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POLITICA
Qué
dirían los abuelos
Tania Díaz Castro
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Nina Kruschev,
aunque sea nieta de Nikita Serguéievich
Kruschev, ex jefe del desaparecido estado soviético,
no quiere vivir en una sociedad comunista. Tampoco
Julia Axelrod, nieta de León Trotsky, uno
de los organizadores de la Revolución de
Octubre, y mucho menos Canek Sánchez Guevara,
nieto del guerrillero argentino Ernesto Ché
Guevara.
¿Será porque los comunistas se
deshacen de los opositores, y todo lo prohibido
atrae al hombre? En la antigua URSS los opositores
fueron fusilados, desterrados o enviados a Siberia.
En Cuba corrieron mejor suerte los que lograron
sobrevivir: prosperaron económicamente
en sociedades libres; adonde emigraron también
Nina, Julia y Canek. No les interesa para nada
vivir en esas otras por las que murieron sus abuelos.
Son muchas las razones para justificar la renuencia
al comunismo de los nietos de esas tres figuras
políticas de gran importancia histórica.
Respecto a Nina, podríamos mencionar la
osadía que tuvo el sexagenario abuelo Kruschev
en 1956, cuando pronunció su discurso secreto
contra José Stalin, acusándolo por
sus crímenes, hecho que dio lugar a una
purga política contra los antiguos estalinistas
y que, según Nina, sirvió, por primera
vez en la historia soviética para abrir
la posibilidad de un cambio del que se aprovechó
más tarde Gorbachev. En Nina también
tuvo un gran peso emocional la caída política
del abuelo, ocurrida en 1964, cuando fue expulsado
del Comité Central del Partido Comunista
y condenado por lo mismo que había acusado
a Stalin: culto a la personalidad y graves errores
políticos.
Hoy, la nieta de Kruschev reside en los Estados
Unidos, y es profesora de asuntos internacionales
en la New School University. En uno de sus artículos
publicado en mayo pasado en El Tiempo, de Bogotá,
critica la costumbre comunista de mantener dirigentes
longevos en el poder. Un libro suyo sobre Vladímir
Nabokov, célebre escritor ruso-norteamericano
será editado próximamente.
Julia Axelrod, una de las nietas de Trotsky,
salió de Moscú en 1977. Actualmente
vive con su familia en Israel y tiene un hijo
que, además de ocultar el apellido de su
bisabuelo, pertenece a una organización
de extrema derecha. Julia criticó el comunismo
de su país porque, entre otros males, dispersó
a tantos rusos por el mundo. Recuerda el dolor
y las palabras de su abuela a la prensa en junio
de 1956: "Cuando Nikita y Bulganin acusan
a Stalin de ser un asesino, se están acusando
a sí mismos, puesto que fueron cómplices".
Trotsky fue asesinado por orden de Stalin el 20
de agosto de 1940 en su casa de Coyoacán,
Ciudad de México.
Canek Sánchez Guevara, nieto de Ché,
es un joven de 33 años que emigró
de Cuba hace más de una década para
residir en Francia. No cree para nada en la teoría
del hombre nuevo que propagó su abuelo,
y mucho menos en la dictadura del proletariado.
Según él, en Cuba, su país
natal, sólo hay capitalismo de estado.
Trabaja como dibujante gráfico en París
y en sus ratos de ocio escribe música.
Aunque es crítico de su abuelo, le duele
que sea utilizado como una mercancía revolución
cubana.
Nina, Julia y Canek no son, en modo alguno, viejos
fantasmas anti soviéticos o anti castristas
que han perdido la memoria. Todo lo contrario.
Son seres que vivieron y sufrieron muy cerca del
poder totalitario. Tal vez por eso salieron espantados.
Imagino cuánto podrían conversar
Nina, Julia y Canek, si algún día
se encuentran por esos caminos de Dios.
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