PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 10, 2007

HISTORIA
Dictadores tercos

Tania Díaz Castro

LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - En los últimos años del siglo pasado, se pueden contar con los dedos de las manos los dictadores tercos que han muerto pensando que gobernarían su país hasta el último aliento de sus vidas.

Son varios. Sin embargo, sólo me voy a referir a tres: el economista portugués Antonio de Oliveira Salazar, el tunecino Habib Burguiba y Fidel Castro.

Oliveira Salazar (1889-1970) inició su mandato demandando poderes extraordinarios: jefe de gobierno, presidente del consejo de ministros, etc., a partir de que una junta militar, presidida por el general Oscar de Fragoso Carmona, controló el país.

Según datos oficiales de Portugal, Oliveira Salazar, en sus 40 años de dictadura, equilibró el presupuesto nacional, liquidó la deuda externa y, a pesar de contar con la ayuda de los ricos terratenientes, banqueros e industriales, promulgó una constitución de partido único, anuló la libertad sindical, el derecho a huelga, la libertad de prensa, la oposición política con la ayuda de su policía política, y envió gran número de soldados a África para reprimir los movimientos nacionalistas.

En 1968 sufrió un ataque de apoplejía. Postrado en una cama sufría de mareos, visión doble, dificultad para pensar, lenguaje ininteligible, desequilibrio corporal y caídas frecuentes. Aún así, este dictador portugués no aceptó ser reemplazado en ninguno de sus muchos cargos y murió un 27 de julio de 1970 en Lisboa, pensando que era el hombre que dirigía la política de su país.

Habib Burguiba (1903-2000), a pesar de que durante años fue líder de un partido que defendía la independencia política de Túnez, sufriera cárcel en varias oportunidades y cayera en manos de las tropas invasoras alemanas, depuso al rey de su país en 1957, se proclamó jefe de gobierno, y 28 años después se consagró como presidente vitalicio.

Permaneció en el poder hasta que comenzó a dar señales de demencia senil, y su propio primer ministro, nombrado por él, lo tuvo bajo arresto domiciliario a partir de 1987, desde donde Burguiba pensaba que seguía dirigiendo la política de su país.

Fidel Castro (1926), quien durante 48 años ocupó los cargos más importantes del gobierno cubano, nombró como sucesor a su hermano menor, Raúl Castro, cuando enfermó de gravedad en 2006. Igual que Adolfo Hitler, quien pensó que el pueblo alemán daría hasta la última gota de sangre contra las fuerzas aliadas, Castro lo piensa de su pueblo y lo escribió en su proclama del 31 de julio pasado cuando, al parecer, dejó de sentirse un dictador en su cama, para convertirse en lo que desea para su próxima vida en la Tierra: ser escritor como García Márquez.

Hasta el momento, y aunque sus más íntimos vaticinan que volverá a vestir su uniforme verde oliva, ha escrito y publicado en su periódico Granma cerca de veinte Reflexiones, con el propósito de seguir dirigiendo la política de su país.


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