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Deserciones,
la cara más amarga del deporte en Cuba
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La Habana, 25 jul (EFE).- La deserción
de cuatro deportistas en los Panamericanos de
Río ha vuelto a poner de actualidad la
cara más amarga del deporte cubano y uno
de los temas más delicados para el régimen
de la isla, que responsabiliza a EEUU y al modelo
capitalista de los abandonos de sus atletas.
El propio Fidel Castro, convaleciente desde hace
un año de una grave enfermedad que le mantiene
apartado de las tareas de Gobierno, rompió
esta semana el silencio oficial sobre las deserciones
para acusar de "traición" a los
deportistas.
Hasta ahora, se han confirmado las deserciones
en Río de los boxeadores Guillermo Rigondeaux
y Erislandy Lara Santoya, del jugador de balonmano
Rafael Da Costa Capote y del segundo entrenador
del equipo de gimnasia, Lázaro Lamelas.
La de Ringondeaux, de 26 años, bicampeón
olímpico y mundial de peso gallo, un ídolo
entre los aficionados de la isla, ha sido probablemente
la decisión que más ha molestado
a las autoridades cubanas porque era una de las
máximas estrellas de la delegación.
"Sencillamente los noquearon con un golpe
directo al mentón, facturado con billetes
norteamericanos. No hizo falta conteo alguno de
protección", afirmó Castro
en un artículo tras conocer las deserciones
Rigondeaux y Lara.
"La traición por dinero es una de
las armas predilectas de Estados Unidos para destruir
la resistencia de Cuba", denunció.
Las deserciones de Río se suman este año
a las de dos jugadores de voleibol masculino,
en Bulgaria, en mayo, y a las de dos futbolistas
que se quedaron en EEUU durante la Copa de Oro
de la Concacaf, en junio, de las que no se ha
informado oficialmente en la isla.
El asunto sigue siendo prácticamente un
tema tabú en Cuba, donde el deporte se
considera uno de los mayores logros revolucionarios
y se ha sustituido la categoría profesional
por un llamado "profesionalismo de Estado"
como el que se mantuvo en el bloque soviético.
Los deportistas de la isla perciben un salario
en pesos cubanos -que normalmente no supera los
20 dólares mensuales-, que algunos completan
con estímulos en divisas y ciertos "privilegios",
como el derecho a la propiedad de un coche o una
vivienda.
Para evitar las deserciones, que comenzaron a
principios de los años 60, poco después
del triunfo de la revolución, las autoridades
cubanas suelen desplegar fuertes dispositivos
de vigilancia en las confrontaciones internacionales.
Aún así, no pudieron evitar los
42 abandonos en los Centroamericanos de 1993,
que se celebraron en Ponce (Puerto Rico), ni los
13 de los Panamericanos de Winnipeg (Canadá)
en 1999, donde el presidente del Comité
Olímpico Cubano, José Ramón
Fernández, denunció la presencia
de "agentes" dedicados a incitar a los
deportistas de su país a la deserción.
La lista de deserciones se estrenó en
1961, en el Campeonato Mundial de Béisbol
que se disputó en San José (Costa
Rica), donde el entrenador Clemente "Sungo"
Carreras y otros dos funcionarios de la delegación
optaron por no regresar mientras cuatro de los
jugadores fueron fichados para el béisbol
profesional.
Cinco años después, la llamada
Delegación de la Dignidad que asistió
a los X Juegos Centroamericanos y del Caribe en
San Juan de Puerto Rico, regresó a La Habana
con dos atletas y un entrenador menos.
El mayor volumen de deserciones se registra en
el béisbol, debido al trabajo de los llamados
"cazatalentos" de las Grandes Ligas
y a la calidad de los jugadores cubanos.
El lanzador René Arocha fue uno de los
primeros beisbolistas que desertó durante
una visita a EEUU preparatoria para los Panamericanos
de 1991.
Desde entonces, han sido decenas los jugadores
que han probado suerte en el béisbol profesional,
en su mayoría en equipos estadounidenses,
como los populares hermanos Hernández,
Orlando, apodado el "Duke", y Liván;
José Ariel Contreras; Kendry Morales, que
abandonó la isla en 2004, y el joven Kenny
Rodríguez, que desertó en 2005.
Las deserciones entre los boxeadores empezaron
más tarde, aunque también han sido
frecuentes.
La más sonada se produjo en diciembre
de 2006, cuando tres campeones olímpicos
desertaron en Venezuela atendiendo a proposiciones
de promotores alemanes.
Algunos de los más reconocidos voleibolistas
cubanos han buscado también su futuro fuera
de la isla, como Javier González, que se
quedó en Italia en 2005, siguiendo los
pasos de seis compañeros suyos que habían
desertado en 2001 en Bélgica para hacer
carrera en la liga italiana.
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