos
haya solicitado este servicio.
En otro momento, esto pudo crear confusiones.
Me refiero al lógico cuestionamiento de
por qué unos sí y otros no. Pero
tanta agua pasó por estos puentes, que
no sirvió. No hubo ni recelos ni recriminaciones
a partir de su empeño.
Robertico firmó sus moto e-pistolas como,
"Ex preso político cubano". Para
comprenderlo, lo primero que se impone es analizar
esa condición de "Ex preso político".
Sobre el particular, el activista Marcelo López
Bañobre, miembro de la Comisión
Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación
Nacional, prisionero de conciencia y miembro del
Grupo de los 75, nos aclara:
"El (Robertico) estaba en el Combinado del
Este cumpliendo una condena, creo que de dieciocho
años. Se acercó a mí y se
autodeclaró preso político. Le pedí
la copia de la sentencia y nunca me la dio. Se
puso evasivo y nunca habló con claridad
sobre la esencia de su delito. Siempre decía
que su 'causa era muy enrevesada' y por alguna
razón no se debía hablar de eso".
Robertico necesitaba ser avalado como preso político,
para poder dedicarse a lo que sería su
negocio, una vez en libertad: la venta de avales
de preso político.
El aval es una declaración, usada para
demostrar la condición de perseguido político.
Esta condición abre las posibilidades para
obtener visa de emigrante como perseguido político.
Para ser efectivo, el aval debe contar como mínimo,
con la firma de personalidades con prestigio y
méritos incuestionables.
La venta de avales fue un negocio de la policía
de Seguridad del Estado para desacreditar a la
oposición interna.
En la segunda entrega de este trabajo, seguiremos
la saga de este singular sujeto y también
en que quedó su floreciente negocio de
venta de avales y las moto e-pistolas.
jgonzafeb@yahoo.com
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