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POLITICA
Las canciones irán a las cárceles
Luis Cino
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Las canciones
irán a las cárceles en Cuba. No
se asusten. No es que la dictadura prepare una
nueva ola represiva, esta vez para encerrar músicos
y cantantes. Nada de eso, no hay que exagerar.
Los cantores, salvo Raimundo Fernández,
Gorki Águila y algún que otro majadero,
todavía obedecen las voces de mando, aunque
lo hagan a regañadientes.
Las canciones irán a las cárceles
para aliviar las condiciones de vida de los presos.
Lo pidió el inefable cantautor Silvio Rodríguez.
En su faceta de diputado y agenda en mano, hizo
la solicitud ante el parlamento de la unanimidad
eterna.
Ocurrió el 29 de junio, durante el noveno
período ordinario de sesiones de la Asamblea
Nacional del Poder Popular.
El diputado Rodríguez tuvo un rasgo de
altruismo y humanidad y se acordó de los
presos. Los que están tras las rejas, no
los de su propia cabeza atormentada.
Supongo se refiera a todos los presos, incluyendo
los cerca de trescientos presos políticos
y de conciencia, a los que el régimen tilda
de "mercenarios".
Con Silvio nunca se sabe. Él es timba y
la trampa, amigo del muerto y "ambia"
del matador. Siempre más "ambia"
del que mata que amigo del que muere.
Podemos esperar la próxima aparición
en la disquera Abdala de "Silvio en vivo
en Boniato" y "A bailar y a gozar con
la Sinfónica Nacional en Canaleta".
La voz de Sara González vibrará
viril en Manto Negro. Amaury Pérez cantará
en el Combinado del Este que quiere ser bombero.
La Charanga Habanera armará el despelote
en "Se me perdió la llave".
Si se suman otras ramas del arte a la iniciativa,
Kcho enseñará a pintar a los reclusos,
y puede que hasta Alicia Alonso baile en La Patera.
No está mal la idea, sólo que en
esto, como en la canción protesta, tampoco
Silvio Rodríguez fue el primero. A inicios
de los 70, el cantante de country Johnny Cash
actuó en cárceles norteamericanas
y logró convencer a la CBS de grabar el
disco "At Folsom Prison".
La idea de Silvio (si es que es de él
y si sus jefes no cambian de parecer) contará
con apoyo institucional. Ya pidió ayuda
a los ministerios de Justicia y Cultura. Supongo
que también al MININT.
En las horrendas cárceles cubanas, los
presos agradecerán el arte que les llevará
tan loable iniciativa, pero estarán infinitamente
más agradecidos si les llevan, además,
lo que necesitan con desesperada urgencia: medicina,
atención médica y mejor alimentación.
Enfermos y hambrientos es difícil disfrutar
el arte. No el de Silvio Rodríguez, ni
siquiera el de Johan Sebastián Bach
Tal vez con reclusos alimentados como personas,
con atención médica, música
y deportes, la dictadura logre empezar a convencer
al mundo de que Cuba no necesita una relatora
especial de la ONU para los derechos humanos.
Las cárceles son un buen lugar para empezar
a cambiar las cosas en Cuba. En ellas, el cambio
es cuestión, literalmente, de vida o muerte.
Eso, si pretenden cambiar de verdad las condiciones
dantescas en que languidecen los presos.
Lo otro sería canciones y poesías
para consumo de las cámaras y micrófonos
de los cómplices, moratineros y canchanchanes
solidarios del exterior. Puro teatro.
Cuando termine la visita dirigida y los turistas
de la solidaridad con el régimen cojan
cada uno para su casa, los carceleros recogerán
las frazadas y desconectarán los amplificadores.
Se acabó la magia. Volverán las
celdas de castigo, las golpizas y el rancho podrido.
Todo será como era. Como nunca dejó
de ser.
Habrá nuevas aldeas Potemkim en exhibición,
sólo que con rejas, cerrojos y guardias.
Y la posible visita, un día de éstos,
de algún cantor o un payaso sin otro sitio
donde actuar.
Luicino2004@yahoo.com
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