PRENSA INDEPENDIENTE
Julio 9, 2007

HISTORIA
Mi teatro Martí

Aleaga Pesant

LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Rodrigo Aleaga, con la cultura de los trabajadores azucareros de la República, me llevó por primera vez a un teatro grande y antiguo que se encontraba en la esquina de Dragones y Zulueta. Fue aproximadamente a mediados de 1970. Yo tenía diez años. Era de noche y recuerdo un lugar magnifico de butacas de madera, cortinas rojas, luces y la risa de muchos hombres y mujeres, al compás de los ventiladores de techo y de un negrito vestido estrafalariamente que decía sandeces.

Con la puesta en escena de la obra bufa La mulata Maria, del escritor y dramaturgo Federico Villoch, el 8 de junio de 1886, se inauguró en la ciudad, el Teatro Irijoa, bautizado por el poeta José Fornaris como el "Coliseo de las cien puertas", y que ya en la República fue rebautizado con el nombre de José Martí.

En ese periodo político cultural, el Teatro Martí se convirtió en el palacio de la zarzuela, el costumbrismo y el sainete. En la Isla se hace presente la canción. Por su escenario pasaron artistas que interpretaron obras como: Los gavilanes, La parranda, La canción del olvido, La rosa de azafrán y Doña Francisquita, entre otras muchas, todas de amplia aceptación entre el alegre público habanero, los miles de visitantes y por supuesto, los emigrantes que llegaban a Cuba por el puerto de Carenas y se asentaban en los barrios Jesús Maria, Belén o mas allá de las murallas, como Atarés, Monte o Marianao.

En La Habana republicana existía un amplio conocimiento de todos los géneros teatrales. Durante medio siglo, la instalación cultural fue testigo de la fastuosa temporada de arte y le cupo el honor de estrenar Patria, una opera inspirada en las luchas por la independencia de nuestra ínsula, con música de Hubert de Blank.

De los renombrados compositores Gonzalo Roig y Rodrigo Prats, fueron la mayoría de las partituras aportadas en esos años. Entre otros estrenos destacan La Habana que vuelve, Maria Belén Chacón, Amalia Batista. Además de la inmortal Cecilia Valdés, se incluyen también los sainetes Rosa la China, de Ernesto Lecuona y el Velorio de Pachencho, de Jorge Ankerman.

Con la "dictadura del proletariado", "las palabras a los intelectuales", los campos de trabajo forzado (UMAP), la persecución a los homosexuales, los "parametrados" y otras cosas parecidas, el Teatro Martí fue desarticulándose; decayeron los géneros musicales y de humor costumbrista, que le dieron vida. La estructura, sin base, se fue al piso, aunque Eusebio Leal, el "historiador en jefe" de la ciudad prometió varias veces desde 1980, su restauración. Por un asunto o otro, su retórica no llega a rescatar aquel lugar magnifico de butacas de madera y cortinas rojas, donde se oía reír a tantas personas al compás de los ventiladores de techo: el Teatro Martí.

 


CubaNet no reclama exclusividad de sus colaboradores, y autoriza la reproducción de este material, siempre que se le reconozca como fuente.


PERIODISTAS EN PRISION

PRENSAS
Independiente
Internacional
Gubernamental
IDIOMAS
Inglés
Francés
Español
SOCIEDAD CIVIL
Cooperativas Agrícolas
Movimiento Sindical
Bibliotecas
DEL LECTOR
Cartas
Opinión
BUSQUEDAS
Archivos
Documentos
Enlaces
CULTURA
Artes Plásticas
El Niño del Pífano
Octavillas sobre La Habana
Fotos de Cuba
CUBANET
Semanario
Quiénes Somos
Informe Anual
Correo Eléctronico

DONACIONES

In Association with Amazon.com
Busque:


CUBANET
145 Madeira Ave, Suite 207
Coral Gables, FL 33134
(305) 774-1887

CONTACTOS
Periodistas
Editores
Webmaster