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SOCIEDAD
El hombre de los dulces
Rafael Ferro Salas, Abdala Press
PINAR DEL RÍO, julio (www.cubanet.org)
- Hoy me levanté temprano y acompañé
a mi vecino Felipe en su recorrido cotidiano por
la ciudad. Es un jubilado de sesenta y ocho años
que dedica a vender dulces confeccionados por
su esposa. Felipe es electricista de profesión
y trabajó durante treinta años.
-Para mantener una familia la jubilación
no alcanza ni para empezar -me dice.
Felipe tiene una hija que no trabaja. La muchacha
quedó mal después de su segundo
parto y ahora padece de los nervios. Vendiendo
dulces mantiene apenas a su esposa, su hija enferma
y a sus dos nietos.
Parece que hoy será un buen día
para el "negocio". El cielo está
despejado y sopla brisa suave. Los pájaros
cantan. Ayudo a Felipe con una de sus cajas de
dulces.
-Todo tiene su truco. El más difícil
de todos es el de la vida -dice para sí.
Sonrío. Llegamos al parque de la ciudad
y nos sentamos en un banco procurando el mejor
ángulo de visión para buscar compradores
entre los transeúntes.
-Tú tenías un buen truco para vivir.
Lo que pasa es que te lo descubrieron -comenta.
-No te entiendo. ¿A qué truco te
refieres?
-El de escritor, compadre.
Le parece que es fácil esto de escribir.
Podría explicarle que es todo lo contrario,
pero llevaría mucho tiempo y por ahora
lo que importa es vender dulces.
Llega una señora con dos niños
indagando por el precio de la mercancía.
Compra y se aleja. Los niños van saboreando
los dulces junto a ella, contentos y agradecidos.
Para los niños el mundo siempre tiene la
forma de un dulce enorme.
-Respeto tu oficio. Te dije lo del truco porque
lo haces de una manera fácil; al menos
me parece así, pero lo respeto. Empezaste
a complicarte cuando te metiste en la política.
Sigue hablando y hace un recuento del día
en que mencionaron mi nombre en el programa de
televisión Mesa Redonda, en el que varios
periodistas comentan sobre la actualidad nacional
y extranjera, desde la óptica oficial.
De vez en cuando critican la labor de los disidentes
y opositores. Lo que dijeron ese día sobre
mí fue causa suficiente para que me sacaran
de la emisora de radio donde trabajé por
más de veinte años.
-La política es una basura. A mi lo que
me interesa es mantener a mi familia. Lo demás
no importa. Trabajé treinta años
y a fin de cuentas, la jubilación apenas
me da para comprar la basura de mandados que venden
por la libreta. Hay que inventar para seguir viviendo
y eso es lo que hago -me dice señalando
sus cajas de dulces.
Felipe ya se está metiendo en política
y no se percata de ello, pero no lo interrumpo.
Me brinda un cigarro. Fumamos y miramos a la gente
que atraviesa el parque.
Llegaron varios compradores, pero no todos los
que Felipe hubiera deseado. Dos horas después
apareció un policía.
-Los papeles del permiso para vender esos dulces,
ciudadano.
A partir de ese instante se complican las cosas.
Felipe le explica que no tiene papeles y el uniformado
decide llevarlo a la estación de policía.
Prefiero correr la misma suerte de mi vecino y
lo acompaño.
Un rato después salimos de la estación.
Ha sido un día definitivamente malo. A
Felipe le decomisaron los dulces y le impusieron
una multa de 500 pesos.
-Es un abuso lo que hay en este país.
Tres meses tengo que trabajar ahora a tiempo completo
para poder sacar el dinero de esa multa. Me da
lástima con mi esposa. Se levantó
de madrugada para hacer esos dulces y lo perdimos
todo.
En la puerta de mi casa Felipe me tiende la mano.
-Me alegro que haya hombres como tú en
eso de la política. Yo no tengo cabeza
para esas cosas, pero creo que sí, algo
hay que hacer para arreglar las cosas en este
país.
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