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CULTURA
¡Qué chasco!
Aimée Cabrera
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Si se hiciera
una encuesta objetiva, donde los participantes
hablaran sinceramente sobre los criterios de los
televidentes con respecto a la telenovela ¡Oh,
la Habana! (pasa por el canal de más audiencia
en días alternos), estoy segura de que
prevalecerían las opiniones desfavorables.
Poco antes de que comenzara a transmitirse, varios
actores que actúan en la misma fueron entrevistados
y mostraron gran entusiasmo, lo cual generó
interés e ilusión entre los televidentes.
Esta telenovela, escrita por el fallecido dramaturgo
Abraham Rodríguez y dirigida por Charly
Medina, creó expectativas positivas para
los que recordaban materiales anteriores del mismo
escritor, los cuales en su momento fueron muy
bien recibidos por el publico.
Se dice que su guión estuvo engavetado
durante cinco años, quizás sea esta
la razón por la cual existen personajes
y situaciones faltas de gancho o actualidad, a
pesar de que pretende reflejar la vida de La Habana
de hoy.
Es difícil escuchar criterios favorables
a esta telenovela. "La novela no es bonita,
pero es muy real, tiene de todo lo malo que nos
disgusta" -dice una televidente.
Otros prefieren callarse, como si temieran verse
retratados en estos personajes, cuyas actitudes
frustrantes y a veces negativas les provocan depresión
e impotencia.
La esposa ansiosa de divorciarse de un marido
que continuamente le recuerda cuánto la
ha ayudado, o la salpicona que utiliza todo tipo
de artimañas para sonsacar al apuesto divorciado
del vecindario, no aportan nada. Igualmente aburren
los jóvenes marginales que viven del contrabando,
o el viejo verde locutor de radio cuya prosopopeya
parece más digna de otros siglos que del
mundo contemporáneo cubano.
Los televidentes que ha visto más de 40
capítulos de ¡Oh, La Habana!, siguen
viéndola, con indiferencia. La ven porque
no hay más nada, con la certeza de que
la historia del culebrón nunca llegará
a atraparlos.
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