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PRISIONES
La soga en casa del ahorcado
Oscar Espinosa Chepe
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Si en algo
son especialistas las autoridades cubanas es en
la búsqueda de entuertos y desgracias en
otras latitudes. En tanto, la sociedad cubana
se desploma a pedazos por la acumulación
de añejos problemas irresueltos. En particular
Estados Unidos es observado con atención
para criticarlo en todo momento.
Un ejemplo de esa obsesión puede apreciarse
en la primera página de la edición
del diario Granma del 2 de julio, donde se señala
la alta población penal existente en el
vecino del norte, enfatizándose las asimetrías
existentes en detrimento de las minorías,
especialmente los negros. Se indica que los hombres
negros representaban un 37 por ciento de la población
carcelaria al cierre de junio 30 de 2006.
Paradójicamente, Granma no tiene en cuenta
la situación de las personas encarceladas
en Cuba, con un índice de 487 reclusos
por 100 mil habitantes, según estimaciones
del Pocket World in Figures 2007 de The Economist,
o sea, la más alta de Ibero América
y la octava a nivel planetario.
Quienes hemos tenido el "privilegio"
de estar hospedados en las cárceles cubanas,
tanto en Guantánamo como en Boniatico,
Santiago de Cuba, o el Combinado del Este, en
la Habana, sabemos que aproximadamente más
del 80 por ciento de los prisioneros en la mayor
de Las Antillas son mulatos o negros. Porcentaje
no proporcional al 36 por ciento en conjunto de
los ciudadanos de esos grupos raciales del total
de la población, de acuerdo al censo de
2002.
Sería conveniente que antes de emitir
opiniones sobre la situación de las cárceles
en otros países, se hiciera una evaluación
de las prisiones cubanas, donde los reclusos se
encuentran hacinados en terribles condiciones
higiénicas, una alimentación deficiente
y, en muchas circunstancias, con atención
médica deplorable.
Sería oportuno que esos depósitos
de seres humanos fueran visitados por observadores
de la Cruz Roja Internacional y organizaciones
tan respetables de derechos humanos como Amnistía
Internacional y Human Rights Watch, al igual que
permite la inmensa mayoría de los países.
Paralelamente, es recomendable realizar un estudio
de los motivos por los cuales Cuba tiene una tasa
tan alta de presos y, en particular, por cientos
tan elevados de personas de raza negra.
Al mismo tiempo debería brindarse, como
hace Estados Unidos, las cifras exactas de presos
con los porcentajes pertenecientes a los distintos
grupos raciales, así como las cantidades
de suicidios en las cárceles cubanas debido
a que muchas personas no pueden resistir las terribles
condiciones imperantes. Si esto se hiciera, seguramente
se hallaría un vínculo muy estrecho
entre la profunda crisis que sufre el país
desde hace años -que afecta en particular
a los sectores más humildes- y la desdichada
situación de muchos compatriotas, en un
alto porcentaje empujados a delinquir por la perversa
coyuntura económico-social actuante o encarcelados
bajo absurdas y arbitrarias leyes como la presunción
de peligrosidad.
En Cuba se debe mejorar la situación de
los presos; poner en libertad a los cientos de
prisioneros de conciencia y políticos pacíficos
injustamente encarcelados y a los condenados sin
haber cometido delitos probados, bajo la mencionada
ley de peligrosidad. Además, tiene que
revisarse el draconiano código penal vigente,
que con sus largas condenas puede enviar a prisión
por más años a una persona que haya
matado a un vacuno, que a otra que haya asesinado
a un ser humano. Hasta que eso se logre y termine
la deplorable situación en la sociedad
cubana, las autoridades no tienen moral alguna
para criticar los problemas existentes en otros
países.
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