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Fidel,
un líder que sabe sacar ventaja de los peores
momentos
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La Habana, 24 jul (EFE).- Acostumbrado a pelear
con la estrategia de guerra de guerrillas, Fidel
Castro libra una batalla sin tregua contra la
grave enfermedad que le obligó a delegar
el poder hace un año mientras sigue atento
a la trayectoria de la revolución que conduce
ahora su hermano Raúl.
El líder cubano no ha ocultado la gravedad
de su mal, que él mismo declaró
secreto de Estado, y ha llegado a admitir que
estuvo "entre la vida y la muerte" después
de ceder el poder a Raúl Castro, el 31
de julio de 2006.
Pero ni la operaciones que ha sufrido en el último
año -hasta diez según el presidente
de Bolivia, Evo Morales-, ni las recomendaciones
médicas han logrado que se aparte por completo
de las tareas políticas.
Dado su carácter fuerte y decidido, sus
colaboradores reconocen que convencer a Fidel
Castro para que mantenga el reposo que requiere
su convalecencia es una difícil tarea.
Castro, que en agosto cumplirá 81 años,
no aparece en público desde hace un año
y sólo ha concedido una entrevista a la
televisión local, pero ha sustituido sus
frecuentes y largos discursos por una fecunda
serie de análisis que ha bautizado como
"reflexiones".
No es de extrañar que el mandatario en
el poder más antiguo de occidente, con
excepción de la Reina Isabel II de Inglaterra,
y el hombre que ha ocupado durante cerca de medio
siglo los cargos de comandante en jefe, secretario
del Partido Comunista de Cuba y presidente del
Consejo de Estado siga pendiente de la trayectoria
de la revolución.
No en vano, en 2003, durante un discurso ante
el Parlamento, expresó su intención
de mantenerse al frente del país hasta
el último momento.
"Estaré con ustedes, si así
lo desean, mientras tenga conciencia de que pueda
ser útil, y si antes no lo decide la propia
naturaleza, ni un minuto antes, ni un segundo
más", anunció entonces.
"Ahora comprendo que mi destino no era venir
al mundo para descansar al final de mi vida",
agregó.
Enfundado en su uniforme verde olivo, que ha
tenido que cambiar por ropa deportiva durante
su convalecencia, el último estadista sobreviviente
de la guerra fría ha conducido durante
48 años el destino del único país
comunista de occidente con la estrategia guerrillera
que aprendió de su lucha en la sierra y
con una extraordinaria habilidad para sacar ventaja
incluso de los fracasos.
"Esté donde, cuando y con quien esté,
Fidel Castro viene a ganar. No creo que haya peor
perdedor en todo el mundo", escribió
sobre él su amigo y premio Nobel de Literatura
Gabriel García Márquez.
El propio Castro ratificó hace unos años
las palabras del escritor colombiano. "Nunca
quise perder y casi siempre me las arreglo para
ganar", dijo en unas declaraciones al periódico
"Revolución".
Fidel, en palabras de García Márquez,
"es uno de los mayores idealistas de nuestra
época y en eso reside quizá su mayor
virtud, aunque también ha sido siempre
su mayor peligro".
Pocos podían imaginar que el hijo de un
emigrante gallego enriquecido a la sombra de las
multinacionales norteamericanas en Birán,
donde nació Castro el 13 de agosto de 1926,
una de las zonas más empobrecidas del oriente
cubano, pudiera liderar una revolución
comunista capaz de medirse con EE.UU., el país
más poderoso del mundo.
Con una excepcional capacidad para aprovechar
las oportunidades y transformar los reveses en
éxitos políticos, Fidel Castro creó
en Cuba un "comunismo caribeño"
que combinó sus propias ideas con las doctrinas
de Marx y Lenin y el legado de José Martí.
Introdujo en la isla reformas sociales, educativas
y sanitarias sin comparación en el resto
de América Latina en la época y
colocó a Cuba en la agenda internacional.
Sin embargo, bajo la dirección de Castro
la revolución no ha podido resolver algunos
de los problemas cotidianos de los cubanos, como
la falta de vivienda y la precariedad salarial.
Fuertemente influenciado por su educación
con los jesuitas, Fidel Castro se ha confesado
cristiano "desde el punto de vista social"
y ha mantenido la disciplina militar y los hábitos
adquiridos durante su lucha en la clandestinidad.
Aún hoy no se sabe con certeza donde fue
intervenido ni donde se recupera y se dice que
antes de caer enfermo dormía en distintos
lugares de La Habana e iba armado.
En una conversación con Tomás Borge,
uno de los fundadores del Frente Sandinista de
Liberación Nacional de Nicaragua, Castro
explicaba: "la única cosa que me reservo
para mí es mi vida privada (...) Creo que
la vida privada de una persona no debe utilizarse
para la publicidad ni en política".
Y ese hermetismo ha contribuido durante décadas
a alimentar todo tipo de rumores y especulaciones
sobre su persona.
Apenas hace unos años comenzó a
hacer discretas apariciones públicas su
compañera Dalia Soto del Valle, maestra
de profesión, cuya relación con
Castro data de hace más de 40 años.
Rubia, de ojos verdes, Dalia se ha dejado ver
ocasionalmente aunque nunca al lado del líder
cubano, con quien tiene cinco hijos: Alexis, Alex,
Alejandro, Antonio y Ángel.
Castro tiene además otro hijo varón,
Fidel, su primogénito, fruto de su matrimonio
con Mirta Díaz Balart, y una sola hija,
Alina, que nació en 1956 de su relación
con Natalia Revuelta y vive exiliada en Miami
(EE.UU.).
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