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Cuba
sin cambios pero con desafíos a un año sin Fidel
y con Raúl
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LA HABANA, 24 (AFP) - Cuba cumple un año
de ausencia de Fidel Castro en el poder, sin sobresaltos
ni cambios perceptibles, bajo la duda de cuánto
más durará el interinato del gobierno
de su hermano Raúl, y el apremio de aliviar
las carencias de la población.
La fiesta patria del 26 de julio marca en el
almanaque cubano el punto de partida de la histórica
etapa abierta con la enfermedad y traspaso de
mando del líder cubano, quien cumplirá
81 años en agosto.
Castro fue visto por última vez en público
en la celebración de hace un año
en dos actos en Bayamo y Holguín (oriente
de la isla) y el 27 de julio fue sometido a la
primera de varias operaciones por una crisis intestinal
aguda.
Cuatro días después y por primera
vez en casi medio siglo de revolución,
Castro anunciaba en una proclama la delegación
de sus poderes provisionalmente en su hermano
Raúl, ministro de Defensa de 76 años.
Este año, el 26 de julio, que conmemora
54 años del asalto al cuartel Moncada -inicio
de la rebeldía revolucionaria-, tendrá
su acto en Camagüey, a 540 km al sureste
de La Habana, donde es esperado el presidente
interino.
La incógnita de una reaparición
de Fidel no es la única ni la primordial.
Un año después aún se recupera
y se desconoce si podrá volver al poder
o asumiría un nuevo papel, dejando a su
hermano la gestión doméstica.
El panorama podría aclararse con el proceso
electoral que culmina en abril de 2008, cuando
el Parlamento designe la presidencia del Consejo
de Estado, que ocupa Fidel desde que hace 30 años
fue creado el cargo.
Durante su reclusión médica, Castro
sólo ha aparecido en fotos y videos, luciendo
primero pijama y luego traje deportivo, pero no
de verde olivo, señal inequívoca
para los cubanos de que aún no está
del todo bien.
Desde el 29 de marzo mantiene una periódica
publicación de artículos de prensa
-más de 30 hasta la fecha-, donde principalmente
arremete contra Estados Unidos.
Mientras Fidel escribe sin parar, Raúl,
alejado de cámaras y tribunas, desmarcándose
del estilo de su carismático hermano, gobierna
con discreción, delega tareas y hace prudentes
ajustes en empresas y aparato productivo, carcomidos
por la burocracia y el "cáncer"
-dijo- de la corrupción.
"Junto a Fidel y Raúl, más
combativos, eficientes y revolucionarios",
repite el lema oficial, nada casual, de la convocatoria
al acto en Camagüey.
Pragmático, Raúl exigió
ante el parlamento eficiencia contra los problemas
que más agobian a la población:
transporte, alimentación y vivienda. "De
justificaciones estamos cansados en esta revolución",
afirmó.
Los cubanos aspiran a ver en su vida diaria el
10% de crecimiento económico que reporta
el gobierno, pues aunque tienen servicios gratuitos
y alimentos a precios subsidiados, el salario
medio, de unos 15 dólares, es insuficiente
para vivir.
Analistas piensan que Raúl podría
abrir espacios en la economía, pero hasta
ahora no ha dado golpes de timón.
En lo político, Cuba echó por tierra
los augurios apocalípticos de Washington
sobre una caída de la revolución
sin Fidel en el mando y consolidó el "eje"
que forma con Venezuela, Bolivia y Nicaragua.
Aunque Raúl sigue siendo nombrado como
número dos, la larga convalecencia de Fidel
hace pensar a algunos que una "transición"
o "sucesión" tiene lugar paulatinamente.
"El poder fue exitosamente transferido a
un nuevo equipo de líderes cuya prioridad
es preservar el sistema mientras permiten una
reforma gradual", opina Julia Sweig, experta
en Cuba del Consejo de Relaciones Exteriores de
Washington.
Raúl se dice abierto al ascenso de nuevas
generaciones para dar continuidad a la revolución,
a la discusión y autocrítica. En
enero se dio un candente debate de intelectuales
y la prensa local publica ahora reportajes de
denuncias contra irregularidades.
La oposición, que acusa un aumento de
la represión, estima que nada ha cambiado,
que en el país existe un "limbo político"
y un estancamiento mientras viva Fidel.
Siempre a la sombra, poco conocido por los cubanos,
Raúl corrió un poco el velo de su
intimidad. Se le vio abatido en la televisión
cuando en junio, junto a su familia, sepultó
las cenizas de su esposa Vilma Espín.
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