|
CULTURA
Arístides Fernández: Cézanne olvidado
Reinaldo Cosano Alén, Sindical Press
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - El 20 de
julio se cumplirán 103 años del
nacimiento de Arístides Fernández,
uno de los grandes de la plástica cubana
moderna, junto a René Portocarrero, Mariano,
Rigol, Carlos Enríquez, Gatorno, Marcelo
Pogolotti, Abela, Romero Arciaga, Conrado Massager
y Amelia Peláez, entre otros.
Portocarrero lo calificó como "nuestro
Cézanne". Sin embargo, es el menos
recordado de estos integrantes de la vanguardia,
de la que Arístides fue precursor y parte.
Vanguardia que abarcó desde los años
veinte hasta los cincuenta del pasado siglo.
Pintor testimonial, sus cuadros re-crean la realidad
cotidiana sin artificios simbolistas ni criptografías
recurrentes. Imágenes narrativas del quehacer
del pueblo llano, tan llano como él mismo.
Las lavanderas, quizás la más sobresaliente
de su escasa obra, además de Hombre leyendo,
La familia se retrata, Idilio, Los novios, Retrato
de la madre y El entierro de Cristo, son muestras
de su imbricación pictórica en la
realidad.
El parecido de la producción de Arístides
con la de Cézanne estriba esencialmente
en el empleo de los planos de luces y sombras,
y en el uso de tonos ocre, sepia, morado y gris.
Pero el sello estilístico de Arístides
se descubre en los trazos enérgicos de
composición volumétrica, compacta
y abultada, aunque "bultos" equilibrados,
como en reposo y un halo siempre presente de melancolía
en sus personajes.
Su formación como pintor fue autodidacta.
Por la estrechez económica en la que vivía,
apenas estudió un año en la escuela
San Alejandro, famosa desde los tiempos de la
colonia.
Casi en completo olvido se encuentra la obra
narrativa de Fernández, compuesta de 16
relatos de contenido social, escritos en 1930,
en plena dictadura de Gerardo Machado.
Las 48 pinturas y dibujos conocidos de Arístides
Fernández (Güines 1904-La Habana 1934),
testimonian el breve tránsito por la vida
de quien fabricaba los colores para su paleta,
con el propósito de ahorrar dinero. Murió
intoxicado por los gases de las combinaciones
químicas. Acababa de cumplir 30 años.
Su temprana partida es sólo un paréntesis
existencial, porque Fernández, el Cézanne
cubano, está anclado en su isla para siempre.
|