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POLITICA
Pastores y mercaderes
Aimée Cabrera
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - La Caravana
de la Amistad de los Pastores por la Paz arribó
a la Habana el 20 de julio. Fue recibida por dirigentes
del estado y miembros de varias iglesias vinculadas
al gobierno.
Los participantes trajeron más de 90 toneladas
de ayuda humanitaria de todo tipo: desde un ómnibus
escolar hasta ropas y medicamentos.
La prensa oficialista dice que los más
de cien religiosos, procedentes de Alemania, Canadá,
Estados Unidos, México y Gran Bretaña,
traen un mensaje de solidaridad con Cuba, y en
específico señala cómo los
que iban de Estados Unidos para México
fueron asediados por las autoridades norteamericanas.
La prensa dice que les fueron decomisadas 12
computadoras de la carga que salió en un
barco cubano anclado en el puerto mexicano de
Tampico, antes de que los miembros de la caravana
hicieran su viaje por avión a la Isla.
Los visitantes que se quejan de la pérdida
no tienen en cuenta que la cifra confiscada fue
insignificante, además, que sólo
Dios sabe a quiénes estaban destinados
los equipos. Por supuesto, de haber llegado a
Cuba, nunca hubieran sido repartidos entre los
feligreses de las comunidades cristianas vinculadas
a ellos.
A los cristianos que no pertenecen a la élite
de esas iglesias bien relacionadas con el gobierno,
les toca muy poco, o casi nada de dichas donaciones.
Una persona que pidió el anonimato recuerda
haber visto artículos de excelente calidad
que nunca fueron entregados en las iglesias: "En
una ocasión contamos muchos estuches con
espejuelos graduados de armaduras doradas y diseños
modernos, pero no supimos a dónde los mandaron,
nosotros recibimos los de uso, amontonados en
cajas y jabas".
El criterio de los cubanos que asisten a estos
templos donde se supone que sean distribuidas
gran parte de las donaciones, es que los artículos
son enviados a centros de venta en divisas o regalados
a entidades gubernamentales.
Los Pastores por la Paz proceden de naciones
desarrolladas y quizás desconozcan, o quieran
desconocer, los trapicheos que se fomentan con
sus regalos, motivo por el cual ni averiguan a
dónde van a parar.
Aparentemente, ellos ven a los congregados felices
en los diferentes recibimientos en que participan
e ignoran, por candidez o conveniencia, la verdad
oculta.
Las visitas de los pastores se ha convertido
en un show de matices políticos y nada
religioso; un lucrativo juego para oportunistas
del gobierno y del grupo de la jerarquía
religiosa que, sirviendo a dos señores,
puede vivir a sus anchas.
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