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Raúl
Castro, el hermano pragmático
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La Habana, 24 jul (EFE).- Raúl Castro,
que durante cerca de medio siglo siguió
la estela de su hermano Fidel, afronta a los 76
años el reto de asegurar el futuro de la
revolución con la disyuntiva de optar entre
el inmovilismo y la renovación.
Sucesor designado de Fidel casi desde el triunfo
del ejército rebelde, en enero de 1959,
Raúl Castro supo mantenerse en un segundo
plano para desempeñar su papel de ministro
de las Fuerzas Armadas y cubrir las espaldas de
su hermano en los malos tiempos.
El 31 de julio de 2006, por primera vez en la
historia de la revolución, asumió
provisionalmente el poder debido a la grave enfermedad
del líder cubano.
Desde entonces, arropado por seis "pesos
pesados" del Partido Comunista y del Gobierno
de la confianza de Fidel Castro, se enfrenta a
la difícil tarea de conducir las riendas
del país sin hacer sombra al comandante
en jefe.
Considerado más pragmático pero
menos carismático que su hermano, durante
su primer año de gestión ha mantenido
una política continuista, aunque con un
nuevo estilo marcado por escasas intervenciones
públicas y mensajes breves y concretos.
"Cuando alguien trata de imitar, fracasa",
afirmó el pasado diciembre, durante un
acto con jóvenes comunistas en el que dibujó
las líneas de un modelo basado en decisiones
colegiadas entre los cuadros del Partido y el
Gobierno.
En este periodo ha expresado su propósito
de combatir la corrupción y buscar soluciones
a los problemas cotidianos de la población,
ha pedido cuentas a los ministros en público
y ha relevado a los titulares de cuatro importantes
ministerios.
Pero no ha logrado cambios significativos en
el día a día de los cubanos y las
reformas económicas que muchos esperaban
del general Castro no se han producido.
Pese a su fama de hombre duro y ortodoxo, a él
se deben algunas de las medidas aperturistas adoptadas
por el régimen en momentos críticos.
En 1994, en pleno periodo especial, impulsó
la apertura de los mercados libres campesinos
para garantizar los alimentos a la población:
"hoy valen más los fríjoles
que los cañones", dijo entonces.
Ahora, su mayor reto es mejorar la economía
y corregir las desigualdades reconocidas por el
propio sistema sin alterar los principios de la
revolución.
Una revolución en la que ha jugado un
papel decisivo como primer vicepresidente de los
Consejos de Estado y de Ministros, segundo secretario
del Comité Central del Partido Comunista
de Cuba (PCC) -puesto creado expresamente para
él- y ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias
(FAR).
Bajo su dirección, las FAR han servido
tanto para defender al país militarmente
como para garantizar su supervivencia económica
tras el desplome del bloque soviético.
Sus "soldados-empresarios" se formaron
en escuelas internacionales de negocios y tejieron
una red de compañías para hacer
rentables sectores económicos claves.
"Nos esforzamos por aportar ingresos mediante
el redimensionamiento y la reorientación
de las producciones y servicios del sistema empresarial
de las FAR, con el empleo de las técnicas
de gestión más modernas, perfectamente
aplicables en una economía socialista",
declaró en 2001, en una de las pocas entrevistas
que ha concedido en su vida.
El "Ministro", como se le conoce en
el ámbito militar, cuenta con el apoyo
sin fisuras de la cúpula del Ejército,
según el analista canadiense Hal Keplak,
autor de uno de los más reconocidos libros
sobre el ejército cubano, "Cuba's
Military 1990-2005", que no circula en la
isla.
"Raúl ha sido y es un extraordinario
forjador de cuadros (...) es un hombre sumamente
organizado, ordenado, sistemático, exigente,
que predica con el ejemplo", explicaba en
una entrevista el general retirado José
Ramón Fernández.
"Es un revolucionario que conjuga muy bien
lo político con lo militar", según
el general Ramón Espinosa, que fue jefe
del Ejército Oriental.
La cúpula del Ejército, que ronda
los 60 años de media, ve en Raúl
Castro a un jefe capaz de conducir con éxito
el rumbo de la revolución, aunque su avanzada
edad obliga a plantearse el tema del relevo generacional.
Raúl Castro no ha dejado de lado este
problema.
"Nosotros estamos concluyendo el cumplimiento
de nuestro deber, hay que darle paso a nuevas
generaciones o seguirle abriendo paso a nuevas
generaciones, paulatinamente", afirmó
en diciembre.
En su equipo cuenta con dirigentes que pueden
establecer un puente hacia esas nuevas generaciones,
como el vicepresidente Carlos Lage, de 55 años,
o el canciller, Felipe Pérez Roque, de
42.
Castro enviudó el pasado junio de Vilma
Espín, su compañera desde la lucha
en la Sierra Maestra, con quien tuvo cuatro hijos:
Mariela, Nilsa, Deborah y Alejandro.
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