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POLITICA
Hablar
no cuesta nada
Jorge Olivera Castillo
LA HABANA, julio (www.cubanet.org) - Los fallos
del socialismo persisten. Evidentemente, hay una
tendencia a consolidar la retórica por
encima de un desastre que subraya su naturaleza
estructural y pone el acento en una intensificación
más veloz que los amagos de soluciones.
Pues sí, no hacen falta dotes proféticas
para señalar el itinerario de una revolución
que se niega a ampliar los enfoques. Prefiere
la luz corta, el vapor de las argumentaciones,
las chispas de la lógica, el guiño
de la objetividad. Todo restringido y circunscrito
a mantener viva la utopía. Lo demás,
al diablo. Aunque existan raptos de consagración
y aparentes deseos de hallar paliativos.
Si en casi medio siglo no se han encontrado medios
que le pongan freno a una carrera que ilustra
la locura, es de tontos pensar en el resurgimiento
del país. Cuba es un ejemplo de contradicciones,
una pieza de museo. Podría ser cualquier
cosa menos esa nación modelo que los propagandistas
de dentro y de fuera describen como si se tratara
de un icono a venerar en el altar del mundo.
Los antagonismos son ilustrativos de lo insostenible
que se hace el sistema y de su recurrencia en
el absurdo. Mientras el índice de médicos
por habitante es superior al existente en muchos
países del primer mundo, la insalubridad
llega a manifestarse con ánimos tercermundistas.
Enfermedades parasitarias, epidérmicas,
respiratorias, entre otras, tienen su origen en
el derrumbe de los mecanismos de higienización
tanto en las instituciones de salud pública
como en la mayor parte de los hogares.
Por otro lado, se exige la puntualidad en los
centros de trabajo y el transporte urbano permanece
en las cercanías del colapso. ¿Es
socialista la directriz que imposibilita a los
nacionales alquilar una habitación en un
hotel y da la bienvenida a los extranjeros? ¿Por
qué más descontrol, desvíos
de recursos, corrupción y escapismo si
el discurso del régimen insiste en afirmar
que el apoyo a la gestión gubernamental
es unánime, auténtico y regido por
las leyes de la espontaneidad?
Detrás de los triunfos virtuales, la verdad
cabecea. Al final sale de cuerpo entero y con
ropas fosforescentes. Es nítida, palpable,
monumental. Se pasea por campos y ciudades.
La mentira se repite, pero su audiencia es pasajera.
Bajo el rigor de las precariedades hay tiempo
para sacar al aire un nuevo chiste y crear un
bunker de burlas e indiferencias. Todo cimentado
en las habladurías de dirigentes que nada
resuelven. Son, según los gobernados, los
portavoces de la farsa. A quienes se les escucha
con recelos y con una trompetilla en el directo.
La vida sigue igual, con sus miserias, sus alarmas
y sobresaltos. ¿Quién podría
permanecer tranquilo y confiado ante los avisos
de que ahora sí se acabaran la mala gestión
de los servicios, la burocracia, la inflación,
los salarios de servidumbre?
Recientemente la Empresa Provincial de Correos
de Santiago de Cuba puso sobre el tapete un rosario
de problemas. Sus directivos señalaron
causas y consecuencias: falta de recursos, maltratos
al cliente, pérdidas de giros monetarios
y mercancías, correspondencias bajo sospecha
de arbitraria vulneración, incumplimientos
de los carteros en las entregas. Esto y más
fue ventilado entre los integrantes de la institución.
Como de costumbre, se proclamó el redoblamiento
de la exigencia, se hizo énfasis en la
debida capacitación profesional y hubo
quien llamó al perfeccionamiento en la
formación de dirigentes.
El tema fue tratado en el periódico Trabajadores,
una de las plataformas con que cuenta el gobierno
para sostener su propaganda. Del lenguaje oral
al escrito. Una simple transferencia sin trascendencia,
y seguramente con efectos prácticos marginales.
Ni voz, ni palabras. Hechos, soluciones urgentes,
honestidad, transparencia. De eso hay apetencias,
sed, muchísima avidez.
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