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HUMOR
Nefasto, los avatares y Second Life
Víctor Manuel Domínguez, Sindical
Press
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - El exceso
de felicidad se ha convertido para los cubanos
en una olla de presión a punto de explotar.
Y para evitar el hecho se fabrican necesidades,
se construyen sueños y caen en pesadillas
recurrentes sólo curables a través
de la terapia marina Pinar del Río-Cayo
Maratón, el ungüento aéreo
Habana-Cancún, o la fangoterapia pedestre
Guantánamo-Base Naval.
La cuestión es desconectar, hacerse el
infeliz, fingir que pasan más trabajo que
un puerco a sogas para cambiar el hechizo que
los hace creer que aún están desgraciados
aquí, cuando todos sabemos que se encuentran
felices allá.
Y es en esta manía por la doble ubicación
y el doble sentir donde se comienza a trancar
el dominó patriótico y a irse de
jonrón la bola del bienestar nacional.
Porque oiga, de verdad hay que ser un actor de
primer nivel para hacernos creer que un cubano
sueña con llegar al juego de Second Life,
o lo que es lo mismo, cambiar su feliz existencia
por una segunda vida virtual. Desgraciadamente
es así.
Ahora resulta que bajo el nombre de avatares,
y a partir de una personalidad anónima,
cientos de ciudadanos sueñan con invertir
en ese mundo virtual, y construir viviendas, trabajar
en empresas, adquirir una isla, disfrutar de su
agitada vida cultural, asistir a conciertos, tiendas,
vender y comprar cualquier tipo de productos como
si estuvieran en Londres, París o Nueva
York.
Y lo que más me duele es que no tienen
ninguna necesidad, y mucho menos posibilidades,
pues el 97 por ciento no tiene computadoras y
el 99 se encuentra muy lejos de acceder a Internet.
¿Cómo es posible entonces, me pregunto
y tiro de los pelos, que Jacinta la calva, alias
"La embriagatriz", desdeñe el
confort de su cuarto de cinco por dos metros,
con tragaluz y lluvia en cada centímetro
del techo, una cocina-baño-dormitorio-destiladora-comedor,
construido sobre un lago de aguas albañales,
bajo el polvo rojizo de un derrumbe y frente a
un vertedero artificial, por una ilusoria vivienda
en Second Life?
¿Creerán posible que Alarido Guerrero,
alias "El sordo de cañón",
prefiera alejarse del remanso de paz que disfruta
en su empresa sin transporte, materia prima, instalaciones
sanitarias, agua ni comedor, por otra donde el
aire acondicionado y las condiciones laborales
le revienten un pulmón o lo conviertan
en un inútil que no emplee su espalda para
estibar, sus pies para ir al trabajo, y sus manos
para "luchar" recursos que se pudren
en cualquier esquina de Second Life?
Pero los que si me revientan son los avatares
que sueñan con asistir a conciertos de
U-2, o comprar una isla.
Nuestra vida cultural es tan rica y diversa,
de tan elevado alcance popular, que cualquier
albañil, electricista, carpintero o estudiante
puede hacerle guiños al Gato Tuerto por
sólo cinco pesos (¡CUC!), asistir
a una casa de la música por 10, 15, 20
(¡CUC!), y disfrutar de un show en Tropicana
por la módica suma de 50 pesos (¡CUC!),
entre otras ofertas con monedas fabricadas en
Cuba.
Además, resulta sencillo para un cerrajero
o un doctor conocer el ballet por 20 pesos cubanos
la función, y adquirir un libro de Isabel
Allende, de García Márquez o Stephen
King por ocho o diez CUC, que sólo le afectarían
la compra de la canasta básica familiar,
el aceite, la libra de carne de puerco ritual,
aparte de la libra de maíz sabatina hasta
que decidan convertirlo en etanol, y a sabiendas
que habrá que dejar el par de zapatos o
el pantalón para el otro mes.
Lo demás está en la calle, pues
en cualquier esquina se encuentra un bicitaxi
que amplifica a 150 decibeles la cadencia del
"reguetón", un trío de
soperos que interpreta subidos en los escombros
de un derrumbe Hasta siempre comandante, o un
dúo ocasional de músicos jubilados
que pasa el cepillo en una parada mientras canta
Lágrimas negras.
En cuanto a la compra de una isla, ¿para
qué, si tenemos una tan larga y persistente
como una lombriz solitaria que no hay purgante
en el mundo que la haga salir de su encierro voluntario,
de su dulce remanso de sirena enjaulada, o de
su afán de existir como un tigre rasurado?
Eso se los aseguro yo, Nefasto "El avatar
de Second Life".
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