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Para
que siempre no sea 26
Oscar Peña, El Nuevo Herald,
27 de julio de 2007.
Araíz del 26 de julio, fecha símbolo
del inicio de la noche cubana más larga,
debemos todos los cubanos tener una confesión
sincera de errores, debilidades e irresponsabilidades
y quizás el ejercicio nos pueda ayudar
a nutrirnos cívicamente para ser mejores
ciudadanos.
Expresemos todos. Fallaron muchos de nuestros
abuelos y padres en:
o No triunfar en política nacional como
lo hicieron en los otros renglones en la Cuba
de ayer. La Constitución del 40 era virtuosa,
pero no fue respetada y sostenida.
o No curar el desorden, corrupción, gangsterismo
y crimen que enfermaba a Cuba en la década
del 40 y 50.
o La preponderancia de líderes exaltados,
demagogos y amantes de la violencia.
o Ser indiferentes ante la grave herida que se
le hizo a la democracia cubana en 1952, en vísperas
de unas elecciones presidenciales.
o Aprobar el Tribunal Supremo de Cuba en 1933
el salvajismo de que la revolución era
fuente de derechos. No se pudo considerar inconstitucional
la denuncia del golpe de estado de Fulgencio Batista
y sus colaboradores porque ellos se autoproclamaban
revolucionarios. Después sucedió
igual con los de 1959.
o Al fracasar el diálogo cívico
promovido en 1956 entre los partidos políticos
y el régimen de Fulgencio Batista para
pactar unas elecciones con garantías y
cerrarle el camino a la violencia que encabezaba
Fidel Castro, muchos optaron por las balas, el
crimen político, la Sierra Maestra, el
bono del 26, la radio rebelde, el caos, y no por
el diálogo, las negociaciones políticas
y el voto.
o Al embriagarse con Fidel Castro y creer que
podía existir en él la verdad absoluta,
la ética perfecta, y considerarle atributos
de un todopoderoso.
o Al ser superficiales, no revolucionarios traicionados.
o Al aceptar la división de las familias
por diferencias políticas.
o Al creerse que triunfaban cuando eran designados
para posiciones para las que no tenían
la preparación adecuada.
o Al poner a sus hijos una careta igual a la
de ellos.
o Al entregar sus vidas, sacrificios, esfuerzos
y endurecérseles el corazón sólo
para alimentar el ego de un hombre y el engendro
de una feroz dictadura para el país.
Ahora expresemos que fallamos muchos de sus hijos
y nietos en:
o También dejarnos embrujar por la demagogia,
la retórica, los falsos principios, el
libertinaje y desorden que tuvo la familia y el
hogar a partir de 1959.
o Al acostumbrarnos a la dictadura, la desilusión,
el dogmatismo y el acatamiento absoluto.
o Ser miembros de las organizaciones del régimen.
o Depender para todo del Estado, sin percatarnos
de lo que nos quitaban a cambio.
o Ir a guerras de otros países y no luchar
por la libertad en el nuestro.
o Aplaudir que metieran en prisión y prohibieran
vender sus mercancías a los campesinos
independientes, artesanos y otros empresarios
particulares que nos posibilitaban comer y vestirnos
mejor.
o No percatarnos de que hay países que
tienen derecho a la salud pública y la
educación gratuita y tienen libertad económica,
política y social.
o No sensibilizarnos profundamente con las largas
prisiones y el maltrato a otros.
o Dejarnos utilizar como relleno de actos políticos
en la plaza y en el malecón habaneros,
inclinando la cabeza y aplaudiendo siempre.
o Asistir a los actos de repudio a otras personas
por sólo querer irse del país o
pensar distinto.
o Ir a las reuniones de la circunscripción
del Poder Popular y hablar sólo sobre cosas
sin importancia y no hablar de todo lo que nos
quejamos en nuestras casas.
o Asistir y votar en elecciones electas e imaginarias.
o Creer que el embargo económico de Estados
Unidos era el motivo de nuestros problemas.
o Dejarnos considerar ciudadanos de segunda al
lado de los extranjeros.
o Llenarnos de vulgaridad en el hablar.
o Creer las injurias que decía el régimen
sobre los disidentes, los presos políticos
y los exiliados.
o Generalizar y no entender que hay cubanos malos
y buenos en las dos partes.
o Ajustarnos más la careta de revolucionarios
para trabajar en el turismo y en las empresas
mixtas con extranjeros.
o Ser víctimas-victimarios.
o Decir siempre sí cuando el alma y el
corazón decían no.
o Creer que el país era Fidel Castro.
o Irnos de Cuba.
o Quedarnos con miedo.
De nada vale confesar faltas sin comprometernos
a cambiar. Trataremos que la vida asfixiante y
gris de la Cuba de estos largos años sea
la mejor escuela ciudadana que hemos recibido
los cubanos para ser mañana un mejor pueblo
al que nunca más se le reseque la vida.
Trataremos que, al agonizar el castrismo, agonicen
también nuestros errores. Trataremos de
entender que la libertad y la democracia --que
viene en camino penosamente no por nuestro esfuerzo
ciudadano mayoritario, sino por el desgaste del
largo tiempo, el desgano del país, porque
el comunismo no tiene nada que ver con la naturaleza
humana, y las leyes de la biología para
los gobernantes impuestos-- no será tener
anarquía y libertinaje; no será
tener carro, casa, fiestas, comida y derechos.
Será también tener deberes, amor
al país, trabajar y tener disciplina laboral,
respetar lo ajeno, las leyes aprobadas, los derechos
del que piensa distinto y cumplir con el pago
de los impuestos para que el país pueda
mantener un funcionamiento óptimo y sostenido.
Roguemos todos porque nuestro herido pueblo y
sus hijos evolucionemos.
oscarpenacuba@aol.com
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