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POLITICA
México de mis amores
Aleaga Pesant
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Tan grande
es la influencia de la cultura mexicana en nuestro
país que todavía andan músicos
vestidos de charros por la calle y se celebra
anualmente el Festival Rancheras, en la ciudad
de Guanajay. Grande también es la amistad
y el afecto que ambos pueblos sienten entre si.
Allí sentaron plaza Benny Moré y
Pérez Prado, quienes revolucionaron la
música de los años 50 del siglo
XX.
Las relaciones pueblo a pueblo son ricas en matices.
Hoy dictan cátedra en México cientos
de profesores universitarios que huyeron de la
"dictadura del proletariado", pintores,
escritores y ensayistas; además de muchos
cubanos y cubanas que encontraron allá
el espacio para crear, trabajar y reproducirse.
Son complejas las relaciones entre los estados.
Uno soportó la denominada "dictadura
perfecta" y otro mantiene la eufemística
"dictadura del proletariado". Ese hermanamiento
propició durante más de 35 años
(1959-1994) unas excelentes relaciones entre los
gobiernos del Partido Revolucionario Institucional
(PRI) y el Partido Comunista de Cuba (PCC). El
compromiso se basó en que la isla protegía
a México del movimiento guerrillero de
izquierda, mientras obtenía el visto bueno
por los fusilamientos indiscriminados y las constantes
violaciones de los derechos humanos. México
permitía operar libremente al Departamento
América cubano, dirigido por el difunto
comandante Piñeiro.
El pacto, escrito o no, lo levantó el
presidente Ernesto Zedillo, quien dinamitó
las corruptas bases del PRI y asumió el
Tratado de Libre Comercio para la América
del Norte (TLCAN). Lanzó una campaña
por la defensa universal de los derechos humanos
que afectó sus relaciones con la isla.
La tendencia a la ruptura llegó con el
reformista Vicente Fox.
Así dispuestas las cosas y con la permanente
tendencia al aislacionismo dominando la política
exterior "revolucionaria", el nuevo
presidente de México, Felipe Calderón,
decidió a través de su canciller
descongelar las relaciones y trabajar por un acercamiento
entre las dos naciones.
La decisión, polémica para tirios
y troyanos, puede tener más ventajas que
desventajas, debido a su probable inserción
en el diseño europeo de dialogo critico,
que permite, al reconocer la beligerancia del
estado cubano, tender puentes con los grupos pro
democráticos, como se hizo en los primeros
años del siglo, y jugar un papel más
activo dentro del proyecto de transición.
Sin embargo hay que contabilizar que el gobierno
del Partido Acción Nacional debe contar
con la izquierda dura del ex candidato presidencial
López Obrador, que presiona y maniobra
alocadamente por el mantenimiento de relaciones
que apuntalen el estatus actual en la isla; mientras,
la "dictadura del proletariado", endulza
a Elena Poniatowska y a la lucida intelectualidad
mexicana para que ceda en su defensa de los derechos
universales de los seres humanos.
Por lo pronto, el primer encuentro interparlamentario
cubano- mexicano, realizado la primera semana
de julio en La Habana, no asevera que esta sea
la actual tendencia del estado federal, pues no
se verifican públicamente contactos con
los lideres pro-democracia, ni las declaraciones
publicas de los reunidos permite prever el giro
estratégico que los demócratas cubanos,
esperan de los mexicanos.
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