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CULTURA
Otro hurrá por Rogelio Fabio Hurtado
Luis Cino
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - En unos
versos de agosto de 1980 que dedicó al
pintor exilado Alejandro Lorenzo, decía
Rogelio Fabio Hurtado: "por ahora tengo un
aspecto horrible de poeta retirado o loco".
O de profeta bíblico, añado 27 años
después, cuando ya la burocracia, el miedo
y otros demonios se declararon impotentes para
cortar el guión de su vida.
En todo ese tiempo, el poeta Rogelio Fabio Hurtado
(La Habana, 1946) cobró bríos y
nueva visión. Por las madrugadas, cuando
todo parecía perdido, volvió a escribir
líneas y versos de belleza más que
admisibles, con toda la sinceridad del universo.
Me consta. Acabo de leer su libro "Hurrá
y otras elegías", Premio de Poesía
en el Concurso Literario Vitral 2004. Me dejó
el sabor dulce y amargo de las añoranzas,
muchas de ellas comunes a dos generaciones de
cubanos.
En los 16 poemas, evoca los rostros que poblaron
un tiempo cuando aún no llamaban Roja a
la plaza de la Víbora, apenas andaban los
turistas por la Catedral y se podía beber
té frío y cerveza en pesos nacionales
en la terraza del Hotel Capri.
De la mano del poeta vuelven los rostros de ayer.
La doctora Natalia que explicaba la historia y
la vida "a la luz implacable de la lucha
de clases". Los amigos todos, "ni vigilantes
ni vigilados, ni vencedores ni derrotados".
En un apartamento de Alamar, vagando enajenados
por la calle 23 o trabajando "por la izquierda"
en Hialeah
"Muriendo de una vida vivida
demasiado poco, como casi todos".
Sentimos el brazo sobre el hombro, en una funeraria
de Arroyo Naranjo, durante el velorio con apagón,
a la luz de un mechón de kerosén,
de doña Carmelina: digna y sin medallas,
"nacida antes de las vacas Gordas y fallecida
en Periodo Especial, sin recibir los Santos Sacramentos".
Volvemos a oír voces de soldados rusos
alrededor de la fogata y las tres tiendas de lona
verde oliva camuflada de un campamento militar
en la orilla izquierda del río Canímar,
Matanzas, en 1964.
Una madrugada de guardia cada dos noches, la
ducha fue el río azul bajo su puente (si
no hacía frío), pero nunca se produjo
el ataque norteamericano.
No obstante, amable y nostálgico, Rogelio
Fabio Hurtado, más de 40 años después,
caído el Muro de Berlín, brinda
con algún alcohol potable y prorrumpe en
tres ¡hurrá! por sus particulares
ruskis shelaviekas.
A Rogelio Fabio Hurtado lo descubrió el
poeta nicaragüense Ernesto Cardenal durante
un viaje a La Habana en 1970 para participar como
jurado en el Concurso Casa de las Américas.
El poeta, sacerdote y revolucionario se deslumbró
con los versos coloquiales de un joven soldado
de la revolución de Fidel Castro.
Después del terrible 1971 cubano, Rogelio
Fabio ya no estaba en el ejército verde
olivo y prefería no leer sus poemas en
los corrillos literarios del realismo socialista
y los inquisidores.
Años después reencontró
a Dios y su vida tomó un nuevo rumbo. Desde
1996 colabora en las revistas católicas
Vitral y Espacios.
Del lado de "los débiles que no se
justifican" descubrió que "la
verdad -si la hay- es menos esencial que la ternura".
Un poderoso argumento para escribir buena poesía.
¡Que firmeza y fineza de pulso la del canoso
y barbudo Rogelio Fabio frente a una pétrea
dictadura que se proclamó, a despecho de
la naturaleza humana y hasta divina, eterna e
irrevocable!
¡Cuánto le agradecemos que hoy no
sea pelotero, ajedrecista, militar ni bolchevique,
sino poeta! ¡Que bien que alguien cerca
de una línea de tren en la Calzada de I0
de Octubre nos recuerde a Boris Pasternak!
Rogelio Fabio Hurtado, generoso, poeta de los
buenos, ofrece espacio para todos en su corazón,
y paz desde sus cuartillas. Justo lo que necesitamos.
luicino2004@yahoo.com
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