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SOCIEDAD
Como buen fariseo
Guillermo Fariñas Hernández,
Cubanacán Press
SANTA CLARA, julio (www.cubanet.org) - Teresa
nació en El Condado, Santa Clara. Siempre
vivió en El Condado Light, como le gustaba
decir al ex preso político Iván
Lemas Romero, exiliado. Porque en esa parte del
bario marginal se está más cerca
del céntrico parque Leoncio Vidal que del
siempre belicoso y "lleno de negros"
Asilo de Ancianos.
La familia de Teresa Muñoz, d origen pequeño-burgués
(según el léxico del marxismo- leninismo).
Las nacionalizaciones decretadas por el gobierno
revolucionario afectaron los negocios de los abuelos
de Teresa. Los padres se integraron a los nuevos
tiempos socialistas a través de la Campaña
de Alfabetización desde 1961.
En la escuela secundaria básica José
Antonio Echeverría, Teresita recibió,
en abril de 1975, el carné de la Unión
de Jóvenes Comunistas, que llenó
de orgullo a ella y sus padres. La alegría
terminó cuando llegó el momento
de irse a trabajar en el campo. La muchacha padecía
de hemofilia y solicitó a sus compañeros
que le permitieran no asistir. De niña
había perdido dos cursos escolares debido
a la enfermedad. Entonces ardió Troya.
Se le acusó de "debilidad ideológica",
y se le conminó a que definiera su posición
con respecto a su asistencia o no al campamento
agrícola Las Jimaguas.
Pablo Orlando Moya, que reside en Miami desde
hace unos años, fue el máximo inspirador
de aquel circo romano donde se acusó a
Teresa, que fue separada de las filas de la UJC.
Las conclusiones del aquel juicio político
estuvieron a cargo de la directora de la escuela,
Nélida Nardo. Teresa quedó marcada,
y terminados sus estudios secundarios, no le permitieron
estudiar en la Universidad Central de Las Villas
la carrera de Arquitectura porque su expediente
político estaba "manchado". Quiso
estudiar en el Instituto Superior Pedagógico
Félix Varela, y también le fue negado.
Por eso a Teresita Muñoz le indignaron,
las reflexiones del Comandante en Jefe publicadas
en el periódico Granma el pasado 11 de
julio, donde Castro reconoce, entre otras cosas
que "el trabajo físico no genera por
si mismo una conciencia en los jóvenes.
Cada trabajador es diferente si padece de alguna
discapacidad".
Teresa, con dos de hijos y una nieta, expresa
sobre las reflexiones del comandante: "Se
está muriendo, por eso escribe su testamento
político a diario, para no quedar ante
la historia como el hombre dogmático que
fue toda su vida. Ya comenzó a pedir públicamente
disculpas a Dios, como todo buen fariseo".
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