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HISTORIA
Dictadores tercos
Tania Díaz Castro
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - En los últimos
años del siglo pasado, se pueden contar
con los dedos de las manos los dictadores tercos
que han muerto pensando que gobernarían
su país hasta el último aliento
de sus vidas.
Son varios. Sin embargo, sólo me voy a
referir a tres: el economista portugués
Antonio de Oliveira Salazar, el tunecino Habib
Burguiba y Fidel Castro.
Oliveira Salazar (1889-1970) inició su
mandato demandando poderes extraordinarios: jefe
de gobierno, presidente del consejo de ministros,
etc., a partir de que una junta militar, presidida
por el general Oscar de Fragoso Carmona, controló
el país.
Según datos oficiales de Portugal, Oliveira
Salazar, en sus 40 años de dictadura, equilibró
el presupuesto nacional, liquidó la deuda
externa y, a pesar de contar con la ayuda de los
ricos terratenientes, banqueros e industriales,
promulgó una constitución de partido
único, anuló la libertad sindical,
el derecho a huelga, la libertad de prensa, la
oposición política con la ayuda
de su policía política, y envió
gran número de soldados a África
para reprimir los movimientos nacionalistas.
En 1968 sufrió un ataque de apoplejía.
Postrado en una cama sufría de mareos,
visión doble, dificultad para pensar, lenguaje
ininteligible, desequilibrio corporal y caídas
frecuentes. Aún así, este dictador
portugués no aceptó ser reemplazado
en ninguno de sus muchos cargos y murió
un 27 de julio de 1970 en Lisboa, pensando que
era el hombre que dirigía la política
de su país.
Habib Burguiba (1903-2000), a pesar de que durante
años fue líder de un partido que
defendía la independencia política
de Túnez, sufriera cárcel en varias
oportunidades y cayera en manos de las tropas
invasoras alemanas, depuso al rey de su país
en 1957, se proclamó jefe de gobierno,
y 28 años después se consagró
como presidente vitalicio.
Permaneció en el poder hasta que comenzó
a dar señales de demencia senil, y su propio
primer ministro, nombrado por él, lo tuvo
bajo arresto domiciliario a partir de 1987, desde
donde Burguiba pensaba que seguía dirigiendo
la política de su país.
Fidel Castro (1926), quien durante 48 años
ocupó los cargos más importantes
del gobierno cubano, nombró como sucesor
a su hermano menor, Raúl Castro, cuando
enfermó de gravedad en 2006. Igual que
Adolfo Hitler, quien pensó que el pueblo
alemán daría hasta la última
gota de sangre contra las fuerzas aliadas, Castro
lo piensa de su pueblo y lo escribió en
su proclama del 31 de julio pasado cuando, al
parecer, dejó de sentirse un dictador en
su cama, para convertirse en lo que desea para
su próxima vida en la Tierra: ser escritor
como García Márquez.
Hasta el momento, y aunque sus más íntimos
vaticinan que volverá a vestir su uniforme
verde oliva, ha escrito y publicado en su periódico
Granma cerca de veinte Reflexiones, con el propósito
de seguir dirigiendo la política de su
país.
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