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POLITICA
Un
nuevo pensador cubano
Miguel Iturria Savón
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Que un anciano
reflexione en su lecho de enfermo no es inusual.
Nada mejor que la madurez y la mesura para escribir
un Testimonio o redactar nuestras Memorias. El
balance de los errores y los desafíos enfrentados
pueden ser de interés para familiares,
amigos, discípulos y para toda una nación,
si se trata del texto de un anciano de alta figuración
histórica, como el personaje cubano que
ha llamado mi atención con sus artículos,
mensajes y "reflexiones" acerca de problemas
actuales de otros contextos, sin reparar en los
errores propios ni en los desafíos de la
nación que ha dirigido durante casi medio
siglo.
El Comandante en Jefe se reinventa como pensador
y articulista. Tiene a su favor a la prensa oficial
y a diversos medios de comunicación que
imprimen, difunden y magnifican sus escritos.
Dispone de voceros y amanuenses que investigan,
escriben y retocan sus "agudas reflexiones".
Como aún es, nominalmente, Jefe de Estado
y Gobierno, los corresponsales extranjeros se
apuran en reseñar sus declaraciones. El
resto queda en manos de los funcionarios amaestrados
y de los gobernantes de otras latitudes que lo
veneran como a un paradigma revolucionario, sin
reparar en los desmanes de su larga tiranía.
Las reflexiones del viejo Comandante no son más
que un show mediático para llamar la atención
desde la cama. Hay que mantener vivo al Caudillo.
Si no está en condiciones de hablar durante
horas debe escribir, aunque no tenga dotes literarias
ni filosóficas. En un final, su legado
como estadista ya pertenece al pasado. El tribunal
de la historia se encargará de juzgar sus
cuantiosas decisiones al frente del país
y sus reiteradas intervenciones en conflictos
internacionales.
Las reflexiones del "pensador" no parten
del legado filosófico de Aristóteles,
Sócrates ni Platón. No tienen puntos
en común con las formulaciones del pitagorismo,
el escepticismo ni el estoicismo. Tampoco se inspiran
en los postulados de Lucio Anneo Séneca,
mentor del emperador Nerón, quien gobernó
arbitrariamente a Roma y supo quemarla para disfrutar
el incendio de la ciudad.
Castro escribe sin reparar en las analogías,
las semejanzas, las deducciones ni otros métodos
que confirman la complejidad del pensamiento desde
la antigüedad. Frente a la lógica
de cambios enfatiza la intuición de sus
propias formulaciones y revela sus postulados
como la única fe posible. En ese sentido,
se parece a los apologistas del pasado; aunque
su base filosofal se asemeja al anarquismo y al
voluntarismo subjetivo, pero no al estilo de Bakunin,
sino a su propio estilo: el socialismo irrevocable.
En ese sentido, "sus textos", como
toda apologética, parten del prejuicio
y de ciertos dogmas y confesiones irracionales,
que recuerdan la escolástica medieval.
Las reflexiones del Comandante están divorciadas
de la Lógica y de la Sociología.
Tienen mucha conexión con sus intenciones
de reencarnación sin piedra filosofal.
Reencarnar en los jóvenes y permanecer
en algún sitio del futuro, según
deducimos de su Carta a la juventud comunista
cubana.
El Patriarca insular está muy sujeto a
su ego. Es un hombre del poder no acostumbrado
a pensar, si no a actuar y a ordenar. Sus méritos
están en la geopolítica, no en la
filosofía. Tal vez por eso no ha reparado
en las reflexiones anteriores de Félix
Varela, José A. Saco, José de la
Luz y Caballero y José Martí. Si
lo hubiera hecho, evitaría la diatriba
contra personalidades de otras naciones. El personalismo
tiene sus límites. El populismo desgasta
a cualquiera, pues una cosa es lo que se dice
-o se escribe- y otra muy diferente lo que dibuja
el rostro tenaz de la realidad cubana.
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